Un polémico artículo en The Telegraph. El “día después” y la negociación de un nuevo rescate a cambio de recortes. La izquierda de Syriza y su impotencia.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Viernes 10 de julio de 2015
Fotografía : Reuters
Una tragedia digna de Eurípides
En un artículo publicado el martes 7 de julio en el diario Británico conservador The Telegraph, el analista Ambrose Evans-Pritchard afirma que el primer ministro griego, Alexis Tsipras, en realidad tenía la intención de perder el referéndum.
La afirmación de Evans-Pritchard es unilateral y no la compartimos, pero resulta interesante para reflexionar sobre la política del gobierno griego y las relaciones con la UE.
Como una tragedia de Eurípides, dice Evans-Pritchard, el enfrentamiento entre Grecia y los acreedores europeos está llegando a un final de cataclismo, que nadie planificó pero del cual parece que nadie puede escapar. En el camino, amenaza con hacer añicos el “gran orden europeo”.
La afirmación más polémica de periodista británico, sin embargo, es su argumento de que el primer ministro Alexis Tsipras nunca esperó ganar el referéndum del domingo. Llamó a la consulta, sostiene, con la expectativa y la intención de obtener una "derrota honorable", y salir del gobierno con la frente en alto, dejando a otros la difícil tarea de implementar el "ultimátum" del 25 de junio, sin tener que “sufrir el oprobio”. Dice que el gobierno llamó al referéndum presionado in extremis por la Troika, que no le dejó otra opción, pero que después del domingo Tsipras se encuentra “atrapado en su propio triunfo”.
A continuación cita las palabras de un representante del ala izquierda de Syriza, Costas Lapavitsas, quien aseguró que "el referéndum tiene su propia dinámica. La gente se rebelará si [Tsipras] vuelve de Bruselas con un mal acuerdo". "Tsipras no quiere tomar el camino del Grexit, pero creo que se da cuenta de que ahora es lo que le queda por delante", agregaba este referente de la Plataforma de Izquierda en Syriza.
El artículo se refiere también a las grandes contradicciones en el discurso de los líderes de la UE, que la semana anterior afirmaban que un triunfo del NO significaba de forma casi automática una “salida de Grecia del Euro”, y que después retrocedieron, buscando imponer un acuerdo duro, pero sin Grexit.
Finalmente, da cuenta de las tensiones dentro de la UE, entre el sector más afín a la política de buscar una “solución” para Grecia dentro del euro (que incluya una reestructuración de la deuda + austeridad), encabezada por Francia e Italia (con el beneplácito de Estados Unidos, en verdad el principal impulsor de esta política), frente al “ala germana” que se niega hasta ahora a una reestructuración, presionada por un sector del Bundestag que prefiere un Grexit antes que flexibilizar sus condiciones.
El artículo es polémico y la afirmación de que Tsipras quería perder el referéndum difícil de sostener. Sin embargo, hay que preguntarse qué elementos “de verdad” puede haber detrás de estos argumentos.
A mediados de la semana, pocos días después de lanzar el desafío del referéndum, Tsipras volvió sobre sus pasos y ofreció una negociación a la UE, con una propuesta que aceptaba gran parte de las condiciones que había rechazado unos días antes y, como dijeron públicamente varios de sus ministros, si era aceptada podía llevar a un levantamiento del referéndum.
La respuesta desde Bruselas y Berlín no se hizo esperar, rechazando la jugada y buscando un triunfo “todo o nada” en la consulta del domingo, apostando por un triunfo del “SI” que hiciera caer, o al menos tambalear, al gobierno de Syriza.
Las “idas y venidas” del gobierno durante esa semana, proponiendo un acuerdo que incluía medidas de austeridad por la mañana, mientras por la tarde llamaba a un gran “NO” por TV, podían llevar a un debilitamiento de la posición del “NO” en el referéndum. Las encuestas anunciaban una elección muy reñida.
El “factor inesperado”
Lo que no esperaban en Bruselas era que el “NO” obtuviera un triunfo abrumador. Pero tampoco lo esperaba Tsipras.
El “factor inesperado” para todos los actores fue la profundidad del descontento social, que a pesar de la ofensiva campaña reaccionaria de la Troika y las vacilaciones constantes del gobierno, dio lugar a un fuerte triunfo del “NO”.
En las urnas se expresó, con todas las limitaciones del propio sistema plebiscitario y la ambigüedad sobre la pregunta, un rechazo a la prepotencia de la Troika y el hartazgo social tras 7 años de crisis. Un voto que dibujó un mapa de clase, arrasando en los barrios obreros y populares.
El triunfo fue festejado por el pueblo griego y obviamente por el Gobierno. Pero da la impresión de que Tsipras hubiera estado más cómodo con un triunfo más humilde y con menos margen sobre el “SI”. Esto es porque sus planes, que ya había explicitado antes del referéndum, era utilizar un resultad favorable para relanzar las negociaciones y acordar un plan de austeridad un poco más moderado que el exigido por la Troika.
En efecto, al día siguiente del triunfo del “NO”, Tsipras buscó descafeinar su contenido, declarando que no había “ni vencedores ni vencidos” y llegando a un compromiso con los partidos de la oposición de derechas en Grecia, que hicieron una furibunda campaña por el “SI” de la mano del imperialismo europeo y fueron los grandes “derrotados” de la elección.
La gran contradicción del resultado, es que fortalecido por ese triunfo, el “día después” del masivo OXI Tsipras empezó a trabajar por un nuevo acuerdo que incluye varias medidas a las que millones dijeron NO el domingo, como el recorte de las pensiones o el aumento de impuestos.
El plan de reformas que envió Tsipras aún debe ser ratificado por el Eurogrupo. Es una incógnita cómo se recibirá en Grecia, y especialmente cómo lo tomarán los sectores críticos dentro y fuera de Syriza.
La izquierda de Syriza
Sobre esta cuestión, el artículo de Evans-Pritchard merece también otra reflexión. Las palabras antes citadas de uno de los referentes del ala izquierda de Syriza, Costas Lapavitzas, muestran una excesiva confianza en que Alexis Tispras, "obligado por las circunstancias" y presionado por el resultado del referéndum, tomaría el rumbo que ellos consideran mejor, que es una ruptura con la Troika y el euro, en función de un plan de "recuperación de la industria nacional".
El ala izquierda de Syriza tomó la campaña por el “NO” como una “batalla decisiva”, con el objetivo de presionar al gobierno hacia la ruptura con la Troika. El 6 de julio, DEA publicó un comunicado llamando a Syriza a tomar medidas contra la austeridad y “cumplir al mandato” del “NO”.
Un día después, Antoni Ntavanellos, dirigente de DEA dentro de Syriza, escribió en un artículo diciendo que "el realismo a no importa qué precio conduce a una reconciliación incomprensible y sorprendente entre los ganadores y perdedores del referéndum." Y cuestionó la reunión entre Tsipras y los líderes de la oposición parlamentaria: "no solo resulta artificial y arbitraria, sino contra natura, tras la polarización de clases expresada en el referéndum".
A tres días del referéndum y a las puertas de un acuerdo con la Troika para un tercer plan de rescate, en el que el gobierno griego acepta todas (o casi todas) sus imposiciones, la política de generar ilusiones en que se podía cambiar el rumbo del gobierno desde adentro de Syriza se ha mostrado completamente impotente.
Lo que está ausente en la estrategia de la izquierda de Syriza es una política independiente para desarrollar ese “factor inesperado” que podría cambiar el rumbo de la situación en Grecia, es decir la movilización social obrera y popular.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.