Cuando faltan tres meses para las elecciones presidenciales en Estados Unidos y en medio de la catástrofe sanitaria, la crisis económica y las protestas antiracistas que atraviesan el país, Donald Trump sugirió este jueves postergar los comicios. Aunque Trump no tiene el poder de atrasar las elecciones, sus declaraciones expresan no solo la crisis de su candidatura, sino la que atraviesa la principal potencia imperialista del mundo.
Jueves 30 de julio de 2020 11:15
Faltan 96 días para las elecciones en Estados Unidos, y el país se ve conmovido por la catástrofe sanitaria que ya se cobró la vida de 153.000 personas, y la crisis económica que dejó millones de desocupados. Con todas las encuestas en contra y una popularidad en baja, el presidente Donald Trump sugirió este jueves en las redes sociales la posibilidad de postergar la fecha de las elecciones, además de insinuar un posible fraude.
Trump dijo en la red social Twitter que el uso del voto por correo hará de estos comicios "los más fraudulentos en la historia", y luego se preguntó si no hay que retrasar las elecciones hasta que la gente "pueda votar en forma segura", algo que contrasta con su permanente negacionismo, llamando a la población a romper la cuarentena, volver al trabajo y a iniciar las clases en las escuelas.
With Universal Mail-In Voting (not Absentee Voting, which is good), 2020 will be the most INACCURATE & FRAUDULENT Election in history. It will be a great embarrassment to the USA. Delay the Election until people can properly, securely and safely vote???
— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) July 30, 2020
"Con la votación universal por correo, la de 2020 será la elección más INACTIVA Y FRAUDULENTA de la historia. Será una gran vergüenza para los Estados Unidos. ¿Retrasar las elecciones hasta que las personas puedan votar de manera adecuada y segura?", escribió Trump.
Trump pasa por uno de sus peores momentos con el manejo de la pandemia, con el que prometía cuidar la economía al mismo tiempo que minimizó la peligrosidad del virus. Sin embargo terminó con récord tanto de desocupados como de fallecidos por Covid-19. Lejos de mantener la economía funcionando y aplanar la curva de coronavirus, Estados Unidos vio quiebras masivas y a millones de personas pidiendo seguro de desempleo, mientras la cantidad de contagios se disparó en varios Estados en los que en un primer momento no se habían visto afectados, y en grandes ciudades ya hay rebrotes.
Ante este escenario de pesadilla Trump buscó aparecer como el presidente de "la ley y el orden". Lo hizo tras el brutal asesinato del afroamericano George Floyd a manos de policías blancos, que hace dos meses desató una revuelta antiracista en todo Estados Unidos, que se extendió a varias ciudades del mundo. Se trata de manifestaciones que apuntan contra un aspecto nodal del capitalismo imperialista estadounidense como es el racismo institucional del Estado. Un racismo que se ha mantenido durante siglos, apoyado tanto por republicanos como por demócratas, y que hoy explota en torno al movimiento Black Lives Matter con un nivel de protestas que no se veían en el país desde la lucha por los derechos civiles en la década de 1960.
Con su postura de defensor de la "ley y el orden" Trump buscó morigerar su mala imagen producto del manejo de la pandemia con una política activa para consolidar su base de derecha y conservadora. Entonces desempolvó una ley de principios de 1800 para desplegar agentes federales y al Ejército en cualquier estado sin la aprobación del gobernador. La prueba piloto la viene haciendo en la ciudad de Portland, donde el envío de agentes federales armados hasta los dientes no hizo más que echar nafta al fuego de las protestas multiplicando las acciones y los enfrentamientos y volviendo a la ciudad en un campo de batalla con escenas similares a un territorio en guerra. Siguiendo esa misma lógica, Trump espera repetir este escenario en Seattle y Chicago, sin embargo a juzgar por la situación en Portland, no parece que le esté dando resultados para remontar su campaña.
Este cóctel de pandemia, crisis y protestas lo fue relegando en las encuestas llevándolo en muchos casos a cifras de dos dígitos por debajo del candidato del estáblishment demócrata Joe Biden.
Si bien Trump no tiene autoridad para retrasar una elección, y es el Congreso quien tiene, según la Constitución, el poder de fijar la fecha para votar, la sola idea de mencionar la posibilidad de hacerlo refleja el nivel de la crisis que atraviesa no solo el Gobierno de Trump, y su casi improbable reelección, sino que expresan la situación que atraviesa la principal potencia imperialista del mundo.