La fuerza política que se referencia en la expresidenta teje acuerdos con referentes del llamado peronismo federal. Aquí un repaso somero de algunos de esos entuertos, forjados al calor de la “unidad contra Macri”.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Martes 19 de febrero de 2019 23:52
En agosto de 2016, Carlos Verna pidió la expulsión de Daniel Scioli del PJ. ¿Razones? Sólo una. Haberse fotografiado con Cristina Kirchner apenas tres días antes. La furia del gobernador pampeano llegó a los medios y se convirtió en noticia.
Casi una eternidad parece haber transcurrido desde aquel entonces. En este febrero caluroso el peronismo se muestra unido en la provincia que, a pesar del refrán, escasea en ombúes. Sergio Ziliotto, el diputado que saltó a la fama por su repentino giro en la discusión sobre el aborto, será el candidato de una fórmula consensuada. El kirchnerismo ocupará, según los comunicados de prensa, un “lugar expectable”.
De “traidores” y reconciliaciones
Cristina Kirchner encabeza la cruzada para consensuar listas comunes en todos los ámbitos provinciales. Aquellos que fueron llamados “traidores” aparecen hoy como su reverso: compañeros “leales” con los cuáles construir unidad. Poco importa que hayan sido parte fundamental del mecanismo de la gobernabilidad macrista.
En el toma y daca se adivina la intención de canjear apoyos, mirando hacia una eventual candidatura presidencial en agosto y octubre próximos. Bajo el apotegma de la “unidad contra Macri” la construcción de alianzas suma a todo aquello que se cruce en el camino o emerja a la vera del mismo. Un repaso por algunos de esos contubernios sirve de ilustración.
Volvamos a La Pampa. Hace casi dos meses el nuevo aliado del kirchnerismo, Carlos Verna, decidió que los docentes de los programas socioeducativos no cobrarían sus salarios en enero, febrero y marzo. Se trata, en los hechos, del despido de casi 500 trabajadores y trabajadoras.
Una vaga promesa de reapertura de los programas ondea en el horizonte. Mientras tanto, se mantienen los reclamos, desoídos constantemente por los nuevos referentes de la “unidad anti-macrista”. A los aliados del kirchnerismo parece preocuparles poco la educación pública. Menos aún quienes la sostienen.
Amistades sojeras y golpistas
Si de negociar y conceder se trata, el kirchnerismo litoraleño no se queda atrás. La provincia de Santa Fe acaba de presenciar el acuerdo entre las huestes que responden a la expresidenta, el peronismo sojero de Perotti y referentes del reutemismo. Al frente Juntos ingresó también el Frente Renovador de Sergio Massa.
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La flamante entente reúne aliados de las grandes patronales del campo, defensores de la avanzada golpista en Venezuela y a un sector que se presenta bajo banderas progresistas. Aquí el componente unitario permite dejar atrás todo tipo de diferencias. Poca importancia tiene que uno avale o no las políticas imperialistas de un Donald Trump. Desde aquí se entiende mejor, también, el prolongado silencio de CFK sobre lo que ocurre en el país de Nicolás Maduro.
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En el TEG kirchnerista Entre Ríos también ocupa su lugar. Allí el acuerdo se cerró con Gustavo Bordet, un mandatario que pivoteaba cerca de Alternativa Federal, tras haber sido aliado fuerte de la gestión macrista.
Hace apenas un año, luego de que sus diputados avalaran la regresiva reforma previsional en el Congreso Nacional, Bordet partió en viaje junto a Macri a la caza de la fantasmagórica “lluvia de inversiones”. A su lado viajaba otro gobernador peronista: Juan Manuel Urtubey. El nombre exime de mayores explicaciones.
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El sur también existe y es tierra de negociaciones
En menos de un mes Neuquén celebrará elecciones. Serán las PASO para gobernador. En aquellas tierras, el derechista MPN reina desde hace décadas, habiendo convivido a nivel nacional con peronistas, radicales, macristas y genocidas.
Además del Frente de Izquierda, que postula al trabajador ceramista Raúl Godoy, Cambiemos apuesta al eterno intendente de Neuquén, Horacio “Pechi” Quiroga. Por su parte, peronismo y kirchnerismo marchan juntos bajo las órdenes de Ramón Rioseco, ex intendente de Cutral Có.
