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Red Internacional
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Historia. Ser caudillo no es revolucionario

Transcribimos en esta nota la carta que le escribiera José Carlos Mariátegui a Haya de la Torre en 1928, luego de enterarse que Haya de la Torre había anunciado la creación de un “Partido Nacionalista” con el cual buscaba dirigir el frente de lucha que se venía gestando en aquel entonces, sin consultar a nadie ni remitirse a bases militantes concretas. Mariátegui reprocha el caudillismo de Haya de la Torre y lo identifica como la tradicional política criolla que no le importa consultar a sus aliados ni a las bases militantes al momento de asumir determinadas acciones.

Victoria R. Colaboradora LID Perú

Lunes 9 de agosto de 2021

Nos parece pertinente volver a leer esta carta a la luz de las pugnas entre los militantes de la izquierda parlamentaria peruana, Perú Libre y Juntos por el Perú, quienes se descalifican constantemente entre sí de mayor o menor radicalismo, no en torno a un programa, ni en función de propuestas orgánicas que representen los intereses de la clase trabajadora – la cual hasta la fecha no tiene un protagonismo claro en las políticas públicas asumidas por el ejecutivo - sino en torno a la captación “estratégica” del poder sin ningún tipo de consulta a las bases, repitiendo actitudes de caudillismo político y protagonismo autoritario, valores deleznables desde el socialismo de los trabajadores.

Lima, 16 de abril de 1928

Compañeros:

No había contestado hasta hoy la carta de la célula suscrita por Magda Portal, en espera de una carta de Haya de la Torre que me precisase mejor el sentido de la discrepancia: “Alianza o partido”. La carta de la célula me supone simplemente influido por el Secretariado de Buenos Aires la Ucsaya [1], etc, o por lo menos pretende que mis observaciones son en esencia las mismas. Hasta la desaparición de “Amauta” he permanecido sistemáticamente privado por la censura de mis canjes y correspondencia, de modo que no he conocido en su oportunidad ni el número de “La Correspondencia Sudamericana” en que – según he sabido después sin obtener el ejemplar – aparecieron las observaciones del Secretariado de Buenos Aires, ni la tesis de la Ucsaya, ni nada por el estilo. Sólo recientemente he vuelto a recibir “El libertador”, desde que la censura ha comprobado que en mi casilla no intercepta sino correspondencia intelectual o administrativa, sin importancia para sus fines. Por otra parte, creo haber dado algunas pruebas de mi aptitud para pensar por cuenta propia. De suerte que no me preocuparé de defenderme del reproche de obedecer a sugestiones ajenas. Este había sido también, un motivo para que no me apresurase a responder a la carta de la “célula”.

Pero como no tengo hasta hoy ninguna aclaración de Haya, a quien escribí extensamente planteándole cuestiones concretas – por la vía de Washington, en diciembre – y llegan, en cambio, noticias de que ustedes están entregados a una actividad con la cual me encuentro en desacuerdo, y para la cual cada uno de los elementos responsables de aquí ha sido consultado, quiero hacerles reconocer sin tardanzas mis puntos de vista sobre este nuevo aspecto de nuestra discrepancia.

La cuestión: “el Apra: alianza o partido” que ustedes declaran sumariamente resulta, y que en verdad no debiera existir siquiera, puesto que el APRA se titula alianza y se subtitula frente único, pasa a segundo término, desde el instante en que aparece en escena el Partido Nacionalista Peruano, que ustedes han decidido fundar en México, sin el consenso de los elementos de vanguardia de trabajan en Lima y provincias. Recibo correspondencia constante de provincias, de intelectuales, de profesionales, estudiantes, maestros, etc.; y jamás en ninguna carta he encontrado hasta ahora mención del propósito que ustedes dan por evidente e incontrastable. Si de lo que se trata, como sostiene Haya en una magnífica conferencia, es de descubrir la realidad y no de inventarla, me parece que ustedes están siguiendo un método totalmente distinto y contrario.

