Lasalle un día escribió que renunciaría gustoso a escribir lo que sabía si sólo pudiera realizar, aunque fuera parcialmente, lo que era capaz de hacer. Este es un deseo que sólo comprende demasiado bien un revolucionario.
León Trotsky
Jueves 10 de septiembre de 2015
Publicamos en Izquierda Diario una trilogía de artículos sobre el pensamiento de León Trotsky y su relación con la dialéctica marxista. Como sostiene el autor es urgente el rescate del pensamiento dialéctico y, en especial, las aportaciones de Trotsky al mismo.
En 1958, Herbert Marcuse daba su franca opinión sobre las vicisitudes de la política leninista: “Lenin siguió fiel a la conclusión marxista según la cual la revolución socialista sería el resultado de las contradicciones explosivas existentes en el seno de un país capitalista plenamente maduro; y ni siquiera el propio triunfo de la revolución bolchevique le hizo abandonar esta convicción” (1). Como él, el conjunto de la escuela de Frankfurt menospreció a Lenin: era a final de cuentas el germen del stalinismo. Pero ninguno de ellos discutió seriamente -o cuando menos leyó- sus apuntes a la Lógica de Hegel, los Cuadernos filosóficos- (2) .
Hoy en día, la situación ha cambiado para Lenin, un sector amplio de intelectuales de izquierda vuelven a afirmarlo (3). El camino “de la gran lógica de Hegel a la estación finlandesa de Petrogrado”, para decirlo con la expresión de Michael Löwy, no deja de fascinar. Pero si Lenin ya ha sido parcialmente readmitido, ¿qué hay con otro de los grandes representantes del marxismo “clásico”, Trotsky? ¿No es efectivamente Trotsky aquel “para el que no hay lugar ni en el socialismo realmente existente anterior a 1990 ni en el capitalismo realmente existente posterior a 1990”?. (4)
No obstante, llama mucho la atención, que el revolucionario ruso sí haya leído los Cuadernos filosóficos. Y su lectura se desarrolla en un momento crítico de la política internacional: después del ascenso de Hitler al poder en 1933. En 1933 se encuentra exiliado en Prinkipo, de donde saldrá en julio rumbo a Francia gracias a un permiso de residencia conseguido bajo el gobierno de Daladier. Ahí vivirá durante tres meses y después de una breve estancia en los Alpes se mudará a Barbizón, tan solo a cincuenta kilómetros de París. Será ahí donde dará comienzo a dicha obra. Paralelamente a su trabajo organizativo encaminado a la fundación de una nueva internacional, Trotsky daba gran importancia a su trabajo sobre Lenin. Como atestigua Isaac Deutscher: “Comenzó una biografía completa de Lenin que según les confió a Max Eastman y Victor Gollancz esperaba fuera «la obra capital de mi vida» y la ocasión para una exposición abarcadora, «positiva y crítica» de la filosofía del materialismo dialéctico” (5).
El camino a la dialéctica
El momento de su lectura está marcado en la trayectoria política de Trotsky por un viraje profundo. Si desde 1923 -año de la conformación de la oposición de izquierda- defiende la política de reforma en la URSS; el 27 de julio de 1933 llama a “abandonar la idea de la reforma, nacional e internacionalmente, para el conjunto de la Comintern, ya que ésta no es más que una inescrupulosa casta burocrática que se convirtió en el mayor enemigo de la clase obrera mundial. Es absolutamente necesario liberar a la vanguardia prole¬taria de la dictadura de la burocracia stalinista” (6) . Por ello, al contrario de lo que piensa Dunayevskaya, el pensamiento de Trotsky en dicho periodo no es un “revolucionarismo abstracto” (7), es un pensamiento concreto (en el mejor sentido hegeliano) que implica definiciones políticas de gran importancia. El turbulento camino que va de 1933 a 1938 -año de la conformación de la IV internacional- está marcado por una necesidad imperiosa de recuperar lo mejor que el marxismo revolucionario había dado a partir de la experiencia de Octubre y ese camino está marcado por la lectura de los Cuadernos.
Creemos que hay dos puntos que sirven de hilo conductor en la lectura de Trotsky. El primero es aquello que Lukács consideró el meollo de la dialéctica materialista: la captación de la realidad como totalidad concreta (8). Ante la acumulación de “hechos” del empirismo anglosajón o el “sentido común” del pragmatismo estadounidense, Trotsky opone la dialéctica materialista como un método que permite captar al mundo en su movimiento inmanente. Ante el “desdoblamiento de la unidad y el conocimiento de sus partes contradictorias” (9), como dijera Lenin, se desvanece cualquier tematización mecánica de la historia. Junto a esto le interesará el papel de la conciencia, de cómo ésta puede conocer y actuar. La lectura de nuestro autor ataca todo dualismo kantiano, negando la pasividad de la teoría burguesa del reflejo que inclusive Lenin defendió antes de su lectura de Hegel. Trotsky realiza una lectura dialéctica de la relación entre sujeto y objeto que cuando menos es crítica con la de la II Internacional. Aparte, dicha lectura se ve enriquecida por la familiaridad del autor con uno de los nuevos desarrollos de su época: el psicoanálisis. En las siguientes entregas abordaremos dichos puntos intentando pensar qué es lo que aportan los cuadernos a una política por venir.
(1) Trotsky, Diario del exilio en Obras escogidas, vol.5. Trad. Rossana Cortez. Buenos Aires, IPS, 2013. P.211. Herbert Marcuse, El marxismo soviético
(2) Kevin B. Anderson, “El redescubrimiento y la persistencia de la dialéctica en la filosofía y la política mundiales” en Lenin reactivado, p.12
(3) Signo de eso es no sólo el libro de Žižek Reactivar a Lenin, sino la compilación de textos publicada en 2007 por él mismo junto con Sebastian Budgen y Stathis Kouvelakis.
(4) Slavoj Žižek, “Terrorismo y comunismo de Trotsky o desesperación y utopía en el turbulento año de 1920” , p 125.
(5) Isaac Deutscher, El profeta desterrado, pp. 242-243
(6) Trotsky, “Por nuevos partidos comunistas y una nueva internacional”, http://www.ceipleontrotsky.org/Por-nuevos-partidos-comunistas-y-una-nueva-internacional#_ftn2
(7) Raya Dunayevskaya, Filosofía y Revolución, p. 156
(8) El conocimiento de los hechos no es posible como conocimiento de la realidad más que en ese contexto que articula los hechos individuales de la vida social en una totalidad como momentos del desarrollo social…Esta totalidad concreta no está en modo alguno inmediatamente dada al pensamiento, «lo concreto es lo concreto», dice Marx, «porque es la concentración de muchas determinaciones, o sea, unidad de lo múltiple»” (Georg Lukacs, Historia y conciencia de clase, p 10)
(9) Lenin “En torno a la cuestión de la dialéctica”, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1915dial.htm