Entrevista a Ermengol Gassiot, secretario general de la CGT Catalunya, sobre el estado del movimiento obrero, la izquierda sindical y la situación política.
Jueves 20 de abril de 2017
Foto: ID.es
Entrevistamos a Ermengol Gassiot, secretario general de la CGT Catalunya en el departamento de arqueología de la UAB, donde trabaja como profesor contratado. Repasamos con él la situación de la clase trabajadora después de más de 8 años de crisis, el estado del movimiento obrero, la izquierda sindical y las luchas que diferentes sectores de trabajadores y trabajadoras han protagonizado en los últimos años. Una interesante charla en la que también conocemos su crítica visión sobre los nuevos fenómenos políticos surgidos en este período en el Estado español y Catalunya y su relación con las reivindicaciones de la clase trabajadora.
¿Como ves la situación de la clase trabajadora a ocho años del inicio de la crisis capitalista en el Estado español?
Podríamos citar un montón de retrocesos de la clase trabajadora y sus condiciones de vida: incremento de la precariedad, facilidad de despido, flexibilización de las condiciones laborales, destrucción de convenios colectivos a partir de negociaciones bilaterales,... Lo que ha sucedido ha permitido a una serie de gente que antes no tenía una excesiva conciencia de clase trabajadora como tal, que ahora sea consciente de alguna forma de la explotación que vive. El precariado se ha incrementado y hay un endurecimiento de las condiciones laborales. La mayoría firmaría ahora mismo ganar mil euros y hace ocho años ser mileurista era ser altamente precario.
¿Cual es tu valoración del nivel de organización y de lucha, que se ha vivido en estos ocho años en el marco de este retroceso del que estabas hablando?
Desde la óptica de los grandes sindicatos, CCOO y UGT, el balance de la movilización es muy triste. Sobretodo teniendo presente las dimensiones del ataque, no solo de los gobiernos del PP, sino desde que ZP tirara una serie de medidas de ajuste liberal sobre los trabajadores. Uno tiene la sensación de que las huelgas generales de 2010 y 2012 han sido un poco “porque tocaba”. Además, los índices de conflictividad laboral no han parado de bajar. Yo me planteo si el ligero incremento de la conflictividad en 2012 tiene más que ver con el auge del 15M que no por las direcciones de esos grandes sindicatos.
Si bien es cierto que los sindicatos alternativos o más combativos no hemos tenido la capacidad de desarrollar marcos de conflicto globales, en CGT desde 2010 iniciamos y estuvimos debatiendo la posibilidad de convocar huelgas generales en solitario,en Catalunya hicimos una el 27 de enero de 2011, y la cruda realidad es que ahora mismo no somos organizaciones lo suficientemente extendidas en los centros de trabajo como para poder plantear una escalada de este nivel. Pero sí que hemos podido ver que en esas convocatorias de huelgas generales hemos tenido la capacidad de tomarles un poco el espacio a quienes las convocaban. Las manifestaciones de bloques alternativos que hubo en 2012 superaron en número a las oficiales. Tuvimos la capacidad de exteriorizar el conflicto de una forma que el sindicalismo mayoritario no quería. Descontrolamos lo iniciado como una convocatoria dirigida a mantenerse en unos cauces.
Y en determinados sectores ha habido la capacidad de abrir pequeños frentes de batalla. Pero además, ha habido huelgas y conflictos como las subcontratas de Movistar o el Sindicato de Manteros, entre otros espacios, que no los está capitalizando ese bloque sindical. Eso es esperanzador en la medida que se sale de los parámetros del sistema.
¿Cuales serían para ti los principales obstáculos que han actuado como palos en las ruedas para que no se pudiera dar una respuesta a la altura del ataque que se está viviendo?
Yo creo que el modelo sindical imperante esta recogiendo sus propios frutos. Es algo que se diseñó en el Estado español en la segunda mitad de los ’70. La descapitalización de los conflictos obreros en la medida en que se genera una burocracia sindical que de alguna forma asume la delegación de esos conflictos. Si a eso le añadimos que en las grandes empresas donde esos sindicatos tienen fuerza hay una cierta conciencia de privilegio en relación a lo que ocurre en el mundo de la precariedad, vemos la dificultad que han tenido los sindicatos para articular algo más allá de movilizaciones de delegados.
