La noche de ayer se aprobó en sesión por internet, con 68 votos a favor y 58 en contra, la nueva Ley de la Industria Eléctrica enviada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, la cual reposiciona a la CFE como principal generadora de energía en el país frente a las compañías privadas.
Lautaro Adriano Trabajador de la educación pública e integrante de la agrupación magisterial y normalista Nuestra Clase
Viernes 5 de marzo de 2021
La iniciativa preferente mandada por el ejecutivo fue votada sin ninguna modificación en medio de reproches por parte de los partidos de la derecha, que se rasgaban las vestiduras señalando que la nueva iniciativa iba a perjudicar las tarifas de la luz e iba a contaminar el medio ambiente.
Un descaro total de la oposición, pues olvidan mencionar que, fue la reforma peñista -que ellos mismo impulsaron-y su apertura a la generación de energía por compañías privadas lo que ocasionó el aumento en las tarifas que pagan hoy en día de los usuarios.
Lo cierto es que poca credibilidad le queda ya al PRI, PAN, PRD y sus partidos satélites pues, tanto las investigaciones en el caso Odebrecht, como la cercanía y complicidad entre el ex presidente Felipe Calderón y las compañías energéticas españolas (Iberdrola contrató al ex presidente como consejero una vez que concluyó su sexenio), siguen revelando los intereses comunes que existen entre el gran capital energético y la alianza de los partidos del Pacto por México.
Por su parte, los senadores de Morena se defendían arguyendo que con la nueva ley en materia energética se iba a fortalecer al Estado y a sus empresas paraestatales, que se quedaron en el abandono luego de los sexenios neoliberales. Esgrimían que la 4t ha acabado con la política de permitir que empresas extranjeras se beneficien de los recursos naturales del país a cambio de cuantiosos sobornos.
Por más que la administración plantee que se terminó la política de saqueo por parte de las empresas extranjeras, la realidad es otra, por ejemplo el suministro de carbón para las plantas termoeléctricas se continuará comprando a mineras privadas, tanto nacionales como extranjeras, que seguirán expoliando nuestro territorio. Nada dice la 4T sobre echar a tras de conjunto la Reforma Energética que garantiza el saqueo de hidrocarburos por parte de los grandes monstruos de la industria.
Además, con la recién aprobada ley, la bancada del MORENA afirma que se revisarán todos los contratos que la CFE y PEMEX hayan contraído con empresas privadas para analizar si se hicieron por medio de actos corruptos que obligaran a las paraestatales a estar en desventaja.
No obstante, nada dicen de que a estas empresas vinculadas con los partidos entreguistas vayan a ser canceladas como contratistas, el objetivo de estas revisiones es la renegociación en mejores condiciones para la paraestatal mexicana. Sin embargo, no contempla la cancelación absoluta de cualquier firma o convenio con estas mismas empresas, algunas profundamente cuestionadas, es el caso de Odebrecht.
Por su parte, la Secretaria de Energía, Rocío Nahle, desmintió en el programa “Los Periodistas” que ésta sea una ley contaminante, pues la iniciativa privilegia en primer lugar a las hidroeléctricas, que es una generación de energía limpia.
En la mañanera de este lunes, Andrés Manuel anunció que se cambiarán las turbinas de las hidroeléctricas para producir con menos contaminantes, y que se llevará a cabo un plan para empezar con 14 hidroeléctricas. Sin embargo, existe un silencio absoluto en relación al despojo de tierras y desvió del agua contra los pueblos que significa la instalación de éstas.
La Ley de la Industria Eléctrica y la clase obrera
Los trabajadores no nos oponemos al fortalecimiento de las paraestatales que fueron asfixiadas a propósito por los políticos neoliberales para abrirle paso al gran capital trasnacional. Pero un rescate real y completo significaría una renacionalización de todo el sector energético. Algo parecido a lo que hizo el presidente Lázaro Cárdenas en 1938 con la industria petrolera, y como en ese entonces planteaba el comunista ruso León Trotsky, que esta renacionalización se haga sin pago alguno a los buitres imperialistas y que la industria se ponga bajo la gestión de sus trabajadores.