El FMI considera que América Latina y el Caribe aumentarán su producto interno en menos del 2% este año. La CEPAL también prevé menor crecimiento: “Las economías de América Latina y el Caribe crecerán en promedio 2,2% en 2014 (...)”
Miércoles 10 de septiembre de 2014
El FMI considera que América Latina y el Caribe aumentarán su producto interno en menos del 2% este año, según afirmó Alejandro Werner, director para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional, ante la XVIIIa conferencia de CAF - Banco de Desarrollo de América Latina en Washington. Allí, más de mil representantes gubernamentales y del capital se dieron cita para discutir los problemas económicos en un contexto de crecientes “turbulencias” internacionales.
La CEPAL también prevé menor crecimiento: “Las economías de América Latina y el Caribe crecerán en promedio 2,2% en 2014, a causa de la debilidad de la demanda externa, un bajo dinamismo de la demanda interna, insuficiente inversión y un limitado espacio para la implementación de políticas que impulsen la reactivación”. Reconoció en agosto, al publicar el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2014, y rebajó la ya modesta previsión de un 2,7% de aumento del PBI para el año actual, a apenas 2,2%.
Durante este año, distintos pronósticos coinciden en que Brasil crecerá en torno al 1,5%, México un 2,2%, Argentina permanecería estancada y Venezuela sufriría una retracción de 0,5% o más.
Por otra parte, Chile, según las últimas revisiones –también a la baja-, crecerá apenas un 3,2% y Colombia un 4,5% (recuperando cierto dinamismo respecto al año anterior).
Si bien las instituciones mencionadas no auguran una recesión de conjunto, coinciden en perspectivas de crecimiento débil para 2015. Descartan una pronta recuperación de las tasas de expansión que mostró América latina en la década pasada, cuando entre 2003 y 2008 su PBI creció a un promedio anual de 4%.
Esos fueron los años del “boom” de las materias primas y commodities exportados por la región (especialmente desde Sudamérica) a China y Asia oriental. En 2009, la crisis internacional implicó un brusco freno, si bien por un par de años más, la recomposición de la demanda asiática, la afluencia de capital extranjero y la aplicación de medidas “anticíclicas” por los distintos gobiernos permitieron prolongar el crecimiento.
Ese ciclo quedó atrás. Las condiciones internacionales han cambiado profundamente en forma adversa para América latina: debilidad de la recuperación norteamericana, reducción del mercado europeo para los reductos latinoamericanos, menor avidez de materias primas en Asia, volatilidad financiera, etc.
Este año sigue la baja de los precios de minerales como el cobre –que se cotiza a apenas 3.10 US$ la libra, de la soja –que perdió un 20% de su precio, cayendo a 368 US$ la tonelada, y de otras materias primas, lo que junto a la debilidad de la demanda interna, empuja hacia el “enfriamiento” económico.
CEPAL admite que el patrón de acumulación basado en las exportaciones de materias primas y un cierto consumo interno “está llegando al límite”, mientras que el retraso en el desarrollo tecnológico, la baja productividad en el campo industrial y otros factores –típicos del capitalismo dependiente latinoamericano- no se han revertido.
El FMI adjudica el pobre comportamiento regional a los “modelos” aplicados en Brasil, Argentina o Venezuela. Sin embargo, la “desaceleración” y aún “enfriamiento” de las economías alcanza a los más “ortodoxos” en sus políticas económicas y “financieramente integrados”, como México, Perú y Chile.
Al mismo tiempo, el estancamiento desnuda los estrechos límites de los programas aplicados en Brasilia o Buenos Aires, que se muestran impotentes de enfrentar los desequilibrios del “modelo”, como el escaso dinamismo industrial, la dependencia del capital extranjero o la especialización agroexportadora.
De hecho, exhiben la continuidad con aspectos claves del neoliberalismo, como la “apertura” al capital extranjero, la orientación basada en las “ventajas comparativas” que apuntala la exportación de materias primas, la precarización y bajos salarios de la fuerza de trabajo y la permisividad financiera.
Lo que “olvidan” señalar es que el retorno a la superficie de los problemas estructurales de la región no hace sino desnudar que los problemas estructurales del capitalismo dependiente latinoamericano están allí todavía, más allá de los discursos progresistas.
Y también, que las estrategias económicas consideradas no sólo sostienen esa situación estructural, sino que apuntan a que sean los trabajadores y el pueblo de América latina los que carguen el fardo de los costos de la crisis.