El exJefe Superior de la Policía Nacional en Catalunya recurre el sobreseimiento de la querella presentada contra Verónica Landa, periodista de Izquierda Diario, por un artículo publicado hace dos años en el que recogía el caso de "gatillo fácil" del que fue responsable.

Verónica Landa Barcelona | @lierolaliero
Jueves 30 de mayo de 2019
Sebastián Trapote contra Izquierda Diario. Lo que podría servir como base de guión para una de esas películas malas de fin de semana, es una “película” que se repite, y más en los últimos meses. Una película que inició Trapote hace ya un año y que tiene pinta de ir para largo. Al menos eso parece. Después de que el pasado 23 de abril nos comunicaran que el juzgado de instrucción que llevaba el caso había decidido su sobreseimiento temporal, al considerar que el artículo –mí artículo- se amparaba en la libertad de expresión, el que fuera Jefe Superior de la Policía Nacional en Catalunya ha decidido presentar recurso.
Se trata de un giro de la trama bastante previsible, era de esperar que el mismo Trapote, sul abogado y la Fiscalía estarían en contra de tal decisión judicial. Hace una semana nos enteramos del recurso interpuesto por Trapote, que deja ahora la pelota en el tejado de la Audiencia de Barcelona. Es decir, nos mantiene a la espera de que otro juez decida si voy a juicio por un artículo informativo -basado en fuentes judiciales y periodísticas- que escribí hace ya 2 años.
Al mentado expolicía -se jubiló con honores otorgados por le ministro Marlaska el pasado septiembre- no le gustó que hablara del caso de 1974 en el que causó la muerte por disparo por la espalda de un joven trabajador que estaba siendo detenido por error. Un caso que, por otra parte, no era la primera ni la última en relatar. Lo había hecho antes medios como El País o la revista Interviú, y después hasta TV3 lo incluyó en uno de sus documentales del programa “Sense Ficció”
Esta retahíla de recursos y esperas la enfrentamos las centenares de personas que tenemos causas abiertas por organizarnos, por cantar, por hacer un monólogo o una obra de teatro, por escribir un artículo, por hacer viñetas, por ir a una mani, por el 1-O… Las militantes de Arran o las compañeras que se enfrentan a un juicio por el 8 de marzo, son algunos ejemplos más recientes solo en Catalunya.
Así nos encontramos decenas, seguramente cientos de personas que nos enfrentamos a la represión de este Régimen. No es cosa nueva y no será cosa del pasado. Los “gestos” que prometió el PSOE al llegar al gobierno tras la moción de censura, se quedaron en nada al crizar el umbral de Moncloa, como la derogación, después reforma y por fín maquillaje de la Ley Mordaza. Todo un bofetón de realidad para quienes tenían algunas esperanza en el nuevo Ejecutivo.
Es el mismo PSOE que estuvo a la cabeza -junto al PP, Ciudadanos, la Judicatura y la Corona- del 155, bendijo la represión y hoy es parte de la acusación contra los presos políticos. El mismo que a través de la Fiscalía del Estado quiere enviarles a prisión hasta 25 años o usa la Abogacía del Estado para denunciar a votantes agredidos por la Policía Nacional y la Guardia Civil el 1-O.
La represión no va a terminar con ninguno de los partidos del Régimen, ni las con tres derechas ni con el partido que tiene en su prontuario a exministros de Interior condenados e indultados por los GAL. Para acabar solo podemos confiar en la fuerza de la organización y la movilización social.
Tampoco Unidas Podemos, IU o las diferentes candidaturas “del cambio” se han plantado frente a esta persecución sistemática. En su continua adaptación al régimen – y del mismo modo que han ido dejando en el cajón otras demandas sentidas como la derogación de las reformas laborales, o el fin de la especulación urbanística- en lo referente a la represión la actitud ha la de quejarse con la boca cada vez más pequeña, pero asumirla y ni si quiera ponerla como óbice para intentar gobernar con los carceleros “socialistas”.
Algunas declaraciones esporádicas vacías de contenido, pero sobre todo, de acciones. Podemos, en su periodo de “ministro sin cartera” durante el gobierno de la moción de censura de Sánchez, pactó justamente la “rebaja y suavización” de la Ley Mordaza. Dando la espalda a las organizaciones que desde las calles se organizan y enfrentan la represión.
Ante esta situación, tenemos que coordinar los cientos de casos aislados que hay, que aunque aislados comparten algo: el intento de que no hablemos, de que no nos organicemos ni nos manifestemos.
Debemos poner en pie un gran movimiento contra la represión que lucha por el archivo de todas las causas, por la libertad de todos los presos políticos y por acabar con todas las leyes liberticidas del Estado español, empezando por la Ley Mordaza.