La fecha 12 alcanzó un triste récord: un domingo -día futbolero por definición- sin ningún gol. El armado del campeonato cuestiona a la dirigencia que piensa en términos de marketing más que de fútbol.
Martes 26 de abril de 2016
Foto: Boca y River volvieron a contagiar bostezos (Agencia Reuters)
Cuando el Profesor Jirafales tomaba lección y algunos de sus pequeños alumnos se equivocaba, el Chavo exclamaba: “¡Qué bruto, póngale cero!”. Se podría trazar una analogía con la arquitectura de este campeonato de transición, que los popes de la Asociación del Fútbol Argentino anunciaron con toda la pompa por el “atractivo” de contener dos fechas de clásicos: con los resultados a la vista podemos exclamar “¡Qué marketineros!”, los ceros ya se los pusieron 6 partidos jugados empezando por los clásicos más importantes (el superclásico, el de Avellaneda, el de La Plata, el de Rosario; sólo con excepciones como San Lorenzo-Huracán, el clásico santafesino y el clásico del sur).
Desde el punto de vista deportivo, el campeonato de transición que se juega hasta junio es un mamarracho. Al quedar dividido en dos zonas en las que no se juegan partidos de ida y vuelta (salvo los clásicos, muchos de los cuales son forzados o inventados), quedan sin medirse entre sí más de la mitad de los equipos: para dar un ejémplo gráfico, San Lorenzo podría salir campeón sin haber enfrentado a Boca ni a Racing, Lanús podría llegar a la final sin haberse cruzado con River, o clásicos históricos como Racing-River o Independiente-Boca estarán ausentes de este engendro mutante.
No siempre los nombres hacen a la calidad y uno de los que se perfila entre los mejores equipos de este torneo, Lanús que juega en la zona 2, podría llegar a no jugar nunca con una de las revelaciones como es Godoy Cruz en la zona 1. Salvo que ambos lleguen a la final.
Habrá gargantas limpias esta semana en Rosario, donde Newell´s y Central quedaron a mano sin goles; lo mismo en Córdoba, donde Belgrano no pudo tener clásico pero por compromiso le inventaron dos partidos contra Atlético Tucumán para que pueda medirse con algún equipo en estas fechas interzonales.
Lo único clásico para Quilmes, Temperley, Defensa y Justicia, Arsenal, Olimpo o Tigre, es la costumbre de la AFA de digitar el armado de campeonatos en función de las necesidades e intereses de la televisación. Por eso se tuvieron que comer dos fechas frente a rivales con los que no los asocia ninguna historia futbolística en común.
Si algo bueno pueden tomar los dirigentes locales de los campeonatos europeos es lo que en Argentina se abandonó desde 1991 (ya hace 25 años): campeonatos largos de dos ruedas en los que jueguen “todos contra todos” y que permita a los equipos desarrollar un proceso que culmine en coronarse en un torneo de por lo menos 38 o 40 capítulos. En un campeonato corto, una buena racha de 4 triunfos seguidos puede darle el campeonato a un equipo mediocre y deslucido.
En principio, los campeonatos largos volverían en agosto pero como cambia de manos la AFA (las elecciones son en junio) también puede cambiar el destino del fútbol de Primera. Y la dirigencia del fútbol nacional no es bruta, pero merece los ceros que le pusieron el domingo.