El miércoles de la semana pasada, Jaime Mañalich, anunció que el seguimiento y control de casos de COVID-19 por parte de la SEREMI, estaba siendo insuficiente e inefectivo. Aumentar esta trazabilidad del actual 60% a un 80% es la meta se propone, dando a la Atención Primaria de Salud (APS) el rol central en esta tarea, cuando estamos en los ’peaks’ de contagios y cuando la demanda asistencial aumenta de forma veloz.
Kevin Bustamante Médico de Familia, trabajador de Atención Primaria de Salud, militante del PTR.
Lunes 8 de junio de 2020
Molestia causó desde directores de establecimientos, dirigentes y funcionarios de Centros de Salud Familiar (CESFAM) y Centros Comunitarios de Salud Familiar (CECOSF) al enterarse del anuncio de Mañalich de que para hacer "más satisfactoria" la trazabilidad se debe alcanzar el seguimiento del 80% de los casos. Es decir revertir la actual de la semana pasada de un 60 % en lo que a trazabilidad se refiere y que se utilizaría para este fin los 2.300 establecimientos con que cuenta el nivel primario de atención de salud.
Esta molestia viene en primer lugar por la invisibilización a este sector de trabajadores de salud que sin la orden ministerial venía haciendo con limitados recursos el seguimiento telefónico de las y los usuarios con COVID. Ya que hasta el miércoles pasado sólo se refería oficialmente a que esta labor la cumplía la SEREMI con un mísero número de cien funcionarios: una tarea imposible considerando que son decenas de miles los casos activos.
No sólo eso, la estrategia del gobierno de tomar en serio la APS como espacio privilegiado (por su cercanía y territorialización de sus poblaciones) viene muy tarde. Su política de "ultracentralización" en las SEREMI ha sido un rotundo fracaso y hoy es francamente complejo lograr una trazabilidad efectiva, sin embargo, tarde y todo, los consultorios pasan al frente en esta titánica tarea de control epidemiológico. Una tardísima descentralización de la vigilancia de casos.
Se espera que la dotación de médicos y personal se refuerce para este fin, cuestión que también puede mostrar dificultades dado varios factores; entre estos tenemos que los contagios y cuarentenas preventivas entre el personal de salud implica un abaja considerable, también ya existen funcionarios destinados a contener la demanda cada vez mayor de pacientes con cuadros respiratorios, con establecimiento funcionando 24/7 como "urgencias COVID", significando extenuantes turnos de trabajo y agotamiento físico o emocional ante la catástrofe sanitaria desarrollándose frente a sus ojos.
Así, las orientaciones ministeriales "dinámicas" redundan en medidas que hicieron "oídos sordos" a la consejería de expertos, funcionarios y hasta evidencia internacional, de que con un sistema de salud débil como el nuestro las medidas como Test Masivos, Trazabilidad y Aislamiento Centralizado (residencias), eran para planificarlas y ejecutarlas desde el "Día 0".
Sin embargo, la tardanza de estos lineamientos por un lado favorecieron el mantenimiento de la producción de sectores de la producción no esenciales como un guño que Mañalich y Piñera han hecho durante todo el curso de la pandemia: evitar el ausentismo laboral para cuidar las ganancias del empresariado, cuestión que amplificó los riesgos de contagios, más cuando no ir a trabajar significaba suspensión o despido, es decir, la vida o el salario.
Hoy las y los trabajadores de la Atención Primaria de Salud nos enfrentaremos a una mayor sobrecarga de trabajo, por un lado al tener que asumir las tareas de pre-hospitalización a la espera de que se disponga de camas en los hospitales y, por otro, al aumentar el rendimiento en torno a la trazabilidad de los casos activos y sus contactos. Una tarea que sin duda la primera líne ade esta pandemia hará lo mejor que pueda. Pero al mismo tiempo sabiendo que la APS fue desestimada por Jaime Mañalich quien de gerencia en la salud privada sabe mucho, pero es totalmente negligente y criminal con la salud de los sectores más vulnerables que se atienden en la salud pública de Chile.
Sólo cabe mencionar que las víctimas que tiene y tendrá esta pandemia no serían tales si el sistema de salud fuese Único y Universal donde toda la población tuviera la misma oportunidad de acceder a este y además con el control de los recursos y una gestión democrática en manos de sus propios arquitectos, las y los funcionarios, técnicos, profesionales o administrativos, tanto de consultorios como hospitales o clínicas privadas; cuyo conocimiento colectivo supera en creces el de cualquier autoridad central designada con el dedo que como Mañalich son un peligro para la salud pública y un socio indispensable de los negociantes de la salud privada.
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