¿Cómo cuido a mi familia? ¿Qué vamos a comer si me quedo en casa? ¿De qué vamos a vivir si me despiden? ¿Quién cuidará a mi madre o mi padre si enferman y yo tengo que trabajar? ¿Quién cuidará a mis hijos si yo enfermo? Son las preguntas que muchas madres solteras se hacen hoy ante la emergencia internacional.

Diana Valdez México D.F. / @yellikann
Miércoles 15 de abril de 2020
Las mujeres madres solteras representan un sector de la población muy vulnerable. Según datos de la última Encuesta Nacional de Ocupación y empleo, son más de 14 millones de mujeres, y son también las más precarizadas del país, más del 50% de ellas tienen un ingreso de dos salarios mínimos o menos y no cuentan con seguridad social.
De los hogares mexicanos, el 55% son mantenidos por madres solteras que están a cargo de sus hijos y en algunos casos también de otros familiares como los padres o enfermos. La carga de trabajo es de 12 horas promedio por día y aun así el salario no alcanza.
Pero en estos tiempos de emergencia sanitaria, para ellas es mucho más complicado mantener a flote sus seres queridos. Muchas de ellas han sido despedidas y otras tienen que ir a trabajar por salarios miserables poniendo en riesgo la salud de sus hijos y otros familiares.
La crisis de hoy
Si bien, este sector de la población ya era uno de los más vulnerables, tanto por las condiciones de precarización en el trabajo como por la violencia patriarcal que prevalece en nuestro país, hoy la situación es objetivamente más difícil para las madres solteras.
Muchas de ellas son trabajadoras del hogar, trabajadoras de maquila o comerciantes informales que hoy ven sus ingresos reducidos o han sido despedidas injustificadamente por la crisis que expuso la aparición del COVID-19.
El 59% del personal del sector salud en nuestro país es femenino, el 87% del personal de los grandes supermercados también lo es; muchas de estas trabajadoras son madres y, algunas, madres solteras que tienen que estar en la primera línea frente a la crisis y sin las condiciones adecuadas.
Son las madres solteras las que sufren los abusos de los patrones (despidos, baja de salarios, descansos sin pagos, etc.) aprovechándose de sus condiciones, y aunque estas mujeres desafían al mismo patriarcado y sus roles todos los días, lo cierto es que no tienen que ser mártires o héroes por vivir una vida de precariedad y violencia.
¿Cómo cuido a mi familia? ¿Qué vamos a comer si me quedo en casa? ¿De qué vamos a vivir si me despiden? ¿Quién cuidará a mi madre o mi padre si enferman y yo tengo que trabajar? ¿Quién cuidará a mis hijos si yo enfermo? son las preguntas que muchas madres solteras se hacen hoy ante la emergencia internacional.
Las tareas del hogar han crecido, la crianza que de por sí en cualquier circunstancia es complicada, hoy resulta mucho más desgastante, y cabe mencionar, que en esta situación de crisis, el estrés, la ansiedad y la depresión pueden causar incluso problemas graves de salud.
Y a pesar de que son ellas también, las que junto a otras mujeres salieron a las calles a denunciar las condiciones en las que viven y exigir alto a la violencia feminicida en el tiempo previo a la pandemia, el confinamiento las ha hecho regresar a los hogares, aunque no por voluntad.
¿Hay opciones?
Todavía no llegamos al momento más crítico de esta pandemia y las estrategias del gobierno federal son insuficientes. Para las mujeres que sufren los despidos, la baja en los salarios y no tienen acceso a la salud ni para ellas ni para sus familias cada día es una batalla.
Para que 14 millones de hogares no mueran de hambre y queden en la calle, es necesaria y urgente la prohibición de los despidos y, para exigirlo, las mujeres debemos organizarnos en nuestros centros de trabajo con nuestros compañeros, para exigir un alto a los despidos, igualdad salarial para hombres y mujeres, así como la recontratación inmediata de las y los despedidos, con plenos derechos laborales y basificación.
Además es necesario que el Estado nacionalice los grandes hoteles parar poner sus instalaciones al servicio de crear refugios de emergencia, para las familias, niños, niñas, adolescentes y mujeres, que operen también como guarderías para las madres que requieran seguir trabajando en las ramas esenciales de la economía, como el sector salud, garantizando alimentos y servicio médico de manera gratuita. Lo mismo hay que hacer con los bienes inmuebles ociosos de las Iglesias, en perspectiva de expropiar estas propiedades.
Sólo organizándonos de manera independiente al gobierno y los empresarios, podremos cambiar las prioridades e implementar un plan de emergencia contra la violencia hacia las mujeres, niñes y población LGBT. ¡Necesitamos ser miles organizadas para demostrarles que nuestras vidas valen más que las ganancias de los empresarios!