El kirchnerismo coquetea con la idea de hacer con el FMI lo mismo que hizo Portugal cuando ya no tenía un acuerdo con el Fondo, pero la realidad argentina se asemeja más a la griega. Permanecer bajo las cadenas del FMI cuesta muy caro.

Pablo Anino @PabloAnino
Viernes 20 de septiembre de 2019 22:59
Este jueves el Indec informó que la desocupación trepó a 10,6 %. Se trata de 250 mil desocupados más que un año atrás, conformando un total de más de 2 millones sin trabajo en el segundo trimestre de 2019.
Son los resultados de un año bajo el régimen del FMI, que se inició justamente durante el segundo trimestre del año pasado. Habría que adicionar la pobreza en alza y el poder de compra del salario en baja.
Una parte de las víctimas de las políticas dictadas en Washington se mide en las estadísticas. Otras no. Es el caso de Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar, quienes habían decidido no resignarse al ajuste impuesto por Mariano Arcioni, el gobernador de Chubut aliado de Sergio Massa y Alberto Fernández. Murieron en la ruta luego de una jornada de lucha.
No hay vida dentro del Fondo
En la oficina de seguridad social le informaron que perdería su pensión de invalidez. Salió y marcó su teléfono celular. Como no encontró respuesta de su esposa, dejó un mensaje sencillo: “Me siento un poco inútil. Ya no puedo ofrecerte nada. Cuida de los niños”. Pocos días después del llamado, Yiorgos Chatzis fue encontrado ahorcado. Con este impactante relato Yanis Varoufakis grafica la ola de suicidios desatada en 2012 a causa de la Gran Depresión griega.
Voroufakis no es un cronista cualquiera. Fue el ministro de Finanzas de Grecia durante los primeros meses de gobierno de Syriza, la coalición de centroizquierda que ganó las elecciones en 2015 con una campaña que prometía pagar las deudas, mantenerse en el euro y terminar con la austeridad. Eran promesas que contenían intereses antagónicos: el del gran capital y el del pueblo trabajador.
Te puede interesar: Syriza: el fin de la utopía reformista
Te puede interesar: Syriza: el fin de la utopía reformista
Syriza traicionó la promesa antiausteridad incluso cuando en un referéndum más del 60 % de los griegos rechazaron un nuevo “rescate” de la troika compuesta por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea.
Más de treinta huelgas generales se desarrollaron desde que se desató la crisis hasta que Syriza asumió el gobierno ¿Daba la relación de fuerzas para una ruptura? Seguramente, sí. Pero dado a elegir, Alexis Tsipras, el primer ministro griego, optó por la “responsabilidad” con las instituciones de orden imperialista. Así funciona la “democracia” capitalista.
Voroufakis no abandonó sus vanas esperanzas reformistas sobre un capitalismo más humano, pero sí abandonó el gobierno luego de 162 días de gestión. En su libro Comportarse como adultos. Mi batalla contra el establishment europeo, explica que su renuncia ocurrió cuando enfrentó el "privilegio envenenado" de firmar un tratado que, en sus palabras, “hundiría aún más al país en una laberíntica prisión de morosos”.
Un presente griego
El kirchnerismo coquetea con la idea de hacer con el FMI lo mismo que hizo Portugal, un polémico ejemplo donde desde 2015 el gobierno de Antonio Costa, del Partido Socialista, logró un módico crecimiento económico a costa de una enérgica precarización laboral, mayormente juvenil.
Hay otros “detalles”. Portugal creció luego de un brutal ajuste que apenas se moderó con el “socialismo”, que incluso alcanzó el sueño eterno del macrismo: el “déficit cero”. Además se benefició de las bajas tasas de interés del Banco Central Europeo para tomar préstamos baratos, “privilegio” con el que no cuenta Argentina. Pero hay algo más importante aún: Portugal ya había cumplido el acuerdo en 2014, por lo cual al asumir Costa en 2015 no había compromisos importantes a la vista.
Te puede interesar: El “milagro portugués” en debate: Bercovich, Marina Dal Poggeto y Esteban Mercatante
Te puede interesar: El “milagro portugués” en debate: Bercovich, Marina Dal Poggeto y Esteban Mercatante
Argentina tiene una realidad opuesta: carga en la espalda con el peso del préstamo más grande de la historia del Fondo y un acuerdo hecho trizas. La emisión monetaria cero, el único objetivo del acuerdo que quedaba en pie, fue abandonado este jueves por el Banco Central que dirige Guido Sandleris.
En este punto, la realidad argentina se asemeja más a la griega: el acuerdo con el Fondo no está concluido y existe una crisis de deuda con el default selectivo decretado por Macri.
Guillermo Nielsen, independientemente de qué cargo ocupe en el futuro gobierno, se perfila como el interlocutor que pondrá Fernández para negociar con el FMI y los fondos buitre. Fue quien dijo que Argentina tiene para ocho años bajo el Fondo.
En muchas ocasiones se escucha decir con cierto facilismo que, a diferencia de Portugal y Grecia regidos por el euro, Argentina tiene moneda propia: pero esa ventaja en manos de los capitalistas es una herramienta para devaluar los salarios.
