El libro de Jorge G. Castañeda Gutman, “Sólo así: por una agenda ciudadana independiente” se ha instalado en los tiempos de la carrera rumbo a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México y las elecciones en 14 estados del país. Aunque es incipiente la experiencia de las candidaturas independientes en el país y más aún en el caso de la experiencia para elecciones presidenciales, el autor traza algunos lineamientos del terreno político rumbo al 2018.
Sábado 4 de junio de 2016
Desde su publicación en febrero de 2016, han sido variadas las observaciones y posiciones generadas sobre el contenido del libro de Jorge Castañeda, las cuales vienen acompañadas de críticas que pareciera confundir -a ventaja del autor- la promoción del libro como una campaña política, para destapar sus intenciones de presentarse como candidato a las elecciones de 2018.
El otrora aspirante a la presidencia de la república en 2012 y ex secretario de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Vicente Fox, no ha escapado tampoco a las críticas sobre las polémicas apariciones sociales difundidas por periscope, donde el autor del libro luce muy bien acompañado de la clase política de la que se autodenomina ser crítico asiduo.
Los tres “pactos”
Su libro resulta ser un atino en el señalamiento sobre la poca o nula preocupación de generar espacios públicos de debate y de presentación de proyectos políticos. Desde iniciada la campaña política para las elecciones de la Asamblea Constituyente, el Instituto Nacional Electoral (INE) se ha creído su papel de convocante al “debate”. Sin embargo, el formato hasta el momento desplegado por la institución no ha dado cabida a este tipo de ejercicio político.
Como señala el autor, este debate consiste en cómo construir y desarrollar una “agenda ciudadana independiente”, ligada a una trayectoria y práctica política de quienes encabecen nuevos proyectos políticos en la escena nacional. En ese tenor de ideas el libro brinda una lectura de las principales características que han marcado los cuatro años de gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN), tomando como preámbulo el cierre del gobierno panista de Felipe Calderón y lo que el autor denomina los “pactos políticos” que se establecieron desde la cúpula del poder.
Según Castañeda existen tres diferentes “acuerdos políticos” orquestados desde la cúpula de poder, para señalar el impasse político que marcó gran parte del 2015. El primero, el Pacto por México que consolidó la aprobación de las reformas estructurales, involucrando a los partidos de la “oposición” perredista bajo la latente amenaza de escisión del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que lideró López Obrador.
Este hecho, afirma el autor, no sólo devino en el debilitamiento de Acción Nacional, sino que ensanchó aún más las grietas al interior de ese partido, dejando como secuela la evidente minoría en el Congreso de esa bancada. Segundo, que como producto de esta debilidad dentro del PAN, el gobierno de EPN pactó a su favor con la fracción dirigida por Felipe Calderón. Tercero, el Pacto del EdoMex, que acotó la candidatura de Josefina Vázquez Mota para favorecer la de EPN en las elecciones de 2012.
Sin duda, la fórmula pactista de Calderón y Peña Nieto han dado como resultado una manufactura de continuidad en la política de ataque a los derechos y conquistas de la clase trabajadora, a través de la aplicación del paquete de reformas aprobadas en el último periodo. Su resultado ha acentuado la impunidad y la corrupción, cuyos elementos son denominados por Castañeda como los “grandes surtidores del descontento mexicano”.
Cierto es entonces que esta lectura confirma el hartazgo social y la crisis de representación política expresada en las elecciones del 6 de junio de 2015, donde algunos sectores del movimiento social hicieron el llamado al boicot, al abstencionismo electoral o desde otras visiones relacionadas con la construcción de una alternativa de organización independiente, también al voto nulo.
Divergencias
La lectura resulta incompleta si no se consideran los efectos de la actual crisis económica internacional, donde estas reformas juegan un papel recolonizador para países como México. Alrededor del globo esta política ha dejado graves secuelas en materia de derechos laborales, implementando ajustes y recortes en rubros claves como educación, jubilaciones y salud.
La primera y necesaria diferencia con la visión de Castañeda, es la mención superficial y nada casual de este elemento para considerar un acierto de EPN la aprobación de las reformas estructurales. Según el autor, no se trata de un problema sobre el cómo y la aprobación de esas reformas, sino “el costo y el efecto retardado de las mismas; sin aprovechar para esbozar brevemente los “aciertos” de esas reformas, el ex canciller señala que éstas eran más que necesarias y “debieron aprobarse mucho antes”.
