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Red Internacional
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HERENCIA DE LA DICTADURA. Trilogía del terror: Sinclair, Labbe, Krassnoff

En estos días, vimos la presencia mediática de tres de las figuras de la represión. Impunes, siguen actuando en la política nacional.

Nicolás Miranda Comité de Redacción

Martes 10 de febrero de 2015

Parte del alma, de la UDI

El inefable coronel Labbe, repite su intención de volver a postular a la alcaldía de Providencia. Como candidato de la UDI, el partido que lo postuló en sus anteriores elecciones.

Tras las acusaciones por su participación en Tejas Verdes, el senador UDI Hernán Larraín, declaró que su tiempo habría pasado habiendo sido alcalde durante 16 años. Labbé respondió que si es por tiempo pasado, el propio Larrain lleva años en el Senado. Más precisamente, 20 años. Y lo desafió: postularía igual. Otros dirigentes UDI respondieron que debería someterse a primarias. Y volvió a desafiar: no sería necesario ya que no habría otros postulantes.

No contento con esto, se declara “perseguido político” por el gobierno.

La Justicia de la impunidad

En el Informe de DDHH de diciembre del 2014, se constata que apenas hay 1.073 acusados. De ellos, solamente 75 ex agentes de la represión están condenados. Los represores, agregando infamia al horror, se denominan a sí mismos “presos políticos militares”.

Aún hay más de 1000 causas abiertas.

Pero la impunidad persiste. En el “Caso Caravana de la Muerte”, la Corte de Apelaciones de Santiago acaba de dejar en libertad bajo fianza por la ridícula suma de $200.000 al general (r) Santiago Sinclair, ex vicecomandante en jefe del Ejército y antiguo integrante de la Junta Militar de Pinochet, en el proceso que lo imputa por el asesinato de doce. Sinclair fue, además, Senador designado hasta 1997.

Provocaciones

El DINA Krassnoff, a quien cada tanto se lo descubre andando suelto, como recientemente en el Hospital Militar, mandó carta. El destinatario fue Sebastián Piñera, tras su viaje a Venezuela a tratar de visitar al opositor golpista encarcelado Leopoldo López.

En carta el represor se designa a sí mismo como preso político y exige a Piñera que también lo visite a él a la cárcel.

Provociones, impunidad, amparadas por partidos como la UDI que los cuentan en sus filas, un Parlamento que los admitió como integrantes, y una Justicia que apenas condenó a un puñado.