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Salud, empleo, educación. Trabajadora desocupada: "En algún momento la necesidad de unirse será más fuerte que el miedo"

Nancy, madre de 44 años, participó de la asamblea que el PTS en el Frente de Izquierda convocó en el barrio porteño de Flores, en la víspera del 1° de Mayo. Relato en el marco de la Marcha Federal por trabajo y salario, contra el hambre y la pobreza.

Juana Galarraga @Juana_Galarraga

Miércoles 11 de mayo de 2022 09:52

Mi nombre es Nancy, estoy desocupada, tengo 44 años y dos hijos. Cobro la asignación familiar, el papá de los nenes me tira algo de plata y básicamente me mantienen mis viejos. Hace como diez años que no tengo trabajo. Estoy separada.

Retomo mi historia desde el 2001. Sabemos lo que pasó, hubo un levantamiento, represión, gente muerta, fue una semana con cinco presidentes. No había control sobre el pueblo trabajador. Después vino un gobierno conciliador, al que yo apoyaba por venir de familia peronista.

Cuando conseguí trabajo, me fui a alquilar, me independicé y defendía un montón de cosas. Por ejemplo, pensaba que con el pago de la deuda habíamos ganado soberanía, cuando en realidad las políticas del FMI seguían dirigiendo al país. No me daba cuenta de que Néstor Kirchner había bajado el cuadro de Videla, pero tenían a Milani en el gobierno.

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Después de un tiempo, en 2011 me echan de Walmart, donde era cajera. El sindicato no hace nada y nunca más conseguí. Y lo que ofrecían era en condiciones horribles. Mis frases típicas en ese momento eran “no se puede”, “hay que ir despacio”, “son estrategias”, “hay que negociar” y “la izquierda es una utopía”. Frases típicas de alguien que prefiere lo menos malo y piensa a partir de una resignación, que otra cosa no se puede hacer.

Entonces, ¿negociar con quién y negociar qué? El negociar con quién se puede reducir a los que te pisan la cabeza todo el tiempo, porque los gobiernos negocian con los grandes capitales. Y negociar qué, bueno… seguramente todos vivirán alguna paritaria dividida en cuotas que no llega a cubrir la inflación.

Yo votaba, antes que a un oligarca de derecha, a cualquier cosa. Nunca pensé que el país podía ser gobernado por un empresario como Macri, que en cuatro años devastó la salud, la educación, la vivienda, todo lo que podía devastar. Pidió una deuda millonaria que se fugó. Fueron cuatro años de desastre.

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En 2018 mi hijo estuvo internado en el hospital Posadas, donde se reclamaba la reincorporación de médicos y médicas que fueron echados. Habían organizado mantenerse dentro del hospital y armar un kiosco. Había un grupo de gente que pertenecía a un partido con banderas. Cuando salía de ver a mi hijo por ahí me iba a pedir un café. Un día pregunté quiénes eran: somos un partido de izquierda, el PTS. ¿Y qué hacen acá?, pregunté. Me dijeron que estaban ayudando a organizarse para la reincorporación de la gente despedida. Estaban ellos, estaban las banderas del PTS, no estaban las de La Cámpora, no existía el Frente de Todos, la centroizquierda se había guardado. Mi hermana ya militaba en el PTS, con ella tuve discusiones horribles. Me daba muchos argumentos, que yo no entendía. En la represión al hospital Borda, tampoco estuvo La Cámpora.

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Dejé de buscar trabajo por un acuerdo matrimonial horrendo, cuando tuve mi primer hijo, en el que el padre de los pibes trabajaba y yo me quedaba en casa. Cuando me separé en 2021 y empecé a buscar trabajo ya era muy grande para el sistema y nunca conseguí, nunca me llamaron. Ni una entrevista, ni para verme la cara. Supongo que por la edad y por los hijos.

Cuando me separé tuve que venir a vivir a capital. Por suerte tengo a mis viejos que me pueden dar un techo. Había tenido antes una experiencia con la escuela privada, donde solamente les importa la cuota. En una escuela pública que busqué, vi carteles de la ESI y dije esta es la educación que quiero que reciban. Le dieron la vacante a mi hija y mi nene quedó afuera. Entré en desesperación. Si yo, que estoy en la casa de mis viejos, que estoy relativamente bien aunque esté desocupada, entro en desesperación, no me quiero imaginar una mujer separada, que tiene que trabajar 10, 12 horas, que tiene un nene en una escuela, a otro de sus hijos en otra y se tiene que repartir para irlos a buscar.

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Vi otras mujeres desesperadas. Y una qué hace, habla con la directora. La directora lo manda al distrito. El distrito qué hace. A mí me dijeron “tu domicilio no coincide con el colegio”. Pero mi nena entró, ¿cómo mi nene no? ¿Qué hago? “Tenemos vacante en otro”. Me obligaron a sacarlos para organizar más o menos mi vida y mandarlos a otro colegio pago. Yo tengo ayuda, pero otra persona no lo puede hacer. Eso te hace agarrar bronca ¿con quién? Una empieza a agarrarle bronca a la directora, a la docente, a los del distrito: todos trabajadores y trabajadoras.

Las familias no se tienen que agarrar con laburantes, sino con los verdaderos responsables del problema, que te tienen que dar ese derecho y eso requiere de unidad. En la historia cuando hubo un levantamiento, una rebelión, siempre vino un gobierno conciliador a dar una dádiva o alguna migaja de lo que les sobra a las empresas. Cuando hay organización y cuando la clase trabajadora se une, tanto ocupados y desocupados, ellos tiemblan, porque aunque a veces la clase trabajadora no se da cuenta, saben de la fuerza que puede llegar a tener.

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Me parece espectacular que estas reuniones sean presenciales. Hay muchas formas de organizarse de acuerdo a las circunstancias. En la dictadura se hacía clandestinamente, en pandemia virtualmente, pero personalmente no hay con qué darle. Te genera una fuerza… te vas re manija de acá, de querer de verdad poner en práctica la organización, la unión y luchar por el derecho básico que tienen todas las personas a la vivienda, la salud, la educación.

El individualismo es lo que queremos destruir. Hoy hay gente que está bien y que puede pagar una prepaga, un médico particular o una escuela privada, el día de mañana no lo sabe. Y como yo leo las cosas que se vienen, va a necesitar unirse a alguien. Una compañera dijo que en algún momento la necesidad de unirse va a ser más fuerte que el miedo. Estuvimos hablando sobre el miedo que a veces generan las fuerzas represivas del Estado que siempre están ahí defendiendo los intereses de la clase dominante. Lo que pasa es que cuando ya la necesidad es más grande, cuando ya tenés todo perdido, no podés perder más nada, no podés tener más miedo.

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En la asamblea del 30 de abril en Flores, trabajadoras de la salud y de la educación convocaron a movilizar por sus derechos este jueves 12 de mayo. Por su parte, organizaciones sociales convocaron a una marcha federal piquetera que comenzó el 10 y terminará con una movilización y acto en Plaza de Mayo el mismo día. Será una jornada para poner en práctica la organización y la unidad en las calles por una salida que le garantice a las grandes mayorías populares una vida que merezca ser vivida: por el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, con una jornada de seis horas, cinco días a la semana; por un sistema de salud unificado bajo control de trabajadores y comunidades que no deje a nadie afuera; por una educación de calidad, laica y gratuita para que los hijos de la clase trabajadora no tengan que estudiar en edificios que se caen a pedazos y sin alimento digno.