En medio de la cuarentena la precarización laboral toca nuevos límites, ¿cómo lo viven los trabajadores de delivery?
Sábado 25 de julio de 2020
Las empresas de reparto como Pedidos Ya, UberEats o Rappi funcionan sin reconocer la relación laboral con los repartidores, lo que se traduce en que ellos tiene que costearse los implementos de trabajo, implementos de seguridad e higiene, y cualquier costo asociado al desarrollo de la jornada laboral. Sólo en Santiago, la cantidad de trabajadores que se desempeñan con esta modalidad supera los 20 mil.
En tiempos de pandemia, con cuarentenas en varias ciudades del país y donde existe el riesgo constante de sufrir contagio por Coronavirus, la miseria de los trabajos precarios como el delivery se ha profundizado, trabajar en reparto significa ingeniárselas para tener implementos de higiene, como mascarillas, guantes y alcohol gel, además, de tener que lidiar con la represión y el control policial que muchas veces es un impedimento para trabajar.
Empresas como Rappi, que no reconocen la relación laboral con sus trabajadores y les llaman “colaboradores” o “rappitenderos”, no gestionan los permisos y salvoconductos para transitar en medio de las cuarentenas. En el caso de Rappi, los trabajadores deben llenar un formulario con sus datos, con el cual se solicita el permiso de circulación, pero el salvoconducto puede demorarse hasta dos días en llegar. Ante esto muchos repartidores lo solicitan a diario, sin embargo, esto no siempre resulta, siendo un claro impedimento para trabajar.
Otro factor que afecta a la jornada de trabajo del delivery son los aspectos de seguridad. Cada día recorrer las calles sin regulación de los lugares de estacionamiento o de límites de zonas de entrega, expone a los repartidores a diferentes problemas, ya sea desde el robo o choque de los vehículos (bicicleta, motos y automóviles), controles de identidad o cancelación de pedidos por el tiempo de espera, donde el repartidor debe costear la compra si es que esta no fue entregada.
Esta serie de problemas raras veces son contados en la prensa. En Santiago, durante el mes pasado murieron dos repartidores después de haber sido asaltados, también algunos cuantos han sufrido accidentes de tráfico. Sin embargo, fuera de perseguir culpables, hablando de quienes asaltan o no respetan las leyes de tráfico, el problema de fondo es la nula seguridad con la que los repartidores enfrentan la jornada laboral, sin implementos de seguridad, sin centros de ayuda donde acudir y sin ningún límite respecto al kilometraje, bicicletas y autos llegan a los mismos lugares, independiente de la distancia o las características del terreno.
En este marco, podemos decir que, en plena pandemia y crisis económica, con un aumento de despidos, con protestas por hambre y una agudización de la precarización laboral, es claro que las miserias del repartidor también se intensifican.
En resumen, hoy el trabajador de delivery lleva una vida completamente a contracorriente, teniendo que resolver cómo salir a trabajar en cuarentena, lidiando con el control de la policía y arriesgándose al contagio por trabajar sin implementos de higiene. En ese sentido, la policía y las empresas del delivery juegan un rol clave en la precarización de los trabajadores.
Ante toda la exposición que viven las y los repartidores, es necesario que se levanten coordinadoras donde se pueda discutir la realidad que vive este rubro, donde el delivery se pueda articular para pelear por derechos básicos como el reconocimiento de la relación laboral y el derecho a un salario mínimo.
Algunas de estas demandas ya se vienen peleando, como lo está haciendo la coordinación Riders Union en Santiago, que en mayo presentó una demanda colectiva por el reconocimiento de la relación laboral. Pero no podemos confiar en las leyes y los juzgados, ya que estos juzgados son parte de las instituciones que protegen el funcionamiento de las empresas, dejan pasar el trabajo precario, al mismo tiempo que ejecutan las leyes que permiten los despidos y las suspensiones.
Es necesario que los trabajadores y las trabajadoras de reparto puedan impulsar redes de coordinación con el resto de precarizados de otros sectores que hoy sufren mayores ataques al no tener garantizado ningún derecho, tal cual como lo hacen desde Argentina, donde se organizan en la Red de Trabajadores Precarizados, y que a nivel internacional impulsó el paro de deliverys de 1 de julio y que denuncia a diario la situación que vive este sector de trabajadores.