Acentuándose cada vez más la corrupción y la impunidad como sello inherente de las instituciones, los partidos al servicio de los empresarios y del conjunto del régimen mexicano ¿es válido asumir como acierto del gobierno, la aprobación de la reforma energética? La postura de Castañeda tiene el mérito de dilucidar que en materia de proyectar un programa o agenda política, no se puede ser juez y parte a la vez.
Los efectos del paquete de reformas, contrario a lo que Castañeda afirma, ya vienen mostrando graves secuelas. Han sido los despidos masivos dentro de Petróleos Mexicanos (Pemex) como en Coatzacoalcos, siguiendo una cadena de catástrofes como la reciente explosión que dejó cientos de trabajadores muertos en la planta petrolera de Pajaritos en Veracruz o casos similares en Campeche y Tabasco, donde además se han desnudado las precarias condiciones de seguridad de miles de trabajadores en activo. La impunidad y corrupción que dice criticar el autor es la columna vertebral con la que se han implementado a raja tabla las reformas del gobierno priísta de EPN y dictadas por el imperialismo estadounidense.
Son esas superficialidades las que llaman la atención en la lectura de Castañeda, y sin embargo, la intención está muy lejos de parecer ingenua. Menciona la importancia de considerar ese factor en el escenario actual, pero su enfoque está más encaminado a desarrollar un agenda para inducir sufragios.
Agenda independiente o Independencia de clase
Por una parte, Castañeda ha insistido en la idea de llevar adelante una única candidatura independiente a las elecciones de 2018 donde propone “la convergencia de una parte de la sociedad civil organizada -o candidatura independiente- en alianza a una candidatura partidista”. En este sentido, el proceso de Asamblea Constituyente de la Ciudad de México ha sido una expresión clara de cómo puede servirle a los partidos políticos tradicionales un proceso amañado, cuyos pilares se sostienen en la antidemocracia.
El proceso de campaña política tanto de la Constituyente, como el resto de los estados donde se efectuarán elecciones este 5 de junio han destapado de manera cínica la falsa independencia política de esas candidaturas sin registro como partido político, funcionando como incubadoras de políticos al servicio de empresarios poderosos y magnates, ex priístas y grupos aliados al narcotráfico.
Recurren a las coaliciones entre fuerzas políticas han facilitado el camino para que esos sectores que hoy están en el poder sigan haciéndolo en total impunidad, sobreponiendo las aspiraciones de esos “viejos lobos de mar” tras una fachada nada inocente. Castañeda menciona la importancia de no diluir el voto con su propuesta. No obstante, el mecanismo de las instituciones y del conjunto del régimen ha sido en todo caso el de brindar un trampolín a los políticos de siempre, dirimiendo supuestas “rivalidades” para ganar la legitimidad que ha venido cuestionado el conjunto de la población en el último periodo.
La posición de los socialistas del Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS), ha sido en primer lugar la de denunciar el proceso amañado y antidemocrático de esta convocatoria, heredera del Pacto por México y del conjunto del régimen mexicano.
Contrarrestando la lógica sugestiva de Castañeda, sobre la idea de canalizar el descontento hacia una candidatura independiente pero en alianza con la misma clase política en el poder, los impulsores de la candidatura Anticapitalitas a la Constituyente, decidimos participar en el proceso bajo los principios de la independencia política de clase. Llevando las demandas de las mujeres, los trabajadores y la juventud a espacios donde no han sido planteados y consientes de que la lucha por su conquista hasta el final deberá continuar en las calles.
En este sentido, la tarea de esta campaña política ha sido la agitación de las demandas más sentidas por el grueso de la población, bregando por una herramienta política al servicio de la clase pobre y explotada de la ciudad, desenmascarando sobre la base de la experiencia viva, la realidad y el peligro de las falsas ilusiones reformistas depositadas en los partidos al servicio de los empresarios o incluso en las que pudieran generar las candidaturas independientes.
Así, consideramos que la pugna ante este debate es la de tomar partido ante la pelea por no cederle a la vieja clase política, nuestro legítimo derecho a la participación dentro de la vida política de la ciudad. Al mismo tiempo que consideramos y advertimos desde el inicio del proceso, la indispensable lucha por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana basada en la movilización de los trabajadores y el pueblo pobre, donde podamos discutir de manera libre y democrática todos los temas que nos aquejan.
Sabemos que los empresarios defenderán sus privilegios y que nosotros no podemos confiar ni un ápice en las instituciones y su democracia para ricos, por ello creemos que la clase trabajadora, las mujeres y la juventud se merecen la emergencia de una nueva organización de izquierda y revolucionaria que se prepare para sacudir a la actual clase política en el poder desde sus cimientos, con la ruta de la organización y la movilización en las calles.