El día lunes 17 de Diciembre ya llevábamos como dos semanas peleando todos los días en la calle. Desde que se bajó el paro de TCVAL y los de Ultraport quedamos solos en el paro, todos los días salíamos a la calle. Ese día incluso era medio fome porque no habíamos preparado nada y estábamos jugando pool, relajados en el sindicato.
Jueves 20 de diciembre de 2018
Tomamos la decisión de que íbamos a salir igual a la calle, para mantener encendida la lucha y que todos se dieran cuenta que no íbamos a parar noche y día. Pero la idea era prender el fuego y volverse al sindicato, no íbamos a pelear con los pacos ni nada.
Llegó un momento en que íbamos volviéndonos al sindicato, que algunos cabros empezaron a decir que había orden de desalojo y que los pacos iban a entrar. En el ajetreo de todo lo que pasaba, casi nadie le prestó atención a eso y seguimos intentando retroceder ordenados, cosa de poder quedarnos en el sindicato y que los pacos se fueran.
Pero llegaron como 4 buses de pacos. Llegó un momento en que nos dimos cuenta que en las 4 esquinas del sindicato habían operativos completos: zorrillos, guanacos, micros llenas. Estábamos entero rodeados y éramos pocos en realidad, no más de 50.
Entonces, llegó un momento en que decidimos entrar, bloquear el sindicato y quedarnos adentro.
Pero los pacos se bajaron de las micros, se formaron y comenzaron a avanzar al sindicato. Se pegaron a sus paredes y caminaban como pejesapos por las rocas, bien pegados y mirando para todos lados. Nosotros dimos la alerta y todos los que estábamos dentro nos dijmos que los pacos no iban a entrar.
Primero intentaron abrir la reja pacos a pie, pero recibieron una lluvia de piedras, fierros, escombros y de todo. Nosotros estábamos detrás de la reja, casi cara a cara, les gritábamos de todo y ellos tenían miedo. Los mirábamos a la cara y retrocedían, se daban órdenes entre ellos, avanzaban y volvían a retroceder. Los cabros en los pisos de arriba tenían un diluvio de cosas que caían.
Así que los pacos a pie se fueron, y ahí llegó el zorrillo que empezó a chocar directamente la reja, dimos la voz para arriba para que se prepararan a resistir en los otros pisos porque ya iban a entrar.
Cuando sacaron la reja y reventaron las puertas les seguimos peleando para que no entraran, pero llenaron todo de lacrimógenas. Siguió la pelea en el segundo piso, después en el tercer piso. Les bloqueamos las escaleras con mesas y sillas, pero seguían tirando gas. Ahí fue que subimos al techo.
Cuando estábamos en el techo lo primero que decidimos es que no nos iban a bajar. Íbamos a pelear hasta la muerte, todos estaban decididos a eso. Sabíamos que si nos atrapaban, la lucha se terminaba. No íbamos a dejar que eso pasara.
Mientras que todo eso pasaba varios compañeros dieron la voz de alarma a los demás sindicatos y a todos los que apoyaban, y los cabros que se habían quedado afuera empezaron a organizar más protestas en la calle.
Nosotros veíamos todo desde arriba, así que vimos cómo la calle se empezaba a llenar de más compañeros que salían de todos lados, por Errázuriz, por Blanco, por Cochrane, por todo el barrio puerto.
En un momento un compañero nos dijo que si nos pillaban nos iban a procesar por molotov, y eran al menos 5 años en la cárcel. Estábamos más que decididos, ninguno iba a caer. Además, nos llegó la información que habían detenidos y que los habían golpeado, que no habían pasado ni a constatar lesiones.
Hasta que un compañero gritó una noticia: ¡hay tres puertos parados!
Ahí nos dimos cuenta de todo: esto ya era un escándalo nacional. Ahí supimos que esto no se iba a quedar así y que ya iban a llegar a ayudarnos. Nos dimos cuenta de que todo dependía de nuestro aguante, y todo el caos que había se convirtió en algarabía, en la moral por el cielo, el pecho inflado como nunca. Abajo en las calles la lucha seguía.
Después llegaron más noticias: eran 7 puertos parados. Supimos que veían bajando universitarios a apoyarnos.
Acordamos el plan de salida: solamente íbamos a bajar con una negociación. No nos íbamos a bajar hasta que no hubiera ni un paco en el sindicato y un montón de gente viniera a recibirnos.
