Un homenaje, una despedida y un repaso, para quienes no lo conocieron, de uno de los obreros de la "vieja guardia" ceramista. Un protagonista necesario de la gesta de Zanon. Falleció el 29 de agosto.

Raúl Godoy Dirigente ceramista y diputado mandato cumplido del PTS-FIT | Neuquén
Viernes 4 de septiembre de 2020 21:03
El sábado 29 falleció un viejo compañero de Zanon. Miguel Ramírez. El loco.
Entrerriano orgulloso, nacido en Santa Elena a orillas del Paraná. Siempre te lo recitaba en la cara. Pero a la vez, se hizo neuquino por adopción.
Miguel, un obrero ceramista con casi 30 años en la fábrica. Fue parte desde el inicio.
Pero Miguel nunca fue un obrero "a secas". Obreros somos millones, y movemos el mundo. Pero obreros activos, inquietos, militantes, esos son protagonistas necesarios. De esos todavía nos faltan.
Miguel era de esos. De esas personas incorfomistas. De los que siempre están buscando algo. De los que mueven, los que cambian, los que alientan. De esos que siempre "hacen ruido" en medio del silencio y las dudas. Y Miguel era de esos...ruidosos.
Jamás pasaba desapercibido. El que lo conoció sabe de lo que hablo.
Donde estaba Ramírez había ruido. Ruido del bueno. Con sus ocurrencias, sus chistes, sus cargadas, su vozarrón y sus carcajadas inconfundibles.
Un compañero de primera línea. Jamás en la retaguardia.
Cuando al terminar los 90 por primera vez se empezaba a hablar en Zanon de plantarnos ante los despidos y aprietes, tanto Miguel como Mario Balcaza se pusieron a la cabeza. Eran los dos compañeros con "experiencia" que nos ayudaron a no cometer errores, esos de quienes arrancan de abajo con toda la fuerza y las ganas de dar vuelta todo de un saque.
Miguel y Mario eran dos compañeros que habían sido parte de la resistencia a los despidos y las injusticias que vivíamos a diario. Ellos no “arreglaron”, como muchos compañeros que bajaban los brazos y se retiraban. Se quedaron, y apostaron a cambiar las cosas. Teníamos que enfrentar no solo a la patronal, sino también al sindicato dirigido por los hermanos Montes, que ya llevaba 12 años sin trabajar y se había acostumbrado a no hacerlo más.
Prueba de esa experiencia que le habían dado los años son algunas anécdotas que contó en distintas entrevistas. “Luigi Zanon era muy falso. Venía un par de veces al año, recorría la fábrica, le palmeaba la espalda a alguno. A ese lo echaban: descubrimos que era su forma de marcar a los que no le gustaban. Otra era que si querían despedir a cinco compañeros, anunciaban veinte despidos. Entonces el sindicato se hacía el que intervenía, luchaba y negociaba, y terminaba diciendo: bueno, logramos que reincorporen a quince. Y así echaban a los cinco que quería rajar la patronal”. Miguel, en esos primeros años de perro, te hablaba al oído entre el bullicio de las máquinas y te cantaba la posta.
"Recuperar" la comisión interna de Zanon fue la primera batalla grande. Fue en 1998. Y Miguel estuvo en primera línea. Algunas de las primeras reuniones a escondidas fueron en su casa. Su esposa Norma nos toleraba con una paciencia eterna.
Todos éramos conscientes que si perdíamos esa elección de Interna, nos echaban a todos. Ya estaban de acuerdo empresa y sindicato. Nos hicieron mil maniobras. Al mismo Miguel lo agarro del “cogote” Montes y lo amenazó diciéndole: “a vos entrerriano te voy a hacer acordeón”. Miguel ni se mosqueó. Más firmes nos pusimos.

El mismo día de la elección, que se llevaba adelante en la fábrica, me llama Miguel por teléfono a mi casa diciendo: “¡Bruja…llamá a la policía!”. Casi me muero del susto. “¿Qué pasó?” le pregunte. “Estamos robando - me dijo - la gente nos está votando a nosotros”. Así era Miguel. No apto para cardíacos.
