Donal Trump revoca directiva emitida en el año 2016 que permitía a las y los estudiantes usar los baños y vestuarios que prefieran de acuerdo con el género con el que se identifiquen.
Sábado 25 de febrero de 2017
Mientras hoy, por primera vez, en la portada de la reconocida revista “Vouge” aparecía una modelo transgénero, el presidente de Estados Unidos Donal Trump, revocaba una directiva que en el año 2016 el gobierno de Barack Obama emitió, en la que se instruía a todas las escuelas públicas del país permitir que las y los estudiantes pudieran usar los baños y vestuarios que prefieran de acuerdo con el género con el que se identifiquen. Si bien dicha norma no tenía el carácter de ley existían la posibilidad de perder fondos federales por parte de los establecimientos que no la cumplieren.
La medida de Trump consiste en que sean los gobiernos locales, en conjunto con los distritos escolares, quienes regulen este asunto, beneficiando a los estados gobernados por republicanos conservadores que consideraban que Obama se habría excedido en el ejercicio de su poder al establecer esta norma.
Asociaciones LGTBI como human Rights Campaign, que impulsaron la legalización del matrimonio igualitario en el mencionado país ha calificado dicha medida de vergonzosa, y que constituye un cruel ataque a las niñas y niños trans.
Esta medida se encuadra dentro de una serie ataques llevados a cabo por Trump en su primer mes de mandato; como la construcción de un muro en la frontera de México, la deportación de más de 11 millones de inmigrantes, rechazar los protocolos contra el cambio climático, entre otras.
Todas con un fuerte contenido xenófobo, racista, misógino y homolesbotransfobico, representando esta última un gran retroceso para la comunidad trans, pues si bien en la práctica el cambio de posición del gobierno no tendrá un gran impacto, pues esta medida de Obama fue bloqueada en agosto del año pasado por el juez federal de Texas Reed O´Connor a petición de 13 estados, sí lo tendrá en la resolución de los litigios pendientes que digan relación con el reconocimiento de derechos de la comunidad trans por el Tribunal supremo del mencionado país.
El retiro de esta histórica norma que reconoce los derechos y tendencias a mejorar la calidad de vida de las y los niños trans para que se desarrollen en un ambiente de igualdad, es un duro golpe para un gran grupo de jóvenes que ya son vulnerables, y que los deja en una peor situación.
Lo anterior nos lleva a pensar, es suficiente dictar normas que prohíban, permitan o manden la realización de determinadas conductas, o ¿es necesario realizar avances estructurales impulsados por los sectores más afectados por este sistema?
EE.UU es un país que se ha intentado mostrar como referente en relación al avance del reconocimiento de derechos democráticos. Durante el gobierno de Obama se hicieron vínculos con diversos grupos, como los inmigrantes y la comunidad LGTBI, con el pretendido de mejorar su situación a través del reconocimiento progresivo de derechos, entusiasmando a jóvenes, trabajadores, mujeres, afroamericanos e inmigrantes con promesas progresistas, creando una ilusión de esta democracia. Sin embargo, este colaboraba con las grandes corporaciones con dinero público, cuando la clase trabajadora estado-unidense perdían sus hogares y empleos, dejando dicho entusiasmo en frustración. Dándole paso a un régimen conservador de extrema derecha que hoy arrasa con todos estos supuestos avances y reconocimientos institucionales reformistas, dejando nuevamente a una parte de la sociedad en una situación de mayor vulnerabilidad. Es por aquello que parece evidente que los “avances” reformistas, por medio de la dictación de normas, no basta, no soluciona los problemas de fondo de una sociedad de estructura androcéntrica, que discrimina y relega a la comunidad trans.
Pues estas actuaciones de las administración de Trump, son el signo de un amplio problema; el resultado de políticas neo-liberales, de protección a los más ricos por parte de los estados, del desgaste de los derechos, de la precarización de las y los trabajadores, del racismo institucional, de la misoginia enraizada en la cultura y de un contenido moral de la sexualidad que limita a cualquiera que difiera de lo establecido. Resulta necesario general un movimiento de mujeres y diversidad sexual anti-capitalista que luche por cambios más profundos, que hoy tiene un nuevo impulso con un 8 de marzo que se prepara en todo el mundo con un paro internacional de mujeres.