Veíamos las noticias y estábamos en todos lados. Entonces supimos que la Unión Portuaria estaba casi entera paralizada, y que San Antonio también había parado.
Nos dimos cuenta entonces que el intento de reventarnos les había fallado, que habíamos resistido, que la lucha seguía. Sacamos en conclusión que todo venía del Gobierno, que la orden la dio la Gobernadora regional y que juntos con los Von Appen habían intentado ponerle fin a la lucha reprimiéndonos, pero les salió el tiro por la culata. ¡Ahora había un Paro Nacional!
Como todos los cabros son buenos para la machina, para inventar maniobras para hacer la pega, rápidamente inventamos un sistema para que nos subieran comida y ropa, porque además sabíamos que los pacos estaban saqueando el casino y no iba a quedar nada. Organizamos el uso de los celulares, para no quedar incomunicados, y todos los compañeros pudieron comunicarse con sus seres queridos, e incluso decidimos grabar un video y enviar un mensaje para afuera.
Nos dijeron que los compañeros del Terminal 2 TCVAL, que ya no estaban en paro, estaban organizando salir a defender el Sindicato. Y así fue. Tipo 11 de la noche, los compañeros que iban saliendo del turno salieron todos en cuadrillas, avanzaron por la Plaza Sotomayor y se dirigieron por Errázuriz y Blanco, enfrentando a los pacos y haciéndolos retroceder, para llegar al sindicato. La calle entera ya era nuestra.
Después supimos que los dirigentes traidores del sindicato habían ido a mentir, a decir que los trabajadores de Ultraport se estaban agarrando a combos con los de TCVAL, para generar división y que los de TCVAL no apoyaran. Pero nada de eso les resultó, los compañeros declararon de nuevo el paro en el T2 y se sumaron a la lucha por defender el sindicato. ¡Somos todos portuarios!
En un momento de todo esto, había una concentración de gente en la esquina de Blanco con Sotomayor, y vimos cómo un auto gris apareció rápido, aceleró y atropelló a la gente, salió una persona por los aires y una parte del grupo salió esparcida por la calle. Los compañeros abajo intentaron detener el auto, le llegó una lluvia de palos y piedras, pero no se trizó ningún vidrio. Mientras aceleraba para arrancar, un zorrillo aceleró contra la gente para cubrirle la salida al auto, que arrancó por Blanco en dirección a la Aduana.
Todos vimos que fue intencional, el tipo les tiró el auto encima. Era gente que nos apoyaba. La rabia que había era tanto, que algunos compañeros estaban decididos a bajar y enfrentarse a los pacos que había en el Sindicato y que se resolviera todo ahí mismo, pasara lo que pasara.
Pero sabíamos que era una provocación. Al rato después supimos que entre las víctimas habían compañeros y también una universitaria, que estaba mal, y la rabia no podía contenerse. En ese momento la Plaza Sotomayor era epicentro de una batalla campal entre cientos de personas y los pacos, que iban y venían por todos lados.
Los gritos desde arriba eran juramentos: ¡les vamos a ganar! ¡a los Von Appen les vamos a ganar! ¡a los pacos les vamos a ganar! ¡al Gobierno les vamos a ganar!
Mientras escuchábamos los cacerolazos en los cerros, y los sindicatos, universitarios y hasta Los Panzers del Wanderers organizaban convertir todo esto en una jornada de lucha organizada, bajando en ese momento al barrio puerto, llamando a estar temprano al otro día, organizando dónde y a qué hora llegar.
Hasta que ocurrió lo que esperábamos: nos dijeron que los paco se iban. Abajo apareció la prensa, abogados, dirigentes.
Primero desaparecieron los guanacos y zorrillos de la calle, y al rato unas micros vinieron a buscar a los pacos que estaban dentro del sindicato. Bajamos del techo y el casino estaba lleno de compañeros recibiéndonos, todos felices y gritando. En el primer piso habían familiares, amigos, más trabajadores, la calle estaba llena.
Todos supimos entonces que estábamos haciendo historia, que 28 portuarios habíamos resistido el asalto y el sitio de los pacos, que habíamos ganado una batalla, que nos habían intentado reventar pero se tuvieron que retirar, y ahora había un paro nacional.
¡Vamos a ganar! ¡¡¡A los Von Appen les vamos a ganar!!!
¡¡¡Los vamos a doblegar, como sea lo vamos a hacer!!!