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Red Internacional
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Coronavirus. Trabajadores informales, sin cuarentena ni condiciones de salubridad

La cuarentena total acordada entre el presidente, los gobernadores y Juntos por el Cambio fue cuanto menos dudosa a la hora de evitar la propagación del coronavirus.

Viernes 20 de marzo de 2020 23:21

Foto: Telam

Miles de trabajadores precarizados tuvieron que ir este viernes a trabajar. Como los jóvenes en los call centers que fueron obligados a ir a las instalaciones en vez de trabajar desde sus casas o los empleados de los deliverys. Para los que deben asistir, las empresas no garantizan las condiciones mínimas de salubridad determinadas por los protocolos: en el supermercado La Gallega de Rosario, los trabajadores piden barbijos y alcohol en gel ya que miles de personas pasan por las instalaciones; la empresa privada de correo La Postal obliga a sus empleados de reparto a hacerlo sin elementos de protección; en Fibertel los trabajadores entran sin barbijos ni guantes a casas que realizan cuarentena por haber llegado de países infectados.

Para colmo, cuando los trabajadores denuncian estas terribles condiciones, los empresarios toman represalias, con despidos y suspensiones a quienes exijan lo mínimo e indispensable para cuidar la salud de todos, como en el call center Mera Solutions.

Mientras tanto, el anuncio de Alberto Fernández de proteger a los más vulnerables queda lejos de la realidad de muchos. Los empresarios no pierden oportunidad de descargar los costos de la pandemia sobre los trabajadores: en la industria metalúrgica Tenaris, por ejemplo, comenzaron las rebajas salariales. Los monotributistas y trabajadores en negro no cobrarán las jornadas caídas, como vienen denunciando trabajadores gastronómicos de Campana y hasta en el mismo sector público, como trabajadores monotributistas del Municipio de Ituzaingó. Los docentes vienen hace varios días denunciando la falta de raciones en las escuelas con vianda, tanto en CABA como en GBA. Y los médicos ya vienen protestando hace mucho por la falta de personal e insumos en los hospitales abarrotados.

A esto se suma el escalofriante anuncio de que la -maldita- Policía estará patrullando en las calles para que se cumpla una cuarentena a medias. No pasó ni un día y ya podemos ver como usan su poder represivo para atacar a los jóvenes precarizados, como ocurrió en Chacabuco donde detuvieron a dos albañiles por tener que trabajar, o en Jujuy, donde el atropello policial está a la orden del día, con razzias policiales y tiros, para arrestar a los pibes en los barrios populares. Ya van más de 150 personas arrestadas por las fuerzas policiales.

Con la presunta lógica de la “irresponsabilidad individual” y la culpa de individuos aislados, se vulneran los derechos democráticos sacando a la policía a ejercer su poder en las calles, pero se encubre los ataques que vienen sufriendo cientos de miles de trabajadores cuyas empresas no cumplen ni siquiera las disposiciones legales para cuidar la salud de sus empleados.

Es que la cuarentena como salida tiene muy corto alcance si no se reorganiza la sociedad para poner todos los recursos materiales y humanos en pos de frenar la pandemia y que los costos de ella no recaigan en el pueblo trabajador.

Son los trabajadores quienes están demostrando en los hechos, cuál es la mejor forma de pelear contra la pandemia. La cooperativa de marroquinería de Vaqueros en Salta hace barbijos ad honorem, docentes de Zona Sur reparten alimentos ante la falta de raciones para estudiantes de las escuelas, el Astillero Río Santiago está realizando un plan para que, junto con los estudiantes y profesionales de la Universidad de la Plata, puedan producir alcohol en gel. En la cooperativa Madygraf, los trabajadores están intentando reorganizar la producción para hacer jabón líquido a muy bajo costo para la comunidad. Ponen a disposición de la sociedad su fuerza de producción.

Si estos pequeños ejemplos se replicaran en un nivel mucho más general, produciendo tests masivos para la población y todos los insumos necesarios, podría desarrollarse un plan integral para evitar que el sistema de salud colapse y que las consecuencias de esta pandemia sean un golpe más para la vida del pueblo trabajador.


Celeste O’Higgins

Integrante del Comité editorial de Armas de la crítica. Es Socióloga egresada de la Universidad de Buenos Aires y estudia profesorado de Geografía en el Joaquín V. González.