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Red Internacional
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DIVERSIDAD SEXOGENÉRICA. SororaLES: comunidad lésbica tomó las calles de Guadalajara por 7º año consecutivo

El sábado 25 de marzo de 2017 se llevó a cabo la 7ª marcha lésbica; convocada por el Colectivo Lésbico Tapatío (COLETA). Alrededor de las 17 hrs se dieron cita en el andador Escorza, diversas voces, sentimientos y miradas.

Martes 28 de marzo de 2017

Al paso de los primeros minutos comenzaron a llegar algunas grupas y organizaciones lésbicas principalmente. Los rostros pintados de color morado llamaban la atención de asistentas y observadoras, evocando, tal vez, las marcas de una violencia sistemática encarnada en los cuerpos femeninos.

La denuncia de un régimen que reproduce y consolida una dinámica heteropatriarcal, misógina y asesina, fue el eje de las primeras palabras compartidas con quienes estábamos ahí. Las voces se agolpaban una a una en los recuerdos y miradas presentes, constituyendo un llamado a dejar el silencio cómplice que muchas veces acompaña nuestro actuar.

Fueron narradas historias que son muestra de una violencia institucionalizada desde antaño y profundizada por el régimen capitalista en que vivimos. Se leyeron poemas en donde con cada rima y acentuación se mostraban las historias de resistencia y lucha cotidiana. Se cantaron consignas, construyendo melodías que despertaron en las cuerpas una solidaridad entrañable.

En cada mirada cruzada, en cada palabra dicha, en cada silencio; se fueron demostrando las consignas acalladas por las voces que reproducen al patriarcado. Y la avenida Juárez se invadió de aquellas a quienes se pretende invisibilizar: mujeres lesbianas, transexuales y politizadas, dispuestas a postrarse frente aquellos ojos que las niegan de su panorama.

Conforme avanzábamos se fueron uniendo algunas otras solidarias, hasta conformar un contingente de alrededor de 200 personas. Cuerpos transgresores de un orden que se pretende hegemónico y que se resignifica en cada acción, cada broma y cada comentario machista y lesbofóbico.

Los transeúntes recorrían nuestro camino con sus miradas y comentarios. No faltó quien al arropo del anonimato escupió alguna frase que mostraba en cada palabra el odio expreso de una violencia masculina arraigada: “Regrésense a la cocina” vociferó un joven rodeado por sus cuatro amigos hombres que se reían mientras aquel se escondía después de emitida su agresión.

Y nosotras, tan decididas a no ser cómplices de la vorágine de violencia seguimos nuestro paso firme. Convencidas que los derechos no se ruegan ni se negocian, se exigen.

Alrededor de las 19:30 llegamos a la plaza Liberación, donde con gritos y sonrisas se celebró el que una vez más la rabia y dignidad lésbica se hayan impuesto al miedo y violencia heteropatriarcal.