Así resumió el presidente cubano el encuentro que mantuvo con el Papa Francisco en el Vaticano el pasado domingo. Una clara confirmación de la orientación política de La Habana: profundizar sus relaciones con las instituciones más oscuras y reaccionarias, la Iglesia Católica y el imperialismo yanqui. Este lunes ya de regreso en Cuba, recibió al presidente francés François Hollande que visitó la isla para “apoyar” el proceso de apertura económica y la “reintegración plena” del país en la política internacional.
Martes 12 de mayo de 2015
FOTO: EFE
La entrevista entre Jorge Bergoglio y Raúl Castro fue “estrictamente privada” y duró poco más de 50 minutos. Lo que se dio a conocer de la misma es mínimo. Castro agradeció una vez más la mediación de la Iglesia que llevó al acercamiento histórico entre EEUU y Cuba, que el 17 diciembre de 2014 anunciaron la reanudación de negociaciones oficiales y directas después de 50 años. También que sirvió para preparar la visita que hará el Papa a Cuba y EEUU en el mes de setiembre con la que se esperan nuevos avances en la relación bilateral con la apertura, por caso, de sendas embajadas en Washington y La Habana.
Pero la frase de Castro en conferencia de prensa sobre el encuentro fue mucho más elocuente que las escuetas informaciones oficiales. “Yo me leo todos los discursos del Papa. Si continúa hablando así, les aseguro que volveré a rezar y regresaré a la Iglesia. Y no lo digo en broma”. El encuentro con Jorge Bergoglio fue verdaderamente histórico. No solo porque una visita de a este nivel no ocurría desde fines de los ’90 cuando se preparaba la visita de Juan Pablo II a Cuba para bendecir las políticas pro capitalistas del Periodo Especial. Es histórico porque simboliza el periodo de mejores relaciones desde que, tras la revolución de 1959, el Estado cubano rompiera lazos con la Iglesia Católica, uno de los principales instrumentos de opresión a las masas cubanas junto al ejército del dictador Fulgencio Batista.
El interés de la Iglesia por una transición ordenada hacia el capitalismo, a diferencia de los años ’90, coincide ahora no solo con el de la burocracia castrista sino con el giro histórico que ha dado la Casa Blanca. La estrategia de confrontación directa para derrocar a los Castro (que tuvo uno de sus picos durante los ’90 con las salvajes leyes Torricelli y Helms-Burton) fue remplazada por Barack Obama por otra más pragmática y eficaz de negociar, aceptando como interlocutor a la burocracia y el gobierno cubanos.
Los profundos y ya vertiginosos cambios que se están viendo en Cuba se confirman también con la visita de Hollande de este lunes que fue recibido por Fidel y Raúl Castro. El viaje del presidente francés tiene un carácter histórico y profundamente político viniendo de una de las principales potencias imperialistas del planeta. Es el primer jefe de estado europeo que visita Cuba luego del “deshielo” de las relaciones entre Washington y La Habana.
Las palabras de Hollande prometiendo hacer “todo lo posible” por “reintegrar” al país caribeño a la política internacional, y reiterando el pedido de que Estados Unidos levante el bloqueo económico que mantiene sobre la isla desde 1962, no fueron casuales ni improvisadas. El mensaje es claro, Francia se trata de poner a la cabeza de la “normalización” de las relaciones entre la Unión Europea y Cuba.
La delegación de funcionarios y empresarios que acompañó al presidente, dan cuenta de la importancia que tiene para el Estado francés los cambios en curso en la isla. Varios miembros de su gabinete y CEOs de grandes empresas como Air France, Total o Accor, estuvieron presentes. Al interés político de “no quedar afuera” de la transición en Cuba se suma el económico.
Es que la apertura de la economía cubana al mercado internacional promete importantes negocios con la ampliación y modernización de la Zona Franca del Puerto del Mariel, junto a la ampliación del Canal de Panamá y la construcción de uno aún mayor en Nicaragua (en proyecto), para transformar la zona en un paso importante del comercio mundial.
Francia tiene no pocos intereses en esta región del Caribe, donde está la mayor parte de sus territorios de ultramar (colonias), como las islas de Martinica, Guadalupe y otras.
Hollande, al igual que el Papa Francisco y Barack Obama, demuestra cuáles son sus intenciones, una apertura de Cuba al servicio de los monopolios imperialistas, contra los intereses de los trabajadores y el pueblo cubanos.
NOTA DE OPINIÓN RELACIONADA: Raúl Castro en el Vaticano