He leído un “segundo manifiesto del comité central del Partido Nacionalista Peruano residente en Abancay”. Y su lectura me ha contristado profundamente, primero porque como pieza política, pertenece a la más detestable literatura eleccionaria del viejo régimen; y segundo porque acusa la tendencia a cimentar un movimiento – cuya mayor fuerza era hasta ahora la verdad – en el bluff y la mentira. Si ese papel fuese atribuido a un grupo irresponsable, no me importaría su demagogia, porque sé que en toda campaña un poco o un mucho de demagogia son inevitables (..). Pero al pie de ese documento está la firma de un comité central que no existe, pero que el pueblo ingenuo creerá existente y verdadero. ¿Y es en esos términos de grosera y ramplona demagogia criolla, como debemos dirigirnos al país? No hay ahí una sola vez la palabra socialismo. Todo es declamación estrepitosa y hueca de liberaloides de antiguo estilo. Como prosa y como idea, está esa pieza por debajo de la literatura política posterior a Billinghurst.

Por mi parte, siento el deber urgente de declarar que no adheriré de ningún modo a este partido nacionalista peruano que, a mi juicio, nace tan descalificado para asumir la obra histórica en cuya preparación hasta ayer hemos coincidido. Creo que nuestro movimiento no debe cifrar su éxito en engaños ni señuelos. La verdad es su fuerza la única fuerza, su mejor fuerza. No creo con ustedes que para triunfar haya que valerse de “todos los medios criollos”. La táctica, la praxis, en sí mismas son algo más que forma y sistema. Los medios, aun cuando se trata de movimientos bien adoctrinados, acaban por sustituir a los fines. He visto formarse al fascismo ¿Quiénes eran, al principio los fascistas? (..)

¿Quiénes eran, al principio, los fascistas?

Casi todos elementos de la vieja impregnación e historia revolucionaria que cualquiera de nosotros. Socialistas de extrema izquierda, como Mussolini, actor de la semana roja de Boloña, sindicalistas revolucionarios de temple heroico, como Corridoni, formidable organizador obrero, anarquista de gran vuelo intelectual y filosófico como Massimo Rocca, futuristas de estridente ultraísmo como Marinetti, Settimelli, Bottai, etc. Toda esa gente era o se sentía revolucionaria, anticlerical, republicana “más allá del comunismo” según la frase de Marinetti. Y ustedes saben cómo el curso mismo de su acción los convirtió en una fuerza diversa de la que a sí mismos se suponían. La táctica les exigía atacar la burocracia revolucionaria, romper al partido socialista, destrozar la organización obrera. Para esta empresa la burguesía los abasteció de hombres, camiones, armas y dinero. El socialismo, el proletariado, eran a pesar de todos sus lastres burocráticos, la revolución. El fascismo por fuerza tenía una función reaccionaria.

Me opongo a todo equívoco. Me opongo a que un movimiento ideológico, que, por su justificación histórica, por la inteligencia y abnegación de sus militantes, por la altura y nobleza de su doctrina ganará si nosotros mismos no lo malogramos, la conciencia de la mejor parte del país, aborte miserablemente en una vulgarísima agitación electoral. En estos años de enfermedad, de sufrimiento, de lucha, he sacado fuerzas invariablemente de mi esperanza optimista en esa juventud que repudiaba la vieja política, entre otras cosas porque repudiaba los “métodos criollos”, la declamación caudillesca, la retórica hueca y fanfarrona.

Defiendo todas mis razones vitales al defender mis razones intelectuales. No me avengo a una decepción. La que he sufrido me está enfermando y angustiando terriblemente. No quiero ser patético, pero no puedo callarles que les escribo con fiebre, con ansiedad, con desesperación. Y no estoy solo en esta posición. La comparten todos los que tienen conocimiento de la propaganda de ustedes - propaganda que por otra parte no está justificada al menos por su eficacia – porque fracasará inevitablemente. Hemos acordado una carta colectiva que muy pronto enviaremos.

De aquí a entonces, espero recibir mejores noticias. Y en tanto los abrazo con cordial sentimiento.

José Carlos Mariátegui [2]

Referencias:

1. UCSAYA: La Unión Centro-Sud-Americana y de las Antillas. Trabajó como un frente antiimperialista en México, y Bolivia. Ver referencias de Ricardo Melgar: https://ojs.politicasdelamemoria.cedinci.org/index.php/PM/article/view/342/320

2. Carta publicada por Ricardo Martínez de la Torre “Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú”. Mencionado en “José Carlos Mariátegui. Correspondencia” Compilación de Antonio Melis. Tomo II. Biblioteca Amauta. 1984.