Entrevistamos a Sergio Méndez Moissen, profesor precario de la UNAM y excandidato de la Plataforma Anticapitalista a la Constituyente, fórmula impulsada por el Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS).
Miércoles 14 de septiembre de 2016
En estas últimas semanas, el Frente Nacional por la Familia ha desplegado una reaccionaria campaña contra la comunidad sexodiversa y el matrimonio igualitario. El fin de semana pasado, recorrieron las calles de distintos estados del país, desplegando su discurso de odio e intolerancia.
Esto es parte de la respuesta de la Iglesia, el Opus Dei y otras organizaciones derechistas ante la presentación, por parte del presidente Peña Nieto, el pasado 17 de mayo de un proyecto para reconocer el matrimonio igualitario en todo el país. Aunque se trató de una maniobra electoral del gobierno para recuperar algo de popularidad, y una forma de expropiar una lucha de décadas de la comunidad sexodiversa, esto desató la ira de los jerarcas eclesiásticos, y a otro nivel, de los líderes del Partido Acción Nacional.
Al respecto de estos hechos, entrevistamos a Sergio Moissen. Nos encontramos con el joven profesor en un café del centro histórico de la Ciudad de México.
La Izquierda Diario: En El País señalaron que sólo en Jalisco se movilizaron con el Frente Nacional por la Familia alrededor de 100,000 personas. ¿Qué expresan para ti estas movilizaciones?
Sergio Moissen: Pues, para empezar hay que partir de la situación que vive en México la comunidad sexodiversa. Es el segundo país de crímenes de odio en todo el mundo. Los estados que destacan son la capital con 164, Estado de México con 78, Nuevo León con 64 y Michoacán y Jalisco con 54 homicidios. En este contexto, la Iglesia mexicana -célebre por los casos de pederastia y abusos que llevan a cabo sacerdotes, como el caso de Marcial Maciel- ha montado una campaña reaccionaria contra el matrimonio igualitario. Esto no es bueno: se da además en el marco de una ofensiva clerical contra el derecho al aborto, o sea contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Hay analistas que comparan el actual conflicto entre la Iglesia y el gobierno al malestar que surgió en las filas católicas contra los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 de la Constitución de 1917, que restringía la injerencia de la corporación religiosa, entre otras cuestiones. Ésta se consideraba perjudicada con la regulación gubernamental en materia de cultos y contenidos educativos. De allí devino luego la Guerra Cristera, que se desarrolló entre 1926-1929. De todas maneras, aunque las organizaciones que se manifiestan en contra del matrimonio igualitario aun postulan el ¡Viva el Cristo Rey!, creo que están un poco lejos de tomar las armas.
La Izquierda Diario: Los sectores conservadores defienden el concepto de familia tradicional: madre, padre e hijos. ¿Qué lectura haces de su posicionamiento?
Sergio Moissen: Es complejo. La defensa de la familia nuclear tradicional es la defensa de la opresión histórica de las mujeres y de la limitación de las relaciones erótico-afectivas al ámbito de la reproducción. ¿Por qué? El esquema de la familia tradicional restringe la actividad de las mujeres a la maternidad, al cuidado de los demás, a garantizar las tareas domésticas que se requieren para que el varón salga día con día a ganar el sustento para mantener a la familia. Al decir de Gramsci, en Americanismo y fordismo, las familias constituyen una forma de administrar racionalmente el esfuerzo de los trabajadores. Si un hombre tiene una relación sentimental estable con una mujer, cumple con el rito del matrimonio, lo que logra el capitalismo es que ese hombre concentre más energía en la producción, y no la “dilapide” en desarrollar otras relaciones erótico-afectivas, que implicarían un tiempo de seducción y socialización con otras personas. Algo que a los empresarios tanto ayer como hoy no les conviene. Y además está el hecho de que la familia tradicional, con la doble y triple jornada laboral para las mujeres, con el trabajo doméstico no remunerado, es un factor que también es muy útil para los empresarios. Porque si hubiera que pagar por mantener la casa en orden, ropa planchada y limpia, hacer el mandado, cocinar, etcétera, los salarios deberían ser más alto. Es así que hay un matrimonio de conveniencia entre la Iglesia y el capitalismo, para el que la opresión de las mujeres y la comunidad sexodiversa resulta funcional. El problema es que esta conveniencia de ellos da por resultado una situación que hace a los seres humanos profundamente frustrados e infelices.
La Izquierda Diario: Recientemente participaste de las elecciones a la Constituyente. Entre tus propuestas, incluiste los plenos derechos de la comunidad sexodiversa. ¿Qué salida plantean los socialistas ante la discriminación y la homofobia?
Sergio Moissen: A pesar del discurso de que la Ciudad de México es una ciudad “gay-friendly” según Miguel Ángel Mancera, el jefe de gobierno, los índices de discriminación laboral por orientación sexual e identidad de género siguen siendo elevados, así como los crímenes de odio, como te planteé antes. El derecho a ejercer libremente la sexualidad, sin que esté condicionada a la reproducción, es algo a conquistar. Frente a esta situación, en primer lugar planteamos que es necesario luchar por igualdad de salarios y mejores condiciones de trabajo, contra el feminicidio, la homofobia y la trata de personas. Así como por una educación de calidad, no sexista y libre de discriminación. En donde la orientación sexual se garantice de manera gratuita y de calidad con los requerimientos en salud e información sexual. En este mismo sentido, estamos a favor del matrimonio igualitario, del derecho de las parejas integradas por personas del mismo sexo a adoptar, así como el derecho a pensiones y servicios de salud.
La Izquierda Diario: Para el próximo 24 de septiembre, el Frente Nacional por la Familia ha convocado a una movilización en la Ciudad de México, la ciudad donde se despenalizó el aborto y una de las pioneras en reconocer el matrimonio igualitario. Y el 28 de este mes se realizarán acciones por el derecho al aborto en toda América Latina. ¿Cómo se sigue la lucha por los derechos de la comunidad sexodiversa y de las mujeres en este escenario?
Sergio Moissen: Ante esta ofensiva, es necesario desplegar en las calles un amplio movimiento contra la homofobia, la discriminación y por el matrimonio igualitario. El niño de la fotografía que se hizo viral intentó frenar la reacción clerical, protectora de los curas abusadores. Ese niño es un símbolo de la justeza de esta lucha. Trabajadoras, trabajadores, jóvenes, mujeres, todas y todos tenemos el desafío de impulsar una movilización persistente y cada vez más amplia contra el oscurantismo clerical y la derecha. Es cierto que se pueden presentar proyectos de ley, iniciativas, tanto el plano local como estatal y nacional. Pero para conquistar estas demandas históricas y evitar que la derecha y la Iglesia avancen sobre ellas, es esencial un gran movimiento en las calles que enfrente a esta ofensiva reaccionaria, independiente de los partidos tradicionales.
En ese camino, es fundamental que las organizaciones obreras, empezando por aquellas que se reclaman democráticas y opositoras, se sumen a la lucha por estos derechos. Lo mismo las organizaciones que nos reclamamos de izquierda y socialistas, tenemos que estar en la primera línea de esta lucha.
Es urgente tejer lazos entre la comunidad sexodiversa y las mujeres, ya que ambos sectores son blanco de la furia clerical, que los pretende mantener sojuzgados, que pretende impedir el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, y el libre ejercicio de la sexualidad. Que este 28 de septiembre también nos encuentre unidos en las calles, porque no puede haber ni una muerta más por abortos clandestinos.