El Senado dio paso a la Ley silla, que ahora sólo espera su ratificación en la Cámara de diputados, en donde los legisladores de todos los partidos quieren usar esta medida como una lavada de cara mientras mantienen condiciones laborales precarias.
Miércoles 21 de febrero de 2024

El día de ayer, martes 20 de febrero, el Senado de la República aprobó por unanimidad de 82 votos la Ley silla, para reformar varios artículos de la Ley Federal del Trabajo (LFT), con el fin de que trabajadores de diversos sectores, como son de servicios, comercio, hotelero, restaurantero, tiendas de autoservicio y trabajo en las cajas puedan sentarse en la ejecución de sus funciones y durante su descanso. Por lo que la nueva normatividad les prohíbe a los empleadores obligar a sus trabajadores a permanecer de pie durante todo su turno e incorpora la obligación patronal de garantizar el descanso de los empleados en un asiento con respaldo durante el horario laboral.
El objetivo que tiene esto, según dicen los senadores, es evitar riesgos a la salud asociados a trabajar de pie durante tiempos prolongados, que provocan problemas como son circulatorios, implica susceptibilidad a un infarto cardíaco o un derrame cerebral; puede ocasionar problemas a las vértebras y articulaciones; fatiga, tendinitis, lesiones en las rodillas, dolores musculares, hemorroides, lumbalgia, fascitis plantar, lesiones musculoesqueléticas como tensión en la espalda, en el cuello, en los hombros y en las piernas, que conlleva dolor crónico y hernia discal, así como problemas metabólicos aumentando el riesgo de desarrollo de obesidad, resistencia a la insulina y enfermedades relacionadas con el sistema endócrino.
Por lo que el dictamen indica que: “Existen elementos suficientes y contundentes para llevar a cabo la reforma (…) la propuesta de reforma contenida en la iniciativa pretende mejorar las condiciones en las que se desarrolla el trabajo en materia del derecho al descanso durante la jornada laboral, manteniendo el número suficiente de asientos o sillas con respaldo a disposición de todas las personas trabajadoras”, que además contempla sanciones para los patrones que no cumplan.
¿Es suficiente esta medida?
La nueva legislación es presentada como algo muy progresivo, cuyo contenido ahora sólo espera la ratificación en la Cámara de Diputados, pero habría que leer su aprobación en el contexto electoral que existe en este 2024, por lo que se han presentado diversas iniciativas que se supone benefician a las mayorías. Por otro lado, habría que entender que la Ley silla es insuficiente frente a los grandes problemas que aquejan a la clase trabajadora, como la precarización laboral que implica la inestabilidad en el empleo, falta de un salario digno, no tener vacaciones, estar sin seguridad social, entre una larga lista de negativas.
Incluso las medidas que se toman, como las multas para los patrones que no cumplan, realmente de fondo no constituyen una garantía para las y los trabajadores, pues mientras no haya mecanismos que realmente prohíban estas prácticas y la precarización laboral de conjunto, no tendrán ningún efecto.
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A eso habría que agregar que el trabajo precario es la fuente de muchas enfermedades que no se relacionan sólo con estar de pie, sino con el estrés que genera la falta de certidumbre en conservar el empleo o por un salario insuficiente para vivir, lo que tiene afectaciones a la salud mental y física de la clase trabajadora, cosa que de fondo la casta política no ataca. Por el contrario, ellos son los garantes de preservar las ganancias capitalistas y por lo mismo, conservan la fuente del problema, la explotación de los trabajadores por parte de la clase burguesa (los empresarios) y su Estado.
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Pero si no son los asientos, ¿qué necesitamos?
Las y los trabajadores, además de una silla requerimos derechos laborales plenos, como es la basificación, que van de la mano de una situación de salud física y mental más plena. Lo cual no vendrá de la voluntad ni del Senado ni del Cámara de diputados, sino de la organización de todos los sectores de trabajadores, avanzando en la unidad de sindicalizados y no sindicalizados, para exigir la prohibición de todo empleo precario que implique la negativa de derechos.
Por lo que es necesario en primer lugar plantear la desconfianza a las instituciones del Estado y a los partidos del régimen, que en época electoral se pintan de muy progresistas y se apropian de las demandas de los trabajadores para usarlas como un botín para ganar votos, mientras que el resto del tiempo aprueban leyes que van en contra de las y los trabajadores. Por eso se necesita algo más que una silla con respaldo, además de que, como han demostrado los hechos, los patrones pueden no cumplir con las normatividades más allá de que se contemple su sanción.
Sólo volteemos la mirada a la recién terminada huelga en la automotriz Audi, en Puebla, dirigida por el Sindicato Independiente de Trabajadores de Audi (SITAUDI), que tuvo que dar una dura lucha para lograr un aumento salarial de dos dígitos, pues la patronal hizo todo lo posible para negarlo, incluida la amenaza de la utilización de mecanismos legales. Así que sólo la fuerza organizada de los obreros pudo conquistar mejores condiciones salariales y de otro tipo dentro de la fábrica.