De alguna forma lo que estamos viendo es la debilidad o el crepúsculo de dos aspectos del modelo sindical imperante. El primero es la profesionalización del sindicalismo ajeno al movimiento obrero, casi como una gestoría de personal. El segundo aspecto es la apuesta constante por la concertación. En un momento en que se ha acostumbrado a que el sindicalismo se ha vendido en la busqueda de acuerdos “satisfactorios” para los trabajadores, cuesta mucho entender a los sindicatos como un espacio de conflicto. Sobretodo cuando la ofensiva del capital no busca acuerdos, busca derrotas. El sindicalismo no ayuda a conseguir un buen acuerdo, el sindicalismo es una herramienta de organización de los trabajadores para enfrentarnos al capital.
¿Que luchas o procesos novedosos han dejado también estos ocho años que se puedan tomar como cabecera de playa para poder remprender la lucha?
Yo diría que no ha habido un gran conflicto bandera durante este periodo. Ha habido muchos conflictos diferentes, con lo cual no hay ninguno que ejemplifique de forma global lo que yo espero que sea la recomposición del movimiento obrero. Un conflicto relevante fue la huelga de Panrico. Terminó en derrota, pero tuvo un valor simbólico como fábrica alzada en huelga y en contra de las cúpulas de los sindicatos. En el otro extremo podríamos tener por ejemplo la huelga de las subcontratas de Movistar. Los trabajadores externalizados se organizan a partir de asambleas de trabajadores y surge lo que sería el germen de la democracia obrera. Deciden abrir un conflicto con una combinación de asambleas y de acción directa y en la medida en que se vuelven impredecibles, tienen cierta capacidad de incidencia.
Entre esos dos extremos podemos encontrar la organización de las empresas de telecomunicación como HP y otras. Han tenido capacidad, en un sector muy individualizado, de crear una cierta conciencia de clase. Otro elemento interesante es la externalización de la lucha y la búsqueda de solidaridad. Un conflicto laboral no puede ser solo un tema de la gente contratada por esa empresa, sino que es un tema externo, de la empresa de al lado y de los vecinos y vecinas del lugar donde se lleva a cabo el conflicto. En ese aspecto está habiendo casos que están fortaleciendo la organización laboral de base territorial.
¿En qué medida la crisis del sindicalismo tradicional se ha expresado en el último ciclo de elecciones sindicales? ¿Se van perdiendo posiciones por su parte? ¿Va avanzando la izquierda sindical y la CGT en particular?
La CGT sube en general. Yo diría que es el sindicato, de los grandes, que más sube. Si lo medimos, por ejemplo, sobre lo que tenemos, hemos avanzado casi un 50% el número de delegados. ¿Eso pone en riesgo el bipartidismo sindical? No. De la misma forma que CGT sube, CCOO y UGT, pese a tener un ligero descenso en el porcentaje de delegados, mantienen grandes distancias con relación al resto. Eso se explica porque la ley orgánica de libertad sindical solo permite presentarse a elecciones en lugares donde ha habido elecciones convocadas previamente por parte de los sindicatos mayoritarios o mediante una asamblea de trabajadores en unas condiciones que son bastante difíciles de que se cumplan. Nosotros lo tenemos difícil allá donde no hay un tejido sindical previo.
También es cierto que donde hay un sindicalismo alternativo, generalmente en estas últimas elecciones ha subido. En la misma Universidad Autónoma de Barcelona, hace dos elecciones CGT era la cuarta fuerza, luego pasamos a ser la segunda y ahora somo la primera fuerza en el comité de profesorado.
Otro dato sintomático es que el Estado español es uno de los países de la Unión Europea donde menor tasa de filiación sindical hay. Eso es un problema. En este contexto CCOO y UGT reconocen que están perdiendo decenas de miles de afiliados en Catalunya y en el conjunto del Estado. Nosotros estamos aumentando y en los últimos tres años hemos pasado de más de doce mil a quince mil en Catalunya. ¿Son cifras satisfactorias? En absoluto. Tenemos que ser muchísima más gente.
En sectores más precarios, como por ejemplo Telepizza en Barcelona, si que se da más ese sorpasso o ese incremento de las fuerzas de la izquierda sindical.