Y así fue siempre. Nos llenaba de sorpresas, a veces para reír, a veces para agarrarnos la cabeza. Pero nunca pasaba desapercibido. Dimos una y mil peleas y estaba siempre ahí, al pie del cañón. Le ponía entusiasmo y alegría a cada cosa que emprendíamos. El Club Obrero, aunque nunca prosperó, el Sindicato, la unidad con los desocupados, con otros gremios. Siempre le ponía entusiasmo a cada iniciativa.
En la historia de la gesta de Zanon, el Loco Ramírez fue un puntal. Esa experiencia de tantos años le permitía muchas veces ser una buen cronista de la historia ceramista. Como cuando le explicaba a Página 12 que “hasta el ‘94 era un privilegio, con el recibo de sueldo nos daban crédito en todos lados. Ese año la empresa ganó 77 millones de dólares, pero a partir de entonces empezaron a argumentar que no era rentable, y pasó todo lo que contaban mis compañeros. Hasta que decidimos tomarla y ponerla a producir”.
En los momentos de lucha dura, era el rey de las carpas. El que organizaba y hacía magia para cocinar unos guisos espectaculares con tres o cuatro cosas. Me quedaba maravillado con su habilidad para cocinar para tanta gente con tan poco.
Recuerdo unos locros monumentales los 1º de Mayo. Sus espectaculares “Mondongos a la Española”, sus berenjenas al escabeche. A Miguel lo vamos a extrañar hasta en el sabor de sus comidas. Las compañeras lo recuerdan de las carpas, cuando llegaban desde la Universidad y Miguel les decía: “si alguien les falta el respeto, ustedes me avisan”. Era la bienvenida.
Miguel Ramírez, obrero de Zanon, recorrió un pedazo de país llevando la solidaridad, impulsando los fondos de lucha, contando nuestra experiencia, poniendo el cuerpo. Allí estuvo en Rio Turbio, junto a "Boquita" Esparza, despidiendo a los mineros cuando fue la masacre de 14 compañeros en la mina. Hace unos días, al enterarse de su muerte, me escribió un compañero de Río Turbio. “Yo nunca me voy a olvidar Raul, cuando vinieron al homenaje a los mineros. Como estaban de emocionados con esa tragedia obrera. Cuando Guajardo cantaba la canción de despedida estaban impactados. Era una emoción fraternal, como de quien despedía a los suyos”.
O en Jujuy, cuando Altos Hornos Zapla estaba en un conflicto muy duro. Recuerdo imágenes muy fuertes de Miguel junto al "Colo" Cristóbal, junto a Alejandro Vilca. Siempre con su sonrisa, con su tozudez, con su energía.
Con los años Miguel también se fue cansando. Años de fábrica. Tanto tiempo remando contra la corriente. Sin olvidar esos años ni olvidar lo justo de nuestra lucha, fue dejando la militancia obrera de a poco. Al lado de su taller de matriceria en Zanon, hizo una huerta: el “loco Ramírez”. Nunca, jamás, pudo quedarse quieto. Y así fue hasta sus últimos días. Un tipo increíble.
Él sabía que estaba mal. Y nos llamaba para hablar, y de alguna manera despedirse. Pude estar con él, en la clínica, en los centros de quimio, en su casa. Me regaló unos frascos de berenjena al escabeche que todavía saboreo. Se preocupó por mi viaje a Chile a fines del año pasado. Me decía, “cuídate, sos un loco de mierda, zafaste del balazo que te pegaron en MAM y te vas a Chile”.
Así era el Loco. Ningún loco. Un tipo lleno de humanidad.
Te vamos a extrañar. Pero nadie podrá olvidar que tu nombre, tu historia, es parte de una de esas páginas de la historia de nuestra clase que fue la experiencia de Zanon sin patrones.
Hasta la victoria siempre, querido Miguel Ramírez.