Desde que se dio inicio al Transantiago, el Metro de Santiago –medio de Trasporte subterráneo capitalino- ha doblado el traslado de pasajeros, de llevar 1.200.000 pasajeros diarios en el año 2007, pasó a doblar esta cifra en la actualidad. Los efectos se han hecho notar en cada uno de los trabajadores, es por esto que profundizamos con Fernando la percepción que tiene de los efectos de tal situación, su jornada laboral, la postura que han tomado las jefaturas y los distintos impactos que este escenario ha tenido para él en cuanto a su vida personal.

Zikuta Santiago de Chile
Jueves 16 de abril de 2015
Fernando Iglesias tiene 33 años y vive en la comuna de La Florida. Cada día se levanta a las 4:30 de la madrugada, esperando que la camioneta de Metro pase a buscarlo a su hogar porque debe estar en la estación Plaza de Puente Alto, por lo que sale de su casa a las 6:00 horas para dar inicio al primer recorrido de la línea 4 que va hacia Tobalaba.
Nuestro entrevistado nos relata que trabaja hace más de dos años en el Metro de Santiago, que sus días están marcados por despertar muy temprano, y se ha acostumbrado a acostarse a las 21 horas. Dice que piensa que los conductores del metro son como una especie de castor por la ciudad, ya que “estamos en un túnel prácticamente todo el día, la luz se nos pierde a ratos y el paisaje es enormemente repetitivo”.
“Tenemos una responsabilidad enorme, más de 1 millón de vidas a nuestro cargo diariamente. Yo en estos dos años he vivido cosas fuertes, desde las fallas del sistema, hasta el suicidio de un pasajero”. ¿Cómo se supera esa experiencia? Desde un principio les dicen que siempre está la posibilidad de que alguien se tire a las vías del tren, que "lo que debemos resguardar es la vida de quienes van al interior del vagón, suena crudo, pero uno debe seguir conduciendo. Yo tengo nervios de acero, imagínense paro inesperadamente, la cantidad de personas heridas sería enorme. Cuando escuchen en el altavoz la palabra SIGMA es porque alguien se tiró a la vía del tren”.
Fernando nos comenta que en cuanto a lo relacionado a sus condiciones laborales, cree que el trabajo es mal pagado y poco valorado, nos explicita que “al ser responsable de tanta vida lo mínimo que se debiese garantizar es un buen sueldo, yo tengo dos hijos de siete y 10 años, y aunque mi sueldo es mayor al mínimo, este no supera los 450 mil pesos. Mantener una casa, mercadería, luz, agua, materiales para el colegio, es casi imposible, mi esposa también trabaja, sino no llegaríamos a fin de mes”.
“La ruta verde y roja se han convertido en un desafío mayor para nosotros los trabajadores, la gente se atocha más y más en las orillas de la línea. Todo el mundo anda apurado por llegar a sus lugares de destino, la ciudad parece terremoteada cada mañana, yo lo vivo, veo empujones, peleas, y gritos entre los mismos pasajeros”.
"Es enorme la cantidad de personas que trasladamos a diario", nos comenta, agregando que “las fallas del sistema la pagamos nosotros, los gritos, malos tratos, desesperación de la gente, nos recae a nosotros. Los dueños de Metro se encuentran en sus casas con toda la tranquilidad, estos no ocupan el medio de trasporte público, ellos ni saben qué es andar apretados como sardina”. “Son millones los que ha diario el Metro gana, mantener en buenas condiciones el servicio no debiese ser un problema, la avaricia de disminuir a como de lugar los costos para ganar más, es mayor”.
“Mi jornada termina temprano, me queda tiempo para compartir con mis hijos que llegan del colegio, pero el cansancio incluso a veces me sobrepasa a tal punto que he llegado a dormirme a las seis de la tarde hasta el otro día".