En los últimos cuatro años, a partir del 2011, con la toma que vivió la UPLA durante siete meses, en el contexto de movilizaciones y paros en todo el país; los tres estamentos que conforman la comunidad universitaria, estudiantes, académicos/as y funcionarios/as, impulsaron la triestamentalidad en forma sostenida, hasta que el año pasado, en el mes de octubre, con un 71%, la UPLA se pronunció mayoritariamente por un nuevo estatuto que terminó aprobando la triestamentalidad.

Lilith Herrera Activista trans
Miércoles 25 de marzo de 2015
El año 2011 implicó el inicio de cuestionamientos importantes al régimen político, cuya crítica central fue puesta en la educación de mercado; sin embargo, las y los estudiantes a nivel nacional y por cierto, en la UPLA, comenzaron a mirar más allá y apuntaron sus dardos a ese autoritarismo universitario heredado de la Dictadura Militar que todo lo decidía unilateralmente. Fue así como se dio por iniciado un proceso de democratización que terminó concretizándose en un estatuto que aprobó la triestamentalidad.
Esto implica que las decisiones caerán en manos de los tres sectores, pero, hay que decirlo, en forma desigual. Es decir, existe un grupo que sería considerado más importante que los otros dos estamentos, y más pareciera que el poder de decisión efectivo estará en sus manos. Es así que los porcentajes de participación quedan distribuidos de la siguiente manera: profesores/as, (50%) estudiantes (30%) y funcionarios/as (20%). Un argumento para justificar el mayor poder de profesores/as respecto de estudiantes, por ejemplo, expone que los/as docentes pasarán más tiempo en la universidad que los/as estudiantes. Pero, ¿qué tan equitativo será entonces?
¿Un nuevo camino de acción para las oprimidas y los oprimidos?
La aprobación del estatuto, provocó ilusiones en los sectores que conforman la Upla. Y en este sentido, convendría preguntarse, ¿cómo la triestamentalidad podría ir en beneficio de las demandas de género y lgbti de la universidad? Consultada acerca del tema, una de las profesoras participantes de la Mesa Triestamental e integrante de la Comisión Interdisciplinaria de Género, Rosa Alcayaga, señala que “lo importante es que con los nuevos estatutos aspiramos a que los destinos de la universidad sean trazados en una acción participativa de todos y todas, ese es como el primer escalón, lo importante de este proceso que abre las puertas al debate dentro de la universidad es que será la misma comunidad que determine las líneas gruesas del nuevo gobierno universitario a concretar de acá a un período prudente, en el que las demandas de género podrán tener un lugar destacado siempre y cuando sea ese el espíritu mayoritario. Para mí es más importante que haya conciencia de un cambio de esa envergadura más que pretender que un criterio de ese tipo sea impuesto”.
La participación activa de mujeres en el proceso.
Es la misma docente quien mejor puede entregar antecedentes del aporte concreto que las mujeres le realizaron al proceso: “No es algo menor que la mesa triestamental estuvo siempre conformada por mujeres y hombres en un relativo equilibrio numérico, y a la cabeza de ella, una académica, la Dra. Marcela Prado, quien además forma parte de la Comisión Interdisciplinaria de Género en la UPLA. A modo de anécdota te diré que durante estos cuatro años, que nos reunimos semana a semana para redactar los nuevos estatutos, tarea para la que habíamos recibido un mandato de nuestros respectivos estamentos, hubo muchas ocasiones en que estuvimos trabajando sólo mujeres en representación de la comunidad de la UPLA, esto es, en representación de los estamentos académico, funcionario y estudiantil.”
Visión del Primer Congreso por una Educación No Sexista.
En la misma línea de la triestamentalidad, durante septiembre y octubre pasados, se llevó a cabo el Primer Congreso por una Educación No Sexista, evento en el cual la UPLA fue dispuesta como sede para uno de los encuentros zonales. En el, se planteó que las secretarías y/o comisiones de género y sexualidades ya existentes debían realizar un trabajo que apuntase a la triestamentalidad, mientras que las nuevas también tendrían que pensarse con esta lógica; para abrir, democratizar y dinamizar un espacio que no sólo puede estar conformado por estudiantes, sino que resulta vital que puedan integrarse profesores/as y funcionarios/as. Pues, la lucha por los derechos de las mujeres y lgbti corresponde a cada una de las personas que conforman a la universidad.
Por lo tanto, si este proceso tendrá o no la capacidad de dar respuesta a las demandas de estos sectores, dependerá de la activa participación de todos y todas los sujetos y sujetas. Al menos, es una propuesta que la UPLA podría considerar.