Tras bloquearlo durante varios días y definir el cheque de ayuda como una "vergüenza", Trump finalmente firmó el paquete de estímulo aprobado en el Congreso y que había generado rispideces con los republicanos. Con un pie ya fuera de la Casa Blanca, Trump busca armar al trumpismo de los próximos años.

Juan Andrés Gallardo @juanagallardo1
Lunes 28 de diciembre de 2020 09:01
El presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este domingo el nuevo plan de estímulo a la economía estadounidense por valor de 900.000 millones de dólares, después de varios días negándose a hacerlo y de que millones de personas perdieran sus prestaciones por desempleo.
Trump suscribió el proyecto de ley por valor total de 2,3 billones de dólares la tarde del domingo en su residencia de Mar-a-Lago (Florida), donde se encuentra de vacaciones, confirmó la Casa Blanca.
Hacia el fin de la tarde había publicado un tuit anunciando que habría novedades sobre el proyecto de ley, pero luego sin mediar otra comunicación por su red social favorita, llegó el comunicado señalando que finalmente lo había firmado.
Good news on Covid Relief Bill. Information to follow!
— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) December 27, 2020
Ese paquete, conocido como omnibus, incluye el segundo plan de estímulo aprobado este año en EE.UU. y 1,4 billones de dólares para financiar la Administración hasta septiembre de 2021.
Después de cinco días negándose a firmar el proyecto de ley y exigiendo cambios, Trump dio marcha atrás aparentemente para evitar que la noche del lunes se agotaran los fondos para la Administración y cientos de miles de empleados vieran suspendido su sueldo.
"Firmo este paquete de omnibus y covid-19 con un mensaje rotundo que deja claro al Congreso que los puntos de la ley que suponen un derroche tienen que retirarse" del texto, señaló Trump en un comunicado.
Trump había lanzado la semana pasada un mensaje grabado que cayó como una bomba, la misma noche en la que el Congreso llegaba al acuerdo bipartidista por este segundo "paquete de ayuda". En ese mensaje ensayaba un discurso demagógico pero también apuntalaba su nacionalismo y xenofobia. En primer lugar señalaba como miserables a los demócratas, prontos a arribar a la Casa Blanca, diciendo que la ayuda de 600 dólares para cada trabajador era completamente insuficiente y que debería ser de al menos 2.000 dólares (o de 4.000 para las parejas que tributaran juntas). Esto solo ya dejó mal parados a los demócratas que tuvieron que salir, en forma tardía, a "aceptar" el consejo de Trump para aumentar el valor de la ayuda por cada trabajador, aunque el daño para ellos ya estaba hecho. Este mismo punto generó al mismo tiempo muchas rispideces con los congresistas republicanos, tanto por considerarlo un gasto excesivo como por lo que significa seguir dependiendo de un presidente que ya está de salida. Es quizá esta relación tensa lo que terminó por convencer a Trump por firmar, aunque sigue insistiendo con una enmienda para aumentar el valor de los cheques.
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Como señalan varios medios sobre el cambio de posición, es un hecho que Trump ha estado bajo una fuerte presión por parte de los republicanos para que claudicara. El senador republicano por Pensilvania, Pat Toomey durante una entrevista para la cadena FOX dijo “Creo que, cuando deje el cargo, quiere ser recordado por abogar por cheques más altos, pero el peligro es que lo recordarán por el caos, la miseria y el comportamiento errático”.
Es que como parte de su mensaje Trump también apuntó contra una pequeña partida de subsidios para los migrantes y la ayuda a otros países, la que consideró gastos innecesarios evocando su discurso de "America First", que en una mescla de nacionalismo y xenofobia buscaba fortalecer a su propia base social y electoral en vistas de un proyecto trumpista para el próximo período.
Como parte de ese proyecto llamó desde sus redes sociales a estar atentos hacia un acto que celebrará en Washington el próximo 6 de enero, a días de dejar la presidencia.
See you in Washington, DC, on January 6th. Don’t miss it. Information to follow!
— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) December 27, 2020
En esa sintonía, de no mostrar que da el brazo a torcer por completo, Trump aseguró que, a pesar de que está firmando el proyecto de ley, todavía espera que el Congreso apruebe un cambio en el punto que contempla el envío de un pago único de 600 dólares a millones de contribuyentes para compensar los estragos de la pandemia.
Como parte de esa jugada Trump prometió cosas inexistentes, como que el Senado ya estaría discutiendo ampliar la ayuda a 2000 dólares. Sin embargo, en un comunicado posterior, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, se limitó a dar las gracias a Trump por firmar el proyecto de ley, y no mencionó ningún posible voto de los senadores para hacer cambio alguno. Una muestra directa del daño sobre las relaciones entre el establishment republicano y el propio Trump.
Esta presión interna, más el hecho de que el bloqueo inició en los hechos que empiecen a expirar los programas de subsidios al desempleo, que podía hacer que en pocos días hasta 14 millones de estadounidenses con problemas de empleo quedaran sin ningún ingreso, estuvo detrás del giro en la decisión de Trump.
El rescate que firmó Trump incluye un subsidio al desempleo de 300 dólares semanales, 325.000 millones de ayuda a las empresas (275.000 millones de ellos para el pago de nóminas), 45.000 millones para los sistemas de transporte público, 82.000 millones para escuelas y miles de millones en cupones de comida, ayudas a arrendatarios y para la distribución de vacunas.
La alocución de Trump que dejó en vilo al país durante la última semana estaba tan cargada de demagogia que levantaba demandas que eran propias del ala progresista del partido demócrata, como el plan de cheques de 2.000 dólares por trabajador que Bernie Sanders había planteado hace meses, sin que los demócratas le hayan algún tipo de importancia. El cimbronazo de Trump no solo dejó descolocados a los demócratas y lo enfrentó a los republicanos, sino que le permitió cuestionar un proyecto de más de 5.000 páginas que ningún legislador había llegado a leer seriamente y que cuenta con partidas poco claras. De la misma manera volvió a ensayar su discurso xenófobo y nacionalista, contra los inmigrantes y el "enemigo exterior". Un combo que vuelve a ubicarlo como un outsider de la política que pelea contra el establishment político, que fue lo que sedujo a su electorado en 2016 y los que sigue haciendo vibrar al núcleo duro trumpista, y lo hace sintonizar con gran parte de los 74 millones de votantes, de los cuales el 77 % piensa (aún sin ninguna prueba sólida) que los demócratas cometieron fraude y le robaron la elección a Trump. Su último, hasta ahora, acto (y provocación) de Gobierno es al mismo tiempo el inicio de la campaña para fortalecer al trumpismo durante los próximos años.

Juan Andrés Gallardo
Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario