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MÉXICO-EE.UU.. Slim y Trump: de supuestos enemigos a aliados

Con la popularidad a la baja, el fracaso del Mexican Moment le pesa a Peña Nieto, ignorado por el nuevo presidente de Estados Unidos. De acuerdo con analistas, Carlos Slim, el magnate, es el nuevo contacto privilegiado para la relación bilateral con el vecino del norte.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Viernes 23 de diciembre de 2016

Trump eligió encontrarse primero con el multimillonario mexicano, “la figura dominante en la comunidad empresarial nacional”, antes que con el presidente Enrique Peña Nieto, golpeado por la crisis de Ayotzinapa, escándalos de corrupción, crisis económica y por el servilismo desplegado ante el hoy presidente electo durante su campaña electoral, impregnada de ofensas contra el pueblo mexicano.

Carlos Slim Helú, propietario de América Móvil, tiene una fortuna de alrededor de 50 mil millones de dólares. Si sus propiedades se suman equivalen al 6% del producto interno bruto de México. En el ranking de los más ricos del mundo, ocupa el cuarto puesto. En México, el primero. Cenó el sábado 17 de diciembre con el nuevo presidente de Estados Unidos, que asumirá el 20 de enero próximo. Un cara a cara entre dos de los hombres más poderosos del mundo.

Mucha tinta corrió sobre el encuentro. Según la lectura que hacen algunos analistas, el encuentro transparentó el carácter “corporatocrático” de la futura política exterior estadounidense y abrió un escenario de encuentros “oficiales” y otros “atípicos” en el camino de recrear la relación bilateral México-Estados Unidos.

Carlos Mota, columnista de El Financiero, opina que “Carlos Slim se ha inaugurado como diplomático mexicano de facto”, debido a dos motivos: sus intereses como inversor en construir una buena relación con el nuevo presidente estadounidenses, y la parálisis en que quedó la política exterior mexicana tras la visita de Trump a Peña Nieto.

Andrew Paxman, analista del empresariado mexicano, declaró a Forbes “No creo que Slim construya un Hotel Trump en la Ciudad de México, pero ciertamente podría funcionar como una especie de embajador, aligerando las relaciones con Washington”.

Por su parte, Louis Nevaer, en New American Media, señaló “cuando Donald Trump invitó a Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo y el inversionista más grande de The New York Times, quedó claro que la admiración de Trump es por los hombres de negocios mexicanos, no por los políticos”.

A su vez, el analista político Juan Manuel Martínez, entrevistado por Sin Embargo, afirmó que “se puede ver que la figura del Presidente Peña Nieto está rebasada y los vínculos se están estableciendo por otro lado, y que la diplomacia se mueve en el plano abierto y en el no visible”. Abundó “No dudo que hay contactos del Gobierno de Peña Nieto con gente de Trump. A Luis Videgaray se le ha nombrado como una especie de diplomático sin cartera que es quien podría tejer la relación con Estados Unidos. Ha habido también actividades de la cancillería”.

Jesús Gallegos Olvera, investigador en política estadounidense y relaciones internacionales, sostuvo “Se están formando canales diferentes y diversos para dar un fortalecimiento a la relación bilateral. Podemos hablar de canales oficiales entre miembros del gobierno en turno; los de vanguardia que tienen que ver con representantes de la próxima administración de Estados Unidos –y que incluiría a Videgaray o miembros de la comunidad demócrata y republicana en México–, y un nivel atípico en el que se establecen relaciones diferentes a las establecidas en los canales tradicionales, donde se encuentran empresarios o miembros de las organizaciones civiles”.

Ha trascendido que el gobierno de Peña Nieto –que se posternó ante Trump cuando apenas era candidato– ahora está llevando a cabo reuniones con miembros del equipo del presidente electo. “Es un vínculo que da cuenta de una nueva dinámica bilateral en la que el Presidente electo enfatiza su experiencia como hombre de negocios. No hay que descartar que en algunos días más encontremos respuestas oficiales por parte del gobierno mexicano, que ha tenido varios encuentros”, señala Gallegos Olvera.

Trump está creando un gabinete con predominancia de empresarios millonarios. Ha abierto un canal de comunicación con las trasnacionales, con el nombramiento de Rex Tillerson (exCEO de Exxon), por ejemplo, a pesar de sus amenazas de campaña de retirar a EE.UU. del TLCAN -al que ahora apuesta a renegociar en términos más beneficiosos para el gigante del norte-. Es evidente que sus relaciones con el mundo corporativo serán prioritarias para su administración, y un punto de apoyo ante la crisis del bipartidismo estadounidense y el repudio que concita en algunos sectores al interior de Estados Unidos.

Qué une a Trump y a Slim

Más allá de desavenencias que se expresaron sólo en discursos públicos, lo cierto es que ambos encarnan a la clase dominante, la que es propietaria de los medios de producción. Pero resulta que son de los miembros más poderosos de la misma.

La crisis desatada por las contradicciones extremas a las llevó la globalización (a través de los planes neoliberales), implica el sometimiento de millones a la miseria más extrema y la pauperización de amplios sectores de masas. El patrón de acumulación implementado desde la década de 1980 hasta ahora entró en crisis. El traslado de plantas industriales a países donde los salarios eran más bajos que en Estados Unidos, los ataques contra conquistas de la clase obrera estadounidense, la superexplotación de los migrantes, todo eso se transformó en un cóctel explosivo que socava las condiciones para la subsistencia de la clase trabajadora.

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Es así que los magnates más poderosos del mundo buscan una salida. Que beneficie a ellos y a su clase, que vive en el lujo y la ostentación a costa del sudor y el esfuerzo de la clase trabajadora internacional.

Y su salida es buscar nuevos y mejores mecanismos para aumentar la tasa de explotación de la clase trabajadora. ¿Cómo pretenden hacerlo? Con la reducción aun mayor de los salarios, las prestaciones, y la extensión de la jornada laboral, como ensaya Slim en sus empresas. También el avance en la expoliación de recursos de países como México en beneficio de las grandes trasnacionales, como se está dando con la subasta de los campos de hidrocarburos y el vaciamiento de Pemex.

Contra la alianza reaccionaria de los multimillonarios, es necesario forjar otra alianza. La de la clase trabajadora y los sectores populares. Para enfrentar las deportaciones y la precarización laboral. Para frenar los megaproyectos y la militarización. Dejando atrás las divisiones creadas por la clase dominante y sus ideólogos, por color de pie, por género, por nacionalidad. Sólo la fuerza de los de abajo puede impedir el ataque están preparando Carlos Slim y Donald Trump.

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