Con el quorum necesario, el plenario de comisiones convocado para dictaminar sobre la legalización del aborto culminó con una sola propuesta de dictamen y diferencias en la interpretación sobre su validez o no.

Sol Bajar @Sol_Bajar
Miércoles 1ro de agosto de 2018 23:00
Con el quorum necesario, el plenario de comisiones convocado para dictaminar sobre la legalización del aborto culminó con una sola propuesta de dictamen y diferencias en la interpretación sobre su validez.
Con Miguel Angel Pichetto al frente, quienes promueven un dictamen favorable acordaron incorporar nuevos cambios al texto original. La decisión, que fue tomada en la noche de este martes, en una reunión que condujo el propio titular de Argentina Federal, buscaba sumar nuevas "voluntades" y acercar a un único dictamen a quienes proponen esos cambios. Con esta iniciativa, que incluye las modificaciones que originalmente impulsaron los tres senadores por Córdoba, la alternativa obtuvo finalmente 26 firmas a favor.
Los sectores que impulsan el rechazo a la ley, representados en el plenario por Federico Pinedo y Silvia Elías Pérez, no presentaron en cambio ningún dictamen e insistieron por su parte en que el tema se trate directamente en el recinto, el miércoles 8 de agosto. Sostienen su maniobra, orientada a dilatar el debate y a obstaculizar los acuerdos de quienes adhieren a estos cambios, en la interpretación reglamentaria.
La diferencia se concentró entonces en cómo se debe computar la mayoría de los votos para la consideración de un dictamen: si es en base a las firmas del total de los miembros del plenario de las tres comisiones a las que tuvo giro el proyecto, como proponía Pichetto, o si es en base al conteo de la mayoría en cada una de las comisiones, como planteaba Pinedo. A la vez, estaba en discusión cómo se contabiliza el voto de los senadores que integran más de una de las comisiones a las que tiene giro el proyecto.
La reunión, atravesada por este debate, finalizó con 9 votos favorables en la Comisión de Salud, 8 en la de Justicia y Asuntos Penales, y 9 en la de Asuntos Constitucionales, que suman el total de 26 firmas favorables para la alternativa propuesta de legalización, con varias modificaciones. Si se contabiliza el total de 53 integrantes de las comisiones, faltaría un voto para que pueda considerarse a ese dictamen como "dictamen de mayoría".
La discusión sin embargo quedó abierta debido a estas dos interpretaciones, sin posibilidad de que el plenario de comisiones se expida formalmente para resolverlo por falta de competencia. Serán los 72 senadores, el pleno de la Cámara alta, los que deban decidir en la próxima sesión si el debate se desarrolla alrededor del dictamen o alrededor del proyecto que ya cuenta con la media sanción de la Cámara baja, pero está confirmado, eso sí, que el próximo 8 de agosto -“con o sin dictamen”- habrá debate.
De tratarse directamente el proyecto con la media sanción, como es probable, los cambios que quisieran impulsar los senadores y senadoras deberán someterse al pleno recién luego de la votación en general de la iniciativa y en caso de que ésta se defina por la aprobación del proyecto. Para ello, previamente la sesión deberá contar con el quorum necesario, de la mitad mas uno de los 72 senadores, es decir, de 37 integrantes. Si las modificaciones fueran aceptadas en la votación en particular, el proyecto deberá volver a Diputados y ser aprobado con esos cambios, o bien ratificado en su texto original (el de la media sanción). En cambio, si el Senado rechazara el proyecto, éste deberá ser representado y tratado nuevamente recién en el próximo período legislativo, es decir, en 2019.
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Sin dilaciones y sin cambios
A esta altura, está de más señalar que las maniobras, seguramente, se multipliquen hasta que llegue ese día. Está claro también que quienes se oponen a la legalización del aborto buscarán trabar -o negociar- los acuerdos a los que puedan llegar quienes están a favor y quienes dicen permanecer -¡todavía!- "indecisos". De imponer sus maniobras, dispersarían el voto de quienes están a favor de promover algún tipo de legalización y/o despenalización y podrían imponer su rechazo, o limitar los alcances de lo que finalmente se apruebe.
Su objetivo, sin embargo, no está carente de contradicciones y problemas: un escenario de rechazo a la ley, en medio de una lucha que despierta la enorme simpatía de millones de mujeres, familiares, vecinos y compañeros de trabajo y estudio, que viene de conquistar en las calles la media sanción y que ha demostrado también una enorme potencialidad para enfrentar los planes de ajuste del macrismo, es un escenario que el gobierno de Cambiemos preferiría, sin dudas, evitar.
Del otro lado, la llamada “opción Córdoba", que hoy abandera Pichetto, buscaría “dejar en minoría” a quienes se oponen al derecho de las mujeres, incorporando cambios que limitarán el texto proveniente de la Cámara de diputados. Como contamos desde La Izquierda Diario, esta “opción” implicaría la reducción del plazo (de 14 a 12 semanas) para acceder a la práctica e incorporaría la objeción de conciencia institucional y la eliminación de penas para médicos que se opongan a la realización de un aborto, entre otras cuestiones.
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¡A las calles!
Mientras los partidos mayoritarios del Senado, el PRO, la UCR, las distintas variantes del PJ especulan con los derechos de las mujeres, la simpatía por este reclamo crece y promete superar al pasado 13J. Esa enorme adhesión tiene un desafío inmediato, que es el de multiplicar su energía de lucha, su fuerza y su masividad, para que el 8 de agosto la manifestación en las calles sea contundente. Para que no se mueva ni una hoja que no sea a favor del aborto legal.
Durante todos estos años de presentaciones sucesivas, los mismos bloques mayoritarios que hoy especulan con la aprobación de la ley se negaron siquiera a darle tratamiento. El acuerdo entre el gobierno kirchnerista, el entonces opositor bloque de Cambiemos y la jerarquía de la Iglesia, garantizó que fuera cajoneado una y otra vez.
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El derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y a no morir por aborto clandestino no puede quedar en las manos de un pequeño grupo de senadores que tejen sus alianzas con gobernadores, funcionarios y jerarcas de la Iglesia, o que especulan diariamente con las demandas de las mujeres.
Cuando el proyecto llegue al recinto, el mensaje deberá ser muy claro: no vamos a permitir que nos arrebaten las vidas de las pibas jóvenes y pobres, de las trabajadoras que mueren en la clandestinidad el intento de no ser despedidas, de las hijas y de las amigas y de las hermanas y de las madres que queremos. Exigimos ese derecho elemental, sin dilaciones y sin cambios.
Que nadie falte el 8 agosto, porque son esas vidas las que estos sectores desprecian. ¡Nuestras vidas! Con asambleas, debatiendo en cada lugar de estudio y de trabajo, organizando desde abajo una gran movilización, con paro y cese de actividades, para que todas y todos puedan participar, hay que redoblar esfuerzos para ser millones, porque ese es el único lenguaje que pueden entender quienes no hacen más que darle la espalda al reclamo de las mujeres.
Lo dijimos una vez, lo diremos mil veces: la interrupción voluntaria del embarazo se debatirá en el Congreso, pero ese derecho al aborto, se conquistará en las calles. ¡Que sea ley! y que sepan que ya vamos a ir también por la inmediata separación de la Iglesia del Estado. Este 8 de agosto seamos miles, ¡millones!