Un informe del Ministerio de Trabajo constata una baja en la conflictividad laboral comparada con el segundo trimestre del 2016. No se midió el impacto del paro general de la CGT del mes de abril. Se contabilizaron 1.009.000 huelguistas entre el sector público y privado. Tregua burocrática y luchas defensivas en la industria.

Facundo Aguirre @facuaguirre1917
Jueves 28 de septiembre de 2017

El informe de la Dirección de Estudios de Relaciones del Trabajo de la Subsecretaría de Políticas, Estadísticas y Estudios Laborales, que dependen del Ministerio de Trabajo consigna que en el segundo trimestre del año 2017 en el ámbito privado “se registraron 125 conflictos laborales con paro que involucraron alrededor de 201 mil huelguistas y 216 mil jornadas individuales no trabajadas. Respecto al segundo trimestre de 2016, se observaron descensos en los tres indicadores, destacándose aquel registrado en las jornadas (-34%)”.
Los tres indicadores señalados son la cantidad de huelguistas, las jornadas de trabajo afectadas y la cantidad de conflictos. Señalemos que metodológicamente, el informe mide la cantidad de personas involucradas en los conflictos sin medir la participación efectiva de las luchas en curso. Las conclusiones surgen del relevamiento sistemático de más de 140 medios informativos nacionales, provinciales y locales.
Mientras tanto, el informe consigna que “en el ámbito estatal, durante el segundo trimestre del año 2017, se registraron 210 conflictos laborales con paro que involucraron 749 mil huelguistas y alrededor de 2.810.000 jornadas individuales no trabajadas. En relación con el mismo trimestre de 2016, se observaron descensos en estos indicadores”. En abril de 2016, amplias dependencias de trabajadores del sector público se encontraban aun enfrentando los despidos y el ajuste en el Estado.
Con respecto a los conflictos docentes el informe rescata que “la actividad de la Enseñanza presentó una baja cantidad de conflictos (2%) pero mayor participación de huelguistas (18%) y de jornadas no trabajadas (25%). Con respecto al segundo trimestre de 2016, los conflictos y huelguistas de la enseñanza privada se mantuvieron constantes, mientras que las jornadas de paro ascendieron cerca de un 40%”.
Con respecto a este sector, cabe destacar que la lucha docente recorrió por igual tanto el primer como el segundo trimestre del año, estableciéndose una continuidad del conflicto que puede distorsionar el cálculo real de participantes en las luchas educativas. Hay que destacar en este sentido la lucha de los docentes bonaerenses y la de los docentes de Santa Cruz que concentraron una gran atención nacional.
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En el sector privado, donde se concentra la clase obrera de la industria y los servicios, los enfrentamientos con las patronales de alcance nacional abarcaron “sólo el 9% de los conflictos, pero involucraron al 72% de los huelguistas y al 47% de las jornadas no trabajadas”. Es decir que fueron pocas las luchas por rama pero involucraron al grueso de los trabajadores en situación de conflictividad.
En cambio localmente se asistió a un crecimiento de las demandas laborales, “en el nivel de rama local se concentró otro 9% de los conflictos, involucrando el 20% de los huelguistas y el 30% de las jornadas no trabajadas. A diferencia de lo observado en el nivel de alcance nacional, en la rama local los indicadores de conflictividad aumentaron respecto al segundo trimestre de 2016: se triplicó la cantidad de huelguistas y se duplicaron las jornadas no trabajadas, debido principalmente al transporte y la educación”.
El estudio de la Dirección de Estudios de Relaciones del Trabajo detectó que la conflictividad pasó a una fase más defensiva y dispersa concentrándose en los lugares de trabajo y las empresas, “el 82% de los conflictos con paro que involucraron una menor cantidad relativa de huelguistas (8%) y jornadas de paro (23%).
Respecto al segundo trimestre de 2016, se observa un leve descenso en las cantidades de conflictos y huelguistas”. Lo que se complementa con el hecho de que la mayoría de las luchas en el ámbito privado tuvieron como motivación la defensa del empleo y las condiciones de trabajo y el reclamo de los salarios adeudados: “En el ámbito privado, una gran parte de los conflictos registrados estuvieron motorizados por despidos o renovación contractual (37 conflictos) y pagos adeudados (36), quedando por debajo aquellos impulsados por mejoras salariales (22). Con respecto al mismo trimestre del año anterior se observa un descenso en la participación de los conflictos por despidos, que habían presentado elevados valores en el segundo trimestre de 2016 (pasaron de 43 conflictos en 2016 a 37 en 2017)”.
Precisamente en el sector privado la lucha de clases golpeo de manera más importante a la industria donde se produjeron “la mayor cantidad de conflictos (29%), huelguistas (65%) y jornadas de paro (42%) del ámbito privado. Con respecto al segundo trimestre de 2016, si bien descendió la cantidad de conflictos y jornadas, se registró un incremento cercano al 20% en la cantidad de trabajadores involucrados en huelgas”. Siendo las luchas más relevantes consignadas por el informe el paro de 24 horas de ATILRA frente al cierre de SanCor, el plan de lucha iniciado en mayo por la Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación y el paro de 24 horas de la Federación de Obreros y Empleados de la Industria del Papel, Cartón y Químicos (FOEIPCyQ), por mejoras salariales.
La tregua de la burocracia sindical factor retardatario
El informe no midió el impacto del paro general de la CGT y las CTA del 6 de abril que abarco el conjunto del territorio nacional y fue garantizado por piquetes y cortes de accesos urbanos por los sectores clasistas y la izquierda. Sin embargo, se puede apreciar un decrecimiento de la lucha de clases protagonizada por los trabajadores con respecto al mismo trimestre del 2016 y apenas un leve crecimiento numérico con respecto al primer trimestre del 2017. Recordemos que en el primer trimestre del 2017 se relevaron "213 conflictos con paro, que involucraron alrededor de 920 mil huelguistas y 5.412.000 jornadas individuales no trabajadas".
Respecto del primer trimestre se puede observar una merma significativa en la cantidad de jornadas, pero una concentración mayor de personas involucradas y en la cantidad de conflictos. El paro objetivamente tendió a hacer decrecer los conflictos por rama o sindicatos nacionales, ya que en general, las organizaciones involucradas tienden a intentar confluir con una medida centralizada.
Pero a posteriori, lo que se resalta es la merma de los conflictos que involucran a sindicatos nacionales mostrando como la burocracia tendió a cerrar acuerdos paritarios según la pauta ofrecida por el gobierno y evitar todo enfrentamiento abierto con las patronales y el Poder Ejecutivo.
Como fuera denunciado en su momento por la izquierda y el sindicalismo clasista, el paro general de la CGT y las CTA del 6 de abril sirvió como una válvula de escape que no tuvo ninguna continuidad y que preparo el retorno de la burocracia sindical a una tregua escandalosa con el gobierno de la derecha empresarial de Cambiemos, actuando como un factor retardatario de la lucha de clases, que paso de la impugnación a la política de ajuste del macrismo en las jornadas previas y durante el paro nacional, a batirse a la defensiva.

Facundo Aguirre
Militante del PTS, colaborador de La Izquierda Diario. Co-autor junto a Ruth Werner de Insurgencia obrera en Argentina 1969/1976 sobre el proceso de lucha de clases y política de la clase obrera en el período setentista. Autor de numerosos artículos y polémicas sobre la revolución cubana, el guevarismo, el peronismo y otros tantos temas políticos e históricos.