A tan solo unas horas de que se venza el plazo para que la Cámara de Diputados elija a un panista para que presida su Mesa Directiva, la mayoría del Morena ejerce su derecho de veto a los candidatos propuestos por el blanquiazul.

Raúl Dosta @raul_dosta
Jueves 5 de septiembre de 2019
Luego de que López Obrador se posicionara contra sus correligionarios de la cámara de diputados que intentaban reelegir a Porfirio Muñoz Ledo al frente de la misma, declarando públicamente que esa actitud “era una vergüenza” y enviando a la secretaria de Gobernación a que los hiciera desistir de ello, con un regaño cuyo audio se filtró y se hizo público, finalmente, Porfirio Muñoz Ledo entendió que debía pasar la estafeta a un representante del PAN y dimitió.
Ahora se debe elegir el sustituto y para ello los diputados tienen de plazo hasta la medianoche de hoy. Sin embargo, los legisladores morenistas, encabezados por Mario Delgado ejercen su poder de veto rechazando a los propuestos por la dirección panistas enviados por Marko Cortés.
Y es que la mayoría quiere asegurarse que el panista elegido “sea institucional”, es decir, a modo para mantener el control en la cámara, e incluso han señalado como su panista favorito a Marco Adame, o ya de perdida a Juan Carlos Romero Hicks.
Mario Delgado anunció, además, que Morena aplicaría su poder para evitar que llegue a la mesa directiva algún legislador que, en el ácido debate del martes, haya insultado a Porfirio Muñoz Ledo y al presidente, es decir, el círculo cercano de Marko Cortés.
Esta entrega bastante condicionada de un puesto que por leyes o procedimientos internos de la Cámara (rotación de presidentes de Mesa Directiva) le corresponde por derecho al PAN, recuerda los viejos tiempos del salinismo, cuando tenía que romper con la vieja política priísta del “carro completo” que impedía a como diera a lugar que un candidato opositor obtuviera una gubernatura estatal, cuantimás la presidencia federal.
Pero el PRI tuvo que ceder algunas gubernaturas y bastantes diputaciones, aunque con muchos condicionamientos de por medio. La prensa se encargó de popularizar este proceder como las concertacesiones.
El salinismo “concertacesionador”
Poco antes de las elecciones de julio 2018 y de cara a la elección estatal en Baja California, el ahora senador morenista Ricardo Monreal escribía en su blog partidario acerca de las concertacesiones.
Este tipo de acuerdo fue muy popular en el sexenio de Salinas de Gortari, quien requería asegurarse del apoyo opositor, esencialmente del PAN, para sacar adelante las reformas que abrirían paso al neoliberalismo, ya que necesitaba, entre otras cosas, de modificar constitucionalmente la prohibición de enajenación del ejido y el límite de propiedad extranjera en las empresas (51% debería ser nacional).
Todo ello para facilitar la entrada de las trasnacionales y el capital financiero extranjero con toda impunidad. Éstas se adueñarían así de miles de empresas estatales y paraestatales y se apoderarían de un gran porcentaje del territorio nacional para las industria extractivas. Monreal intentaba definir la concertacesión como una “operación de Estado para reconocer triunfos electorales de la oposición a cambio del reconocimiento político de mandatos cuestionados y de apoyar legislativamente reformas impopulares”.
Recuerda Monreal que “gracias a las concertacesiones de los años 90, Salinas obtuvo el apoyo del PAN para modificar 49 artículos constitucionales y sacar adelante reformas a la propiedad agraria, al régimen de las iglesias, el TLCAN, modificaciones sindicales y la privatización de varias empresas del sector público. (A cambio) el PAN, por su parte, terminó ese sexenio teniendo en su poder tres gubernaturas y 20 de los 100 municipios más importantes del país, entre ellos 7 capitales de estados.”
¿AMLO hará uso de las concertacesiones?
Así pareciera luego de los sainetes panistas en la apertura de sesiones en la Cámara de Diputados que dio inicio con la recepción del primer informe de gobierno de López Obrador.
El PRI, más colmilludo realizó críticas con mesura y mostró su disposición al “diálogo constructivo”, así que había que cebar al PAN y para ello Muñoz Ledo sería la moneda de cambio, quien solícitamente se dio cuenta que debía renunciar “escuchando las demandas de sus compañeros legisladores”.
Su acto de supuesta “magnanimidad” fue recompensado con un “besamanos” grandilocuente de referentes priistas y panistas, varios de ello eran los mismos que un día antes lo habían tildado de “Porfirio Díaz” y “dictador” para decir lo menos.
Así, ante los magros resultados en la economía y un futuro previsiblemente difícil para el pueblo mexicano, caracterizado por precarización, entrega al imperialismo y los abusos de la Guardia Nacional, AMLO y el Morena pueden comenzar a ceder un poco de espacios de poder para mantener una oposición proactiva, que es lo que vienen pidiendo desde el inicio del sexenio (los famosos contrapesos). Obviamente, para estos últimos nada sería tan bueno como lograr integrar al Morena a una reedición del nefasto "Pacto por México".
La atención seguirá puesta en las próximas horas en la cámara de diputados, hasta que la mayoría de Morena decida aceptar el nuevo presidente de dicho recinto legislativo condicionado por su amplia mayoría.