El 21 de agosto de 2015, en un reportaje radial, Rioseco afirmó "soy muy pragmático a la hora de construir estrategias políticas, pero a la hora de gobernar usted quédese tranquilo que yo soy más de izquierda que el Che Guevara".
La comparación, forzada al infinito, servía para justificar el acuerdo celebrado con Horacio Quiroga y el PRO. Haciendo propia aquella sentencia de Groucho Marx que reza “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”, Rioseco no dudó en presentarse -con diferencia de apenas tres semanas- como candidato junto al kirchnerismo y junto al macrismo. Un hombre versátil, por decirlo de manera amable. Un tránsfuga político para hablar sin tanto cuidado.
En aquel entonces, el kirchnerista Javier Bertoldi lo tildó de “microbio y traidor". Pero…los tiempos cambian y el ahora candidato a intendente por Centenario se enorgullece del acuerdo electoral. “Estamos muy bien, con muchas posibilidades”, razona feliz ante los medios.
El historial de Rioseco no se reduce a su transfuguismo político. Su gestión al frente del municipio de Cutral Có no será recordada precisamente por su apego a los derechos de los trabajadores. En agosto de 2016, varias decenas de trabajadoras precarizadas protestaron frente al municipio que gestionaba su hermano José. Ricardo, que lo había antecedido en el cargo, era el primer concejal.
El reclamo era sencillo: dejar de percibir los miserables $ 4.000 que recibían mensualmente. En aquel entonces, para que sirva a la comparación, el Salario Mínimo, Vital y Móvil era de $6.810. El actual candidato a gobernador se reunió con las trabajadoras y ofreció un miserable aumento de $ 500. Como resulta lógico, el reclamo continuó.
Antes de abandonar el sur de la nación, señalemos que el kirchnerismo también intentó negociar con Mariano Arcioni, el reaccionario gobernador de Chubut que pretende avanzar en la expulsión de inmigrantes por el simple hecho de tener antecedentes. Si el acuerdo no cuajó fue, esencialmente, por la negativa del mandatario.
De sur a norte, el puro oportunismo cruza el país
"Fui ministro de Cristina Kirchner 6 años. Creo haber cumplido con la misión que me encomendó en el área de Salud. Estoy orgulloso del trabajo que hicimos".
El despliegue de orgullo está a cargo de José Manzur. El hombre que gobierna la provincia de Tucumán busca afanosamente la simpatía del kirchnerismo en pos de su reelección. Desde el espacio que responde a la ex presidenta también se celebra al gobernador. Demostrando una simpatía exultante, el kirchnerista José Vitar escribió hace poco en su cuenta de Twitter “aplaudo la inteligencia y grandeza política de Juan Manzur y Congreso del PJ, habilitando mecanismos de democracia interna para elegir la fórmula del Frente Justicialista Tucumán”.
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Más allá que habrá competencia electoral, la buena sintonía es evidente y se pondrá de manifiesto a la hora de las elecciones generales. El damnificado parece ser el ex gobernador José Alperovich, que se vio obligado a retirar de las redes sociales un video donde se lo veía compartiendo espacios con la ex presidenta.
El re-acercamiento a Manzur es el acercamiento a un convencido defensor del aborto clandestino. En 2018, mientras el país era barrido por la marea verde en reclamo del derecho al aborto, el gobernador declaraba a Tucumán como “provincia pro-vida”.
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Viejos nuevos aliados
Caminando hacia las urnas en este 2019, el kirchnerismo repite en el llano el movimiento político que supo construir cuando ocupaba el vértice del poder estatal.
Las alianzas con sectores derechistas no son novedad en su estrategia política. Los años de gestión al frente del Estado nacional presenciaron acuerdos duraderos con figuras como Gildo Insfrán o Juan Manuel Urtubey.
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Esos acuerdos permanentes configuraron parte central de la realpolitik kirchnerista. El relato ligado a los derechos humanos y los discursos sobre la soberanía nacional convivieron en un mismo armado con gobernadores de estilo feudal, barones del conurbano y, obviamente, burocracia sindical de todo tipo, color y tamaño.
La política actual, hecha desde abajo, marca una sola diferencia fundamental. La batuta discursiva está en manos del peronismo más conservador. Las (pocas) banderas progresistas que aun flameaban fueron arriadas en aras de la “unidad contra Macri”. No sea cuestión de asustar a los nuevos viejos aliados.

Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.