Lo dijo en un acto que se realizó en Bahía Blanca. Habló de la “unidad de la CGT” pero no de frenar despidos y las suspensiones.
Sábado 25 de junio de 2016
Foto: Fer Ninel / Enfoque Rojo
El pasado jueves el dirigente de la UOM y la CGT Alsina, con gran ímpetu, adelantó que “para el 22 de agosto pusimos fecha, vamos a unificar toda la CGT, la gente lo pide, los trabajadores lo piden y el Gobierno, quien necesita una CGT única que no tenga que hablar con diez gremios como está hablando ahora”.
Antonio Caló, junto a Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, se reunieron hace algunas semanas en el Comité Central Confederal (CCC) donde decidieron, a espaldas de los trabajadores, la fecha del próximo Congreso de la CGT.
Ese Congreso no será para decidir junto a los trabajadores de base de los diferentes sectores un plan de lucha serio, que permita enfrentar el ajuste y los despidos. Lejos de poner el termómetro en la necesidad de la unidad de los trabajadores, para transformarlo en una verdadera herramienta, para enfrentar el ajuste, lo que se busca es la pacificación y la garantía al gobierno de Cambiemos, mediante la continuidad de la tregua y la paz social.
Por eso, en sus declaraciones no dijo nada del paro del próximo martes 28 que, como ocurre siempre, anunciaron que no tienen problema en postergar.
En relación a la situación de los trabajadores metalúrgicos, afirmó que “tuvimos despidos desde diciembre hasta marzo, después se ha parado y ahora tenemos algunas empresas que están con suspensiones, tenemos algunos problemas pero en su conjunto está todo normalizado”.
Después de los primeros seis meses del gobierno de Cambiemos, para Caló, la situación de los trabajadores, está “normalizada”. En estas declaraciones, bien cabría una “fe de erratas”.
Lejos de la “normalización”, los trabajadores cuentan con la peor parte, pagar la crisis: 3000 despidos y miles de suspensiones en Siderca, Siat, Acindar, Paraná Metal, Bambi, Electrolux (ex Gafa), en Tierra del Fuego y en empresas más chicas por un lado. Por el otro, el veto a la Ley antidespidos.
La “normalidad” del dirigente de la UOM tiene poco y nada que ver con la realidad cotidiana de los trabajadores que dice representar.