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Red Internacional
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OPINIÓN. Tiempos peores para los grafiteros de Chile

Piñera arremetió fuertemente en la cuenta pública contra los artistas callejeros dedicados al graffiti.

Domingo 3 de junio de 2018

Durante la primera cuenta pública de gobierno de Sebastián Piñera, anunció una serie de medidas en nombre de la “convivencia entre chilenos”, que pretende abordar de manera más dura y represiva en cuanto al uso de espacios públicos, en sus palabras “Combatiremos con mayor rigor, eficacia y penas más severas las incivilidades que tanto deterioran nuestra calidad de vida”. Dentro de las incivilidades mencionó, el consumo de alcohol y drogas, pinturas y grafitis que no estén autorizados en el espacio público, ruidos molestos, daño a inmuebles con valor patrimonial y venta ambulante.

Pero no bastándole con criminalizar a los artistas callejeros que realizan murales, invisibilizó la cultura sin más, mostrando como única propuesta la extensión de un día más para la celebración del día del patrimonio.

Sin embargo, no podemos quedarnos en un análisis por arriba y decir “lo que pasa es que Chile nunca valora lo que tiene”, este no es un problema con la personalidad del chileno, es un problema con los empresarios y sus elites. El ingreso de recursos a las áreas de cultura y entretención chocan con las prioridades de los empresarios chilenos, para ellos es importante que sea extremadamente difícil tanto acceder a practicar las artes profesionalmente como a observarlas. Para la mayoría de las familias trabajadoras es todo un tema enviar a sus hijos a estudiar alguna disciplina artística y, por otro lado, las extenuantes horas de trabajo no dejan tiempo para ir a muestras u exposiciones de cualquier tipo de arte.

Diciendo esto ¿podemos creer que las nuevas políticas del espacio público son para mantener la buena convivencia? No, incluso el no inyectar recursos a la cultura es parte de mantener la producción andando para los capitalistas tal cual un corredor de caballos coloca anteojeras al animal para que no se distraiga y no repare en el dolor y el cansancio de su trabajo. El criminalizar el arte callejero no es otra cosa que recalcar sutilmente que solo algunos pueden expresarse y reglamentar el arte para los sectores más precarizados, develando la relación con la propiedad privada, en cuanto no permite la utilización de los espacios público por parte de los artistas callejeros.

Ante la anunciada represión varios artistas se pronunciaron para el medio El Mostrador, entre ellos, Leon Calquin reconocido grafitero chileno que caracterizó las propuestas de Piñera como “un ataque a la raíz de la cultura urbana …Prohibir es muy distinto a borrar. Prohibir es justo lo contrario a su llamado final de actuar con creatividad. Los jóvenes deben seguir expresándose libremente en nuestros espacios públicos, tanto artísticamente como deportivamente. En estos últimos treinta años se ha avanzado mucho después de muchos años de oscuridad. Prohibir que la gente se exprese es una vuelta al pasado.”

Pablo Espinoza, más conocido por su seudónimo “PobrePablo”, otro artista callejero, problematizo: “Creo que el respeto y la sana convivencia entre los ciudadanos pasa más porque no exista la desigualdad social, que por intentar suprimir las expresiones que van junto al ser humano desde la prehistoria”.

Por otra parte, Alejandro “mono” González fundador de la Brigada Ramona Parra ve este ataque como parte de los cambios que se realizan con censura y represión, “luchamos contra la represión y la dictadura. Los que sobrevivimos seguiremos haciéndolo”

Es sumamente importante que logremos organizarnos para contraponernos a estos ataques represivos que afectan a los sectores más precarizados del arte y la cultura, así como a parte de la clase trabajadora que termina desempleada teniendo que ingeniárselas para llenar las ollas. No podemos olvidar que esto es solo la profundización de la represión ya existente en las calles y de la protección del Estado a la propiedad privada y con ello la conversión de la creatividad en material de mercancía, por lo tanto la lucha no debe ser solo en pos de la libertad de expresión si no que debe ser en primera instancia por la democratización de las artes.