Lo impulsa la Unión de Trabajadores de la Tierra y se realizará miércoles, jueves y viernes. “No permitiremos que estos sean los últimos días de la agricultura familiar”, denunciaron.

Roberto Andrés Periodista @RoberAndres1982
Miércoles 19 de septiembre de 2018 15:33
En cuatro plazas de la Capital Federal, familias de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), gremio de productores familiares afiliado a la CTEP, realizarán durante tres días un feriazo para vender su producción a mejor precio que al que les pagan en sus quintas: todo por $ 10.
El feriazo se realizará desde hoy miércoles 19 en Plaza de Mayo y Plaza Constitución, el jueves 20 en Plaza Once y Plaza Constitución y el viernes 21 en Plaza Retiro, Plaza Once y Plaza Constitución. Todos los días de 10 a 16 horas.
El gremio de productores familiares viene realizando desde hace mucho tiempo distintas acciones que permitan visibilizar la crisis del “otro campo”, no la de las grandes patronales agrarias que lloran porque no son lo suficientemente millonarios, sino la crisis de las pequeñas familias agricultoras que “viven en casilla de nylon”, como nos dijo un dirigente.
¿Qué pasaría si no pueden producir más alimentos? “Somos los que alimentamos al pueblo argentino y no damos más”, señalan desde la UTT. “No permitiremos que estos sean los últimos días de la agricultura familiar”.
Denunciando la crisis en la agricultura familiar
Según un estudio del grupo especializado de acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración, más conocido como Grupo ETC, el 70 % de la población mundial come de la mano de la agricultura campesina, en contraposición al modelo agroalimentario industrial que alimenta al restante 30 %. El cálculo era controvertido en 2009 cuando fue formulado por primera vez, sin embargo ahora es ampliamente aceptado por funcionarios de Naciones Unidas, la academia e incluso por actores del mismo sector industrial.
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Particularmente en Argentina quienes trabajan la tierra están en una profunda crisis. Más del 70 % de las familias agrícolas deben pagar alquileres que suben cada vez más rápido, costos en dólares, ningún apoyo del desguazado ex Ministerio de Agroindustria y el abuso de los intermediarios que pagan una semana tarde y al precio que dicen haber vendido en el Mercado Central. Son tomadores de precio al igual que los consumidores.
La semana pasada, Hilar Elver, Relatora para el Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas (ONU), al recorrer las quintas donde trabajan las familias de la Unión de Trabajadores de la Tierra, se mostró preocupada por la situación de la agricultura familiar en el país. Al mismo tiempo, reconoció el esfuerzo que hace la UTT para revertir esta crisis.
La Unión propone un sistema alimentario más justo para que el pueblo pueda acceder a comida saludable. Uno de sus objetivos es la reconversión total del sector hacia la agroecología (sin agrotóxicos). Sin políticas públicas para la promoción de la agroecología, la UTT desarrolló sus propios bioinsumos para producir alimentos saludables.
Hoy 107 familias ya no dependen de multinacionales químicas como Bayer-Monsanto, y cada vez son más gracias al método de capacitación campesino a campesino. Participan de políticas de compras públicas con municipios que quieran abastecer sus comedores con verdura ecológica, establecieron una Colonia Integral de Abastecimiento Urbano en Jauregui, Buenos Aires, dónde viven y producen 24 familias, e impulsa un proyecto de ley nacional para la creación de un Procrear Rural, un mecanismo de crédito blando para que las familias agrícolas accedan a tierra propia.
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La UTT también tiene locales de venta directo al público, algunos en provincia de Buenos Aires (Esteban Echeverría, Berazategui, San Vicente y Domselar) y uno en Capital Federal, en Díaz Vélez 3761 (Almagro), recientemente inaugurado. Por medio de sus Almacenes de Ramos Generales ofrecen alimentos ecológicos a precios populares. Así logran que las familias urbanas puedan acceder a comida saludable a un precio justo y que las familias rurales reciban más de un 50 % del precio de venta, mientras que en el mercado convencional quienes producen reciben menos del 5 % del precio de venta y quienes compran están atados a una descomunal volatilidad de precios.
En el local de Almagro La Izquierda Diario entrevistó a Juan Pablo de la Vila, coordinador de comercialización de la UTT, a propósito del precio de las verduras, la situación del sector y la viabilidad de la agroecología como alternativa.
¿Por qué la agroecología es más barata que la agricultura convencional?
La primera diferencia que hace que la verdura agroecológica sea más barata es el ahorro en el uso del agroquímico. Las agroquímicas son las dueñas de las semillas y luego de la solución del problema que ellas mismas instalan. Nosotros tenemos la experiencia de familias que se ahorran entre 40 mil y 50 mil pesos de agroquímicos por hectárea. Una familia promedio de tres o cuatro hermanos que alquilan cinco hectáreas ahorrándose 50 mil pesos da como resultado $ 250 mil pesos por hectárea de ahorro por no usar insumos. Todo eso volcado al precio de la verdura: dos más dos es cuatro.