Permanecer bajo las cadenas del FMI cuesta muy caro. En las grandes crisis anteriores -las de 1989 y 2001- fue el Fondo el responsable del hundimiento económico y social. En 2001 fue notorio que fue el propio FMI quien precipitó el default (no pago) de la deuda y la crisis final de la Alianza con el no envío de uno de los desembolsos acordados.
Te puede interesar: [Video] Reperfilando: ¿qué hacemos con el FMI?
Te puede interesar: [Video] Reperfilando: ¿qué hacemos con el FMI?
Si bien los pagos al Fondo comienzan en 2021, el país no cuenta con los dólares para hacer frente a los vencimientos de deuda totales, que en lo inmediato están determinados por la deuda con los especuladores privados.
Cómo en 2001, el FMI retuvo el desembolso de U$S 5.400 millones, originalmente pautado para mediados de septiembre. El Fondo ya actúa como un extorsionador profesional para condicionar al próximo gobierno: busca volver a poner en funcionamiento la máquina del endeudamiento, pero en simultáneo profundizar el sometimiento del país.
Está en su naturaleza: el organismo multilateral en realidad representa los intereses del imperialismo, fundamentalmente de los Estados Unidos, su principal accionista.
Las alternativas dentro del FMI son todas malas para el pueblo trabajador: mantener el actual programa “Stand-By” del ajuste permanente del gasto público para los próximos años -siguiendo los términos acordados por el macrismo- o realizar un nuevo acuerdo de facilidades extendidas que prolongue los plazos de repago de la deuda con el organismo, pero mucho más duro en condicionalidades: reforma laboral, previsional y tributaria.
Cuando la izquierda plantea romper relaciones se le responde que sería una aventura que desatará todas las plagas de Egipto sobre estas pampas. Pero hay una aventura mayor ¿Cuántas víctimas más, cuántos Yiorgos Chatzis, cuántas Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar, costará permanecer en esa “prisión de morosos” que es el FMI?
La gran estafa
Luego de la dictadura, Argentina realizó una larga experiencia en reestructuraciones de deuda: plan Baker con el alfonsinismo; Plan Brady con Menem; blindaje y megacanje con De la Rúa; megacanje de Duhalde, Prat Gay, Lavagna y Néstor Kirchner (tal como lo llama Claudio Lozano) en 2005; canje de la mano de Amado Boudou en 2010; y pago a los fondos buitre con el macrismo en 2016.
Todas esas operaciones estuvieron plagadas de fraudes y grandes comisiones para la banca internacional, empezando por la J.P. Morgan. No sólo eso: también conllevaron la privatización de empresas públicas y la cesión de soberanía, como ocurre con la prórroga de jurisdicción, que implica aceptar los tribunales extranjeros, principalmente los de Nueva York, para cualquier litigio con los especuladores: esa concesión realizada desde la dictadura y repetida en el canje de 2005 dejó la mesa servida a los fondos buitre que litigaron contra argentina en el juzgado neoyorquino de Thomas Griesa.
El periodista Alejandro Bercovich relata que estos días existió, con discreción, una importante visita en el búnker que tiene Alberto Fernández en la calle México: hasta allí llegó una delegación de directivos de J.P. Morgan.
Esas reuniones no contribuyen, obviamente, a desarrollar la movilización obrera y popular contra los especuladores. Por el contrario, la reestructuración de la deuda requiere de las calles vacías, como reclama el casi seguro futuro presidente.
Allí hablaron de un “step up” de la deuda con los acreedores privados: extender los plazos del pago del capital y reducir los intereses los primeros años para hacerlos más densos en el futuro. Pero la pesada herencia de la deuda es tal, que ni con eso alcanzaría, según los cálculos de los economistas albertistas.
Matías Kulfas, otro de los referentes económicos de Fernández, expuso en la Universidad de El Salvador en el Seminario País Federal. Allí habló de un “modelo exportador” basado en Vaca Muerta y en la megaminería.
El pragmatismo, la responsabilidad (con los intereses del gran capital), las razones de Estado, la propia crisis, provoca mutaciones en las formas de pensar. ¿Estará cambiando Kulfas su concepción industrialista por otra ligada al extractivismo primarizador de la estructura económica?
En el extractivismo hay muchas ilusiones exageradas, pero no hay grieta: existe un consenso extendido del régimen político y empresarial para profundizar la entrega de los recursos naturales a las multinacionales y grandes empresas locales, como Techint, para lograr una supuesta solución a la escasez de dólares.
No sólo eso: es la fórmula que tienen a mano, no para que la mayoría viva mejor –todo lo contrario-, sino para generar dólares para pagar la deuda. Además, en los términos del capitalismo, la explotación de los recursos naturales conlleva un gran daño al medioambiente.
Cuando se plantó contra la austeridad, la coalición griega Syriza convocó la esperanza de muchos de los que luchan contra las miserias del capitalismo. Duró poco.
Echar al Fondo y dejar de pagar la fraudulenta deuda a los buitres no es una tarea sencilla, pero concitaría apoyo y simpatías en muchos países, empezando por los latinoamericanos. Esa es la apuesta para no resignarse a la miseria de lo posible, a las extorsiones del régimen capitalista que conspira para estafar a la mayoría, como ocurre en la calle México.

Pablo Anino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.