Sí, en Telepizza fue espectacular. El problema es que ahora mismo son situaciones puntuales y deberíamos pensar en como extendemos eso. De todas formas, el incremento de la presencia sindical se puede medir de dos formas, en número de delegados y en la capacidad de estar presente en los conflictos que surgen. En CGT tenemos el 3% del total de delegados, pero del total de huelgas y conflictos laborales yo creo que somos el sindicato mayoritario, al menos en Catalunya. Con lo cual ¿El resultado electoral significa capacidad de movilización? Estamos viendo que no. Ahora no, seguramente en los años ’80 CCOO tenía una capacidad de movilización de la que ahora queda muy poco.
En el último congreso de la CGT de Catalunya se decidió vincular y tener un trabajo más dirigido hacia los sectores que sufren mayor precariedad y tienen más dificultades también para organizarse ¿Como va ese proceso?
Para nosotros la problemática era ¿Porque, siendo un sindicato que quiere hacer la revolución, es fundamentalmente el sector con mejores condiciones el que nos ven como herramienta? Ahí tenemos un problema. El sindicalismo que se ha construido en los últimos treinta años se ha centrado en gran medida en los mecanismos institucionales de mediación del conflicto entre trabajo y capital. Las herramientas del sindicalismo a finales de los ’90 ofrecía, fundamentalmente, elecciones sindicales y mesas de negociación. Eso no es satisfactorio para una parte cada vez mayor de la clase trabajadora ¿Qué pasa con aquella gente que trabaja en negro, aquella que no tiene contrato, la que está expulsada del mercado laboral porque no tiene trabajo o los que están rotando constantemente de un sitio a otro? En la medida, además, en que el capitalismo aprieta el acelerador y los espacios de negociación que reconocían se rompen, el segmento que no tiene esas herramientas para luchar es mucho mayor.
Yo creo que la reflexión que hicimos fue la de ampliar el abanico de herramientas para incidir en el conflicto entre capital y trabajo. Y eso implica buscar formas de lucha dentro de las condiciones de precariedad laboral y recuperar la calle. Recuperar medidas de fuerza y espacios de organización al margen de las delegaciones, del comité,...
A partir de 2013 han ido surgiendo también, a la par de un cierto retroceso de la movilización social post 15M, unos nuevos fenómenos políticos como Podemos. Aquí, en Catalunya hay mucha diversidad con los “comunes” o la CUP, que también ha tenido un ascenso importante en el último tiempo ¿En qué medida todos estos fenómenos políticos han afectado o han influido en la conflictividad y en particular en la conflictividad en aquellos sectores que hoy se encuentran que con quien tienen que negociar o atender sus reivindicaciones son justamente nuevos ayuntamientos, como el caso de Barcelona, que están gobernados por estas nuevas formaciones políticas?
El surgimiento de esos nuevos espacios políticos con los que, al menos yo personalmente y una parte de mi sindicato nos posicionamos cada vez con más escepticismo, refleja un cierto fracaso de la movilización y la confrontación fuera de las instituciones. De tal forma que un montón de compañeros, tanto de CGT como de movimientos sociales próximos, en algún momento vieron esa salida institucional como una salida para una movilización en retroceso y sin capacidad de plantear alternativa.
En 2011 si uno iba a cualquier bar, escuchábamos diagnósticos que en gran medida podemos compartir gran parte de la izquierda combativa. El problema es que no fuimos capaces de plantear una solución que fuera vista como creíble por la gente. Y la solución que fue vista, no se si como creíble pero al menos como un punto de ilusión, fue el asalto a los cielos por las instituciones de Pablo Iglesias, y que en Catalunya además, con una trayectoria diferente, también se expresa en el ascenso de la CUP en las instituciones. Y si a eso le sumamos un cierto cansancio y conciencia de incapacidad para, por ejemplo, plantear una huelga general al margen del sindicalismo mayoritario, tenemos un cóctel que no es muy bueno para la movilización.
Llevamos unos años con este proceso y en general no ha habido la capacidad para cambiar las instituciones ni el asalto al Congreso de los Diputados de Podemos. Tienen un grupo parlamentario grande pero para nada ha podido incidir en la formación de gobierno. En los ayuntamientos donde están gobernando, o incluso algunos ayuntamientos con participación de la CUP, no ha habido un cambio en la dependencia de las instituciones. Incluso algunos de esos ayuntamientos utilizan de forma intencionada a los movimientos sociales como colchón para frenar cierta conflictividad vecinal o laboral. En ese sentido yo creo que se está larvando un cóctel de frustración y descontento en determinados sectores.
