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Panorama. Una carpa al borde de la autopista: infancias de pobreza, miseria de relatos

Niñez, derechos y ciudadanía. Berni, Bullrich y la decadencia de la política patronal. El aire fresco viene de abajo.

Eduardo Castilla

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo

Viernes 19 de marzo de 2021 18:38

“La realidad que nos duele”, “la pobreza que nos avergüenza”, “una deuda de la sociedad”. Las frases hechas proliferan en pantallas y portadas. Los funcionarios políticