×
×
Red Internacional
lid bot

OPINIÓN. Se busca partido para constituyente: sobre los partidos instrumentales de Atria y Maza

Diversos medios dieron a conocer la intencionalidad de varias figuras de público conocimiento en relación a la creación de partidos instrumentales, para participar del “proceso constituyente”.

Martes 17 de diciembre de 2019

Sin estar aún todos los elementos definidos, el Acuerdo por la Paz Social y una Nueva Constitución suscrito por la gran mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria ya dejó signado un proceso constituyente hecho a la medida de los poderosos de este país, a espaldas del pueblo y con los crímenes de lesa humanidad en total impunidad.

Varias personalidades académicas y políticas de la izquierda en su amplio espectro han dado a conocer desde su rechazo, hasta críticas al acuerdo, señalando como una de las problemáticas centrales la dificultad de participación en una eventual “convención constituyente” de sectores que hoy no se encuentran representados en los partidos tradicionales.

Esta es la idea fuerza que ha motivado a sectores progresistas independientes como Fernando Atria y José Maza a plantear la posibilidad del impulso de un “partido instrumental” para “asegurar la participación de independientes” en el proceso constituyente sin estar “amarrados” a los partidos del régimen.

La convención constituyente… constituida

Garantizar mayor participación en el proceso constituyente de los sectores que hoy no se consideran parte de los partidos tradicionales en una primera impresión, es una idea sensata y honesta. Los partidos políticos -que suscribieron el acuerdo, salvando el pellejo al gobierno- se han ganado el repudio popular. Los sectores de trabajadores y precarizados, la clase media, la juventud y las mujeres, muchas veces se ven más representados en ese odio a los partidos que en organizaciones políticas.

Los partidos existentes no reflejan sus intereses ni preocupaciones, sino que por el contrario expresan los deseos y preocupaciones de una minoría de la sociedad, empresarios y magnates que viven a expensas de las grandes mayorías, que mantienen políticos también millonarios que legislan para mantener y aumentar sus privilegios. El gran problema inicial es que el acuerdo, se sienta sobre una base de reglas ya trazadas, transformando lo que seria una proceso constituyente, en un proceso ya constituido de antemano.

La fuerza que radica en el poder constituyente desplegado en las calles y asambleas populares, es que es precisamente fundante de derecho, por lo tanto, una Asamblea Constituyente Libre y Soberana es la condición básica para poder legislar sobre las preocupaciones de las grandes mayorías. No basta con “añadir” mayor representación de una “ciudadanía” en general a una convención constituyente, sino entender que en el juego hay intereses contrapuestos: para garantizar las demandas sociales es necesario afectar las ganancias de los capitalistas.

Por eso, el método no puede venir dictado desde las cúpulas de los partidos políticos que sostienen y reproducen este sistema de precariedad y miseria en favor de los millonarios. Para avanzar en la conquista de las aspiraciones populares no basta con adecuarnos a sus reglas, sino imponer nuestros términos.

Pero claramente estas trabas institucionales para las demandas del pueblo, no representan un obstáculo para los paladines de la democracia y la legalidad, que ven en el Estado una entidad neutra que hoy solamente debe regularse para aprovechar una oportunidad histórica, que por cierto abrió la movilización popular y que no tiene ataduras frente a dichas trabas.

Generar un partido político que se amolde a las reglas del juego para “jugar de forma inteligente” no es más que la crónica de una muerte anunciada. Es facilitar a los poderosos de este país recubrir de democrática su convención, para así legitimar ante las masas lo que ya miles han rechazado en las calles: un gobierno de asesinos y torturadores, y que ademas va a ser todo lo posible por mantener lo principal de la herencia de la dictadura, como las AFP, o la Salud y la Educación en manos del libre mercado.

Partidos instrumentales ¿para quién?

Aquí pasamos a otro problema: ¿con qué programa constituir un partido instrumental? Si será un partido instrumental para que participen independientes en la convención ¿Estarán “amarrados” a ese programa, o podrán votar sobre las preocupaciones de las grandes mayorías de forma individual? Si hay independientes con distintos valores e ideologías ¿Lo único que importa es que no pertenezcan a un partido político, sin importar su visión de mundo y más importante, su política?

Ser independiente de un partido político no implica no pensar políticamente, y una idea de partido instrumental fortalece el pensamiento de que en última instancia, la organización colectiva en torno a ideas es innecesaria, y en muchos casos, contraria a la voluntad y aspiraciones populares. Lo complejo de esta afirmación es que considera como posible solamente un tipo de organización política, la que han establecido los poderosos para gobernar, con su política de cúpulas y funcional a los intereses empresariales.

La calle y las asambleas, los espacios de organización en lugares de trabajo y de estudio, mostraron que hay otra forma de hacer política, y en la perspectiva de hacer valer la soberanía obrera y popular, que también se hace necesario construir partido, otro tipo de partido: uno que confíe en la fuerza de la clase trabajadora y de todos los sectores movilizados, para hacer caer este Chile de los millonarios y sus políticos empresariales con sueldos de gerentes, administradores de los últimos 30 años, al alero de la constitución de Jaime Guzmán y compañía.

Partidos testimoniales, que no reúnen colectividades en torno a objetivos estratégicos comunes, sino que como plataformas electorales de caudillos, no consiguen sino hacerle cosquillas al régimen autoritario. Un partido sin unidad de propósitos está destinado a ser una maquinaria electoral tal como lo son el resto de los partidos que tanto critican.

Un partido distinto

Hay un grado de lucidez en identificar la necesidad de construcción de un partido alternativo a los ya existentes, pero para ello, debe tener claridad sobre sus objetivos, es decir, su programa y su estrategia para conseguirlos. Los empresarios tienen sus partidos y se organizan en ellos. Hoy más que nunca está planteada la posibilidad de levantar organizaciones que enfrenten a esos partidos nefastos: dar esa batalla es una tarea ineludible para los problemas del presente.

Para pelear por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, para dar respuesta a los padecimientos de las grandes mayorías y acabar con el Chile neoliberal y represivo, no podemos depositar nuestra confianza exclusivamente en los procesos que emanan de una institucionalidad putrefacta, sino en la capacidad transformadora y transgresora que ha mostrado la juventud, las mujeres, las y los trabajadores, las poblaciones, el pueblo mapuche. Para que dejen de ser negocios y mercancías nuestros derechos, y conquistar una vida digna y plena, es necesario afectar el bolsillo de los dueños de este país, y eso requerirá más que una convención constituyente.

Esa batalla es la que nos proponemos desde el PTR. Construir un partido revolucionario que enfrente al régimen y se ponga como objetivo acabar con este sistema capitalista y patriarcal, confiando en la fuerza de la clase trabajadora y los sectores explotados y oprimidos de la sociedad. Una organización que busca levantar y fortalecer la experiencia de auto-organización de las masas, y la toma en sus manos de sus propios destinos, en la perspectiva de una sociedad completamente distinta.