No tengo datos, pero la intuición me dice que de la afiliación de CGT en Barcelona, un contingente grande votó a Barcelona en Comú, y me imagino que entre ellos muchos trabajan en empresas que dependen del Ayuntamiento. En menos de un año, y de forma masiva, estos trabajadores han realizado huelgas en metro, autobuses, socorristas, incluso ha habido movilizaciones en subcontratas dependientes del Ayuntamiento. Estos trabajadores en algún momento, seguramente, vieron con buenos ojos la llegada de Ada Colau y compañía al Ayuntamiento. En este sentido parece que el cambio ha sido más bien en aspectos superficiales y en las estructuras no se está notando mucho.
CGT escribió un comunicado crítico con la aprobación de los presupuestos del Govern de la Generalitat con el apoyo de la CUP. Tu mismo escribiste un artículo que hacia referencia sobretodo al apartado de educación ¿Qué balance tienes de este último capitulo de la política catalana y la aprobación de las cuentas?
Yo no hubiera entrado a discutir unos presupuestos que están regidos por una óptica liberal y capitalista porque entiendo que una opción que se proclama anticapitalista, de alguna forma, tiene que tener la capacidad de darle la vuelta y plantear otro tipo de funcionamiento diametralmente distinto. Cuando uno entra en esa lógica de discusión, se está haciendo unas cesiones ideológicas significativas ¿Dar apoyo a los presupuestos implica un compromiso con ellos? En cierta forma sí porque implica que tú decides una estabilidad alrededor de eso. Aunque se pueda decir que luego eso tienes condiciones externas, ya sea un referéndum, o lo que sea.
Lo más preocupante, para mí, no es tanto que se aprueben los presupuestos, sino el hecho de que un sector supuestamente que se define anticapitalista entra a funcionar a partir de la lógica dictada por el capital. Esos presupuestos para nosotros son negativos porque no tocan ninguno de los esquemas básicos del funcionamiento que hemos tenido en los últimos años. Además podemos ver que la partida que más aumenta es la de los Mossos d’Esquadra.
¿Que visión tienes de cuales son las vías para recomponer la clase trabajadora y los sectores más combativos de la izquierda sindical?
La primera, recuperar el conflicto, no solo en el sentido real, sino también en el sentido de reconocimiento ideológico. Los sindicatos somos organizaciones de batalla de la clase trabajadora. Nuestra herramienta es la organización colectiva y tenemos que pensar como capitalizarla. Tenemos que actuar de la misma forma con la que a nosotros nos coaccionan cuando nos dicen que, o aceptamos el articulo 41 o cerramos la empresa. Ahí estamos padeciendo una coacción diaria y frente a esto, nosotros tenemos que imponerle a la burguesía que tenga miedo de hacer determinadas cosas y que tenga que ceder.
Y segunda, yo creo que es importante recuperar los espacios asamblearios y romper con la cultura esa de que hay una gente que trabaja sindicalmente para mí y yo no me preocupo. No, la lucha sindical, la lucha por los derechos, es algo que tiene que implicar a cada trabajador y trabajadora. Para eso los sindicatos debemos romper aquellas inercias que frenan y buscar como construir estos espacios de participación.
Otro elemento importante es trascender de los espacios institucionales de lucha. Trascender de la legalidad. Por ejemplo, ahora mismo, para la mayoría de los sindicatos nuestro espacio de organización tiene que ver con la empresa. En ese sentido CGT aprobó en 2014 una propuesta de hacer secciones sindicales de polígono. En un lugar donde hay, por ejemplo, tres subcontratas trabajando, más unos servicios de limpieza y otra empresa, somos trabajadores que estamos haciendo funcionar ese lugar ¿Porque no establecer una organización que reconozca esa realidad? Y una vez planteado eso, hacer lo mismo a nivel territorial. En la medida que fortalezcamos un sindicalismo de base territorial podremos dar respuesta a aquella gente que vive en un lugar pero que está cambiando cada mes de trabajo. La realidad nos obliga a tener presencia en los espacios asociativos territoriales para poder buscar solidaridad.