El segundo gobierno de Piñera tiene continuidad con el primero, y una importante diferencia: está más a la derecha.
Jueves 25 de enero de 2018

Los discursos previos al anuncio del nuevo gabinete de Sebastián Piñera apuntaban a asegurar la gobernabilidad, dialogando con el centro. Buscaban dar cuenta de la votación dividida, la semi-derrota en la primera vuelta, la irrupción del Frente Amplio. Y algo más. Una encuesta posterior a la elección en la segunda vuelta mostró que la mayoría lo que más apoyaba de las promesas era la gratuidad para los Institutos Profesionales y los Centros de Formación Técnica, y lo que más rechazaban era la rebaja de impuestos a las empresas.
Pero, la designación del gabinete va en sentido exactamente contrario.
Si en el primer gabinete de su primera presidencia sí intentó tender puentes al centro incluyendo a un ex DC en el Ministerio de Defensa, Jaime Ravinet; en este próximo gabinete no hay ni siquiera una señal en ese sentido, sino que todo lo contrario.
Aunque hay continuidad con Andrés Chadwick, Cecilia Pérez y Felipe Larraín, el resto es un gabinete más a la derecha.
Y con algunas provocaciones. Entre ellas: el actual presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Alfredo Moreno, en el Ministerio de Desarrollo Social, mostrando que será una gerencia de bonos. El futuro ministro de Educación, Gerardo Varela, es un abierto defensor de la educación como un “bien económico” (Piñera había dicho algo parecido: “bien de consumo”). En el Ministerio de la Mujer Isabel Plá, una abierta opositora al aborto en tres causales, y en cualquier caso. En el Ministerio de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero, un abierto enemigo de la izquierda.
Se trata de una abierta declaración de guerra. Sus palabras sobre la gobernabilidad y sus alusiones al centro, poniendo a Patricio Aylwin en su campaña, ya fueron sepultadas.
Es un giro, ¿es una demostración de fuerzas?
En estos días parecieran estar teniendo algunos logros. Tanto la DC como el Partido Radical habrían roto sus negociaciones con la Nueva Mayoría y el Frente Amplio para darle la presidencia de la Cámara a la derecha. Ya antes de empezar, estaría logrando tener dividida a la oposición. Más aún, Fernando Meza del Partido Radical dijo que se siente más cercano a Evópolis que a la Nueva Mayoría.
Pero son negociaciones de salón. Más que fuerza propia, como se puede ver en el ánimo social de aquella encuesta que mencionábamos, en el resultado de la primera vuelta, en lo que expresa la alta votación al Frente Amplio, se trata de otra cosa. Por el momento, una oposición dividida y debilitada. Entonces, más que una demostración de fuerzas, es una maniobra, aprovechando circunstancias, que, probablemente, vayan más allá de la relación de fuerzas. Lo mismo que le pasó en su primer gobierno, y se topó con el 2011.
Suenan tambores de guerra en la política nacional.