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LILIANA. Un fantasma recorre Rosario

Un fallo judicial ordenó la reincorporación de un activista despedido de Liliana SRL. La empresa lo incumplió y los trabajadores tomarán medidas. Se reabre un conflicto que ya dejó su marca indeleble en Rosario. Un recorrido por una parte de la historia y el significado de este “fantasma obrero” que no deja de renacer.

Cecilia Rodríguez

Cecilia Rodríguez @cecilia.laura.r

Viernes 17 de octubre de 2014

Foto: Enfoque Rojo

Los trabajadores de la fábrica de electrodomésticos Liliana, que en el año 2013 obtuvieron un resonante triunfo logrando el pase a planta permanente de toda la fábrica, eligieron en ese entonces el símbolo de un fantasma como nave insignia para llevar su mensaje a la cadena de fábricas que pueblan la zona sur de Rosario. Por aquellos meses, era común ver fantasmas dibujados en los paredones, y se comenta que la patronal de Liliana pagaba a personajes no gratos para borrar las pintadas. Pero el tema era un poco más profundo: “acá hay que hacer como en Liliana” replicaba como un eco en boca de inteligentes obreros que esgrimían el fantasma frente a patronales despóticas y delegados burocratizados. En la mayoría de los casos no pasaba de la amenaza o del estallido improvisado: organizar una fábrica es una tarea ardua, paciente. Pero había allí un reconocimiento como parte de un colectivo, de una clase.
La creatividad obrera eligió el mejor símbolo: el fantasma, la aparición material de lo reprimido, lo silenciado, lo que se había condenado al inconsciente colectivo de la pujante ciudad de la soja y los negocios inmobiliarios.

Paradójicamente, Rosario cumplía sus 25 años de gobiernos socialistas mientras el sujeto que había dado origen al socialismo aguantaba en sus espaldas el boom económico, a fuerza de bajos salarios, precarización laboral y ritmos de trabajo desgastantes, cuando no fatales.
Hasta 2013, a excepción del gremio docente que se mantuvo como el sector más movilizado de los asalariados, este sujeto había emergido solo puntualmente resistiendo cierres de fábricas o despidos, pero parecía condenado a las derrotas, aun cuando sus métodos de lucha (toma de fábrica en Mahle, corte de un mes de autopista en Paraná Metal) se ganaron la atención y simpatía de cientos de miles. Los obreros de Liliana habían roto la maldición. Habían ganado. Y no cualquier cosa. Habían dejado al desnudo el corazón del milagro económico rosarino. Esa ciudad de los “comegatos”, que de repente llamaban la “Barcelona Argentina”, estaba construida sobre la base de la precarización laboral: metalúrgicos (que ganan menos de 5000 por mes) hacen los electrodomésticos que venden empleados de comercio sin derechos sindicales, en shoppings construidos por albañiles y locales acicalados por empleadas de limpieza empobrecidas.
La ciudad era un muestreo de precarios por doquier. El fantasma tenía que ser exorcizado.

Otra cuña metía el fantasma de Liliana al denunciar que la empresa llevaba 65 años sin delegados: al igual que bajo los gobiernos peronistas, el gobierno socialista de Santa Fe garantiza el pacto entre burocracias sindicales y patronales para prohibir los elementales derechos sindicales. En estos días, el Puerto de Rosario, concesionado por una empresa investigada por lavado de dinero del narcotráfico y que además solventó ilegalmente la campaña de Binner en 2007, estuvo paralizado por el despido del Secretario General de la UTP, Raúl Mamani. Al igual que Liliana SRL, la empresa concesionaria del puerto no permite el reingreso de Mamani, a pesar de que se dictó una conciliación obligatoria. Tal impunidad gozan las patronales en Santa Fe. Liliana había destapado la olla.

El conflicto que abrió el 2014

El año 2014 arrancó con devaluación y ajuste. En este marco, Liliana SRL tomó su represalia en Febrero: 12 despidos antisindicales de quienes fueron votados delegados por la base. Los despidos fueron ejecutados por el Jefe de RRHH, Marcelo Dorigón, militar acusado por torturar soldados en Malvinas, a quien los obreros cantaban “Dorigón, Dorigón, el soldado represor”.
La resistencia a los despidos fue fenomenal. Veintiún días de bloqueo a la planta, que permaneció paralizada. La primera semana, el bloqueo era votado en frondosas asambleas de casi todos los trabajadores, turno por turno, que luego se debilitaron por el lock out patronal y las decenas de maniobras del Ministerio (que nunca reconoció que había un conflicto colectivo) y la UOM. Dos cortes de autopista durante el conflicto y uno durante el paro del 10A. Una imponente marcha con cientos de estudiantes y organizaciones solidarias que frenó los intentos de represión policial o con las patotas de la UOM. Los obreros de Liliana se habían ganado el corazón de la ciudad: los pañuelos de las madres de plaza de mayo, los ex combatientes de Malvinas, los estudiantes, y decenas de organizaciones de DDHH, sindicales, diputados, etc., los apoyaron y hoy los apoyan nuevamente. El PTS y su Juventud, como parte del Frente de Izquierda, fueron los más destacados en este apoyo permanente que fue clave para mantener las medidas más duras y dar continuidad al conflicto. Como en Lear, la izquierda estuvo en la primera línea.
El apoyo popular a la causa de los obreros de Liliana se hizo sentir a fuerza de lágrimas derramadas en cada aula de las Facultades que recorrieron incansablemente para difundir su conflicto, en cada camión tocando bocina en el piquete, en cada trabajador que conocía el conflicto y tenía su corazón junto a los obreros, aportando lo que podía al fondo de lucha. Cuando la clase obrera se pone de pie, conmueve y gana solidaridades.

Esta primera fase del conflicto se cerró sin reincorporaciones. La UOM, el Ministerio de Trabajo Provincial y Nacional, el Ministerio de Seguridad Provincial, el diario La Capital, en suma: todos los poderes políticos actuantes en la ciudad, se aliaron contra los trabajadores.
Pero el fantasma no había sido exorcizado. Primero, porque Liliana SRL no pudo despedir a más activistas amen de la relación de fuerzas conquistada por los obreros. Segundo, porque Dorigón se mandó a guardar. Tercero, porque la mayoría de los despedidos, contra las mentiras que distribuyó la patronal para desmoralizar, la siguieron peleando por la vía judicial. Cuarto, porque hoy esta persistencia de los compañeros despedidos logró un primer triunfo: un fallo judicial ordena a Liliana SRL a reincorporar a uno de ellos, Lucas Castillo. Quinto, porque ante el incumplimiento por parte de la patronal de la orden judicial, está planteada la reapertura del conflicto, aunque ésta fase tendrá tiempos más largos.

Un fantasma que no para de nacer

Quizá lo más destacado del fantasma de Liliana sea que a pesar de haber sufrido un ataque enorme que desorganizó la fábrica, renace nuevamente, vuelve permanentemente a la escena. Y en esto la metáfora del fantasma, que también usó Marx para abrir su Manifiesto Comunista, es la más adecuada.
¿Por qué estos compañeros se mantienen firmes, rechazando la plata que ofrece la patronal para que se den por despedidos, a pesar de que sus familias pasan hambre? Porque no pelean solo por su reincorporación. Supieron siempre que mientras siguieran firmes Liliana tenía menos chances de poder echar más compañeros. Supieron siempre que si se mantenían firmes darían un espaldarazo a los compañeros que siguen en la fábrica y en todas las fábricas de la ciudad, para emprender la difícil tarea de organizarse. Y también se mantuvieron firmes muchos compañeros que aunque no pudieran hablar en voz alta, bancaron desde adentro a los despedidos. Actuaron no como personas que luchan por sus intereses individuales sino como referentes de una clase explotada que quiere levantar la cabeza. Liliana es el fantasma de una estrategia, de una izquierda de los trabajadores. En esto reside el miedo que produce a las patronales el fantasma de Liliana, por esto grises Ministros se levantan temprano para conspirar con burócratas sindicales como derrotar a los obreros.


Cecilia Rodríguez

Militante del PTS-Frente de Izquierda. Escritora y parte del staff de La Izquierda Diario desde su fundación. Es autora de la novela "El triángulo" (El salmón, 2018) y de Los cuentos de la abuela loba (Hexágono, 2020)

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