A partir de la nueva campaña impulsada por el gobierno de Michelle Bachelet “Miti-mota”, que busca la distribución “equitativa” del trabajo doméstico, problematizamos si es un problema netamente cultural, correspondiente al mundo privado entre los sexos.

Gaba La Izquierda Diario Antofagasta
Viernes 15 de septiembre de 2017
“Miti-Mota” es la nueva campaña del Gobierno de la Nueva Mayoría, cuyo objetivo pretende educar y concientizar sobre cómo distribuirse las tareas del hogar para un mejor uso de la energía doméstica. En el lanzamiento de Miti-mota “En las labores del hogar ponemos todos la misma energía”, la Ministra de la Mujer y Equidad de género, Claudia Pascual Grau, señaló “Esta campaña no sólo nos llama a ser más eficientes en el uso de la energía, sino que también a compartir el trabajo de la casa. La tarea de la casa, cultural e históricamente ha sido asignado casi exclusivamente a las mujeres y no es justo que nosotras seamos las que hagamos las tareas del hogar”.
Si bien es correcto lo que señala la Ministra Claudia Pascual, en relación a que el trabajo doméstico culturalmente ha sido atribuido a un rol que deben cumplir principalmente las mujeres, no problematiza cómo no es sólo un problema privado, que ocurre al interior de las familias, sino un problema que es avalado y reproducido por la economía capitalista.
Los trabajadores y trabajadoras requieren para poder vender su fuerza de trabajo a los empresarios: comer, limpiar sus hogares, lavar su ropa, preparar a los niños a la escuela, entre tantas otras tareas. Ahora bien, gran parte de ese trabajo no lo cubre el salario que cobra el trabajador, pues se hace gratuitamente en el hogar de la familia trabajadora. Esto le permite al empresariado un ahorro enorme a cuestas de un trabajo no remunerado hecho principalmente por mujeres.
Y aún cuando la mujer fue incorporada masivamente en el ámbito laboral, no exime a las mujeres de las tareas domésticas, así el capitalismo hace recaer sobre ellas una doble jornada laboral: una, a cambio de un salario siempre menor que el que cobran los hombres por realizar el mismo trabajo; otra, sin remuneración alguna, al interior del hogar, y así lo viven millones de mujeres en el mundo. Incluso muchas mujeres trabajadoras deben recurrir a otras mujeres para cubrir ambas jornadas de trabajo: vecinas, madres o hijas.
Frente a lo anterior, debemos cuestionarnos si es que la solución entonces seria la propuesta del gobierno de sólo avanzar al reparto equitativo del trabajo doméstico entre los sexos, o bien hacer esto y a la vez avanzar a organizarnos en las calles, en nuestros lugares de trabajo y estudio, para que el trabajo doméstico sea tomado por el conjunto de la sociedad, con guarderías, lavanderías, comedores y escuelas gratuitas, financiados por los empresarios y por el Estado. Desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios y Pan y Rosas creemos que esto último es el camino, ya que como señalaba en 1920 Eugeni Preobrajenski, Bolchevique Ruso, “Nuestra tarea no consiste en impartir justicia en el reparto del trabajo entre los sexos, nuestra tarea es liberar a hombres y mujeres del trabajo doméstico”.