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Esa es la primera diferencia. Es mentira que la agroecología es más cara, es más barata. Además nos comemos toda la cadena de intermediarios. Cosechamos en la quinta, traemos acá lo que producimos y la gente la compra, entonces el productor se ve un 300 % más beneficiado que cuando llega el camión al mercado central, luego a deposito, luego a la cámara y ahí llega a las góndolas con un manoseo de cinco intermediarios de por medio.
Ustedes denunciaron hace poco lo del precio de la lechuga
Hace un mes todo Buenos Aires compró la lechuga arriba de los $ 150 kg cuando en la quinta el cajón salía $ 30. Eso pasó porque hubo un mes de lluvia y bajó la producción de lechuga, entonces el mercado inmediatamente sube los precios por ley de oferta y demanda. Nosotros tenemos una propuesta de precios fijos por seis meses. Ahí es cuando el productor se pone al hombro la comercialización y hace estas cosas impresionantes. Ahora somos más de 300 personas.
¿La agroecología necesita inversión?
Sí, primero necesita tiempo, luego necesita saber, que es lo que las agroquímicas se robaron. Y necesita un saber transmitido y compartido, que nosotros lo desarrollamos de campesino a campesino, donde las comunidades productoras se dan cuenta de que les estaban robando la capacidad de producir sin químicos. Mayor inversión que esa, la del tiempo, la capacidad y el saber, no hay.
Luego, también necesita construir invernáculos, pagar la luz, pagar el agua, una inversión cotidiana importante. Y lo que no tenemos en Argentina es un banco de semillas estatal o alguien que se haga cargo de las semillas, porque todas las estamos comprando afuera, menos algunas experiencias que estamos desarrollando de compra de semillas a cooperativas de San Luis, de hacer nosotros nuestra propia semilla.
El Estado argentino se tiene que hacer cargo de generar un banco de semillas nacional en donde el pequeño productor siga multiplicando la misma variedades nuestras, nativas. Nosotros lo venimos haciendo pero tenés que hacer agroecología, tenés que hacer la semilla, tenés que hacer el insumo, tenés que vender, ¿qué más tenemos que hacer? ¿Por qué el pequeño productor tiene que vivir como esclavo o tiene que hacer todo? Y no nos da la cabeza, no nos dan las manos y no nos da la plata. Los cinco mil pequeños productores pobres en casilla de nylon estamos subsidiando al Estado la comida de todos los argentinos para que el Mercado Central se haga cada vez más millonario. Si el pequeño productor no tiene tierra jamás va a haber soberanía alimentaria.
Ustedes tienen dos reclamos
La ley de acceso a la tierra que lo presentamos hace cuatro años en el Congreso, un Procrear rural, que el productor pueda acceder a un microcrédito y que en vez de pagar $ 30 mil de alquiler pague $ 30 mil de crédito, que te permita acceder a la tierra y construir una vivienda digna.
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Luego que el Estado genere políticas públicas y un observatorio de precios. No puede ser que en Argentina el precio lo regule el mercado y que el pequeño productor y el consumidor no intervengan en nada. Vas a la verdurería y tenés que pagar lo que te dicen. ¿Por qué? Entonces le decimos al Estado, ley de acceso a la tierra y un observatorio de precios.
¿Y cómo está lo del monotributo social agropecuario?
Está desmantelado. Toda la Secretaría de Agricultura Familiar está desmantelada.
¿Cómo surgió la UTT?
La UTT tiene nueve años. Surgió como una experiencia cooperativa productiva en La Plata y por la misma característica del sector se fue multiplicando y fue migrando de provincia en provincia. Hoy somos una organización gremial que agrupa a los pequeño productores acá en Argentina
Hace un tiempo en La Izquierda Diario sacamos un artículo sobre las experiencias agroecológicas en La Plata que señalaba cómo la producción agroecológica podía ser más rentable que la producción convencional
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Sí, requiere menos inversión que la producción convencional, se puede llegar a los mismos niveles de producción, requiere de un par de horas de trabajo menos por día, da más salud. Tenemos compañeros que le dolía la cabeza todos los días y ahora laburan dos horas menos por día porque no hay que sacar yuyos, el microclima en el que se vive es distinto, el aire, hay biodiversidad, hay insectos. Tenemos parcelas de una hectárea con 18 variedades de verduras cuando antes en cinco hectáreas teníamos la misma variedad. Eso es tremendo.
No todos los que están afiliados a la UTT practican la agroecología, pero sí es una política que promueven como gremio. ¿Cómo es el diálogo con los compañeros que no practican la agroecología?
Primero, la familia productora que no practica la agroecología es compañera. El enemigo es Bayer, el enemigo son las agroquímicas, no el compañero que labura 18 horas por día con una mochila al hombro y usa químicos. La relación ahí es: “A esa familia la vamos a transformar”. Con esa familia peleamos derechos, pelemos tierra, peleamos vivienda digna, pero somos 14 mil familias y en esa masividad, como UTT, con impronta y voluntad política, estamos desarrollando la agroecología. Pero el sector no hace agroecología, hace verduras, abasteciendo el Mercado Central de Buenos Aires, el de La Plata, el de Rosario, Corrientes, Jujuy y Bahía Blanca. De esta forma, con voluntad política y militancia, venimos desarrollando la agroecología.