El 22 de julio es el día internacional del trabajo doméstico no remunerado. Actualmente, este trabajo sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, lo cual se ha incrementado aún más en tiempos de pandemia. Es necesaria la socialización de todas las labores domésticas y de cuido.
Jueves 23 de julio de 2020
Para el 2018, las encuestas en Costa Rica revelaron que las mujeres realizan 22 horas a la semana más que los hombres en trabajo doméstico. A esto se suma el hecho de que las labores de cuido también las realizan, mayoritariamente, las mujeres. Este dato, que se mantiene actualmente, si bien refleja en números la desigualdad por género, no es nuevo.
Históricamente, las mujeres han sido relegadas al ámbito privado, al hogar, en el que además de naturalizarse su función reproductiva, se naturaliza el trabajo doméstico y de cuido. Esta concepción de mujeres, bien la describe Margaret Atwood en El cuento de la criada, en donde quienes son consideradas “mujeres” son las Marthas, las esposas y las criadas; es decir, quienes asumen su rol reproductivo y las tareas concernientes al hogar.
Sin embargo, esta naturalización también es común dentro de nuestro modo de producción actual: el capitalismo. El patriarcado y el capitalismo, en alianza, mantienen la explotación y la opresión hacia las mujeres. El trabajo doméstico no remunerado, que recae en las mujeres, proporciona ganancias a los capitalistas, a partir del ahorro que significa el hecho de que las mujeres realicen estas labores de manera “gratuita”, ya sea por considerarse una labor “naturalmente femenina” o justificándose en el “amor de las mujeres” hacia su familia.
Si bien hoy en día las mujeres no están relegadas al ámbito privado, el trabajo remunerado fuera del hogar no anula el hecho de que es en ellas en quienes continúa recayendo el trabajo doméstico no remunerado dentro del hogar. Además, pese a que hoy en día existe el suficiente avance tecnológico para garantizar la industrialización y la socialización del trabajo doméstico, esto no sucede, por lo que sigue recayendo en las mujeres, de manera individual, estas labores. De esta forma, y sobre la base de la naturalización que sigue manteniendo la alianza del patriarcado y el capitalismo, en las mujeres recae una doble explotación, en la que son los capitalistas quienes ganan, en detrimento de las mujeres, especialmente las de sectores más empobrecidos de la sociedad.
Sobrecarga doméstica en pandemia
En tiempos de pandemia, la “nueva normalidad” implicó ciertos cambios en la cotidianidad de las personas. Sin embargo, para la clase trabajadora y las mujeres, estos cambios significan una profundización de la explotación y la opresión vivida. En el caso del trabajo doméstico no remunerado que realizan las mujeres, ha aumentado.
Las mujeres están asumiendo una sobrecarga de tareas domésticas. Muchas de ellas deben administrar su tiempo entre realizar el trabajo doméstico en sus hogares y tener que hacer teletrabajo. A esta sobrecarga se suma el hecho de cuidar de sus hijos e hijas y ayudarles en su educación. La cancelación de las clases presenciales en escuelas y colegios, contribuye a la sobrecarga a la que las mujeres se enfrentan. Además del cuido de hijos e hijas, algunas deben asumir el cuido y de adultos mayores; incluso el cuido de familiares enfermos.
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A la sobrecarga laboral se suma otro factor, también naturalizado, que es el incremento de las posibilidades de vivir violencia doméstica. Si bien las autoridades manifestan que no ha habido un incremento en llamadas por violencia doméstica, no es “normal” ni “natural” que exista siquiera 1 llamada por violencia doméstica. Es necesario erradicar toda forma de violencia patriarcal hacia las mujeres.
Por otro lado, quienes realizan trabajo doméstico remunerado, son en su mayoría mujeres, y migrantes, sin derechos laborales y con trabajos precarios. La precarización tiene rostro de mujer. En medio de la pandemia, se han sometido a las consecuencias de la crisis sanitaria y económica, pues se han visto afectadas por el desempleo, suspensión de contratos e injusticias laborales.
Socializar el trabajo doméstico, para acabar con la naturalización
La salida a este problema estructural, está en la socialización del trabajo doméstico. Esperar a que las tareas domésticas y de cuido sea compartidas entre los sexos, no anula el hecho de que, socialmente, este trabajo sea naturalizado para las mujeres, por lo que son ellas quienes terminan asumiendo esta carga. De eso dan cuenta las encuestas realizadas. La salida ante un problema estructural, no puede ser individual.
El Estado, haciendo uso de los avances tecnológicos actuales y venideros, debe garantizar guarderías, comedores y lavanderías comunitarias, con todos los derechos laborales para las y los trabajadores.