Desde ATE Rosario estimaron que aumentó en 20% el número de chicos que comen en la escuela, aunque las partidas para comidas siguen escasas: $7,24 por chico. El mínimo para una dieta aceptable es $17.
Miércoles 13 de abril de 2016
Foto: El Litoral
Durante los últimos meses, el número de chicos que comen en las escuelas habría aumentado en un 20% en la provincia de Santa Fe, según denunció ATE Rosario. De acuerdo con la central gremial, la mayor parte de este aumento se debe al empeoramiento de la situación económica de muchas familias. Pero las partidas para alimentación no llegan a la mitad de lo requerido para cubrir las necesidades nutricionales de los niños.
En la provincia se distribuyen más de 400 mil raciones de copa de leche y más de 160 mil raciones de almuerzo. Y la cantidad de chicos que comen en la escuela viene creciendo. Los aumentos de precios de los últimos meses, sumados a los miles de despidos en la región llevan a que cada vez más familias dependan del comedor escolar para que sus hijos puedan alimentarse.
Números que no cierran
En la provincia de Santa Fe todo aumenta. Las tarifas de los servicios, el transporte, los precios de los artículos de consumo. Pero el presupuesto del que depende la alimentaciones de miles y miles de chicos sigue siendo ridículamente bajo.
Según los datos que publica ATE Rosario, la provincia de Santa Fe destina 6 pesos por cada plato de almuerzo y 2 pesos por copa de leche, a lo que se suman 1,24 pesos por plato de comida y 50 centavos por copa de leche que aporta la nación, dando un total de 7,24 pesos por almuerzo y 2,50 pesos por colación.
Se trata de cifras increíbles, insuficientes a simple vista. De acuerdo con el estudio realizado por la Federación de Asociaciones Cooperadoras Escolares de La Capital de la provincia de Santa Fe, la inversión mínima para garantizar un menú nutritivo es de 17,19 pesos por almuerzo y 3,73 pesos por colación. Es decir, entre la Provincia y la Nación no pagan ni siquiera la mitad del valor de un menú que cubra las necesidades de los niños que dependen de las escuelas para alimentarse.
Ante semejante desfasaje en los números, los trabajadores de las escuelas se ven obligados a hacer malabares para garantizar que los chicos puedan comer. Menos carnes, más salsas, más guisos, más fideos. El objetivo, que no quede ningún chico sin almorzar.
Pero, a pesar de los enormes esfuerzos de los trabajadores de la educación, no alcanza con “estirar” la comida. La falta de un presupuesto suficiente para los comedores escolares condena a miles de niños a recibir una alimentación insuficiente en los momentos más críticos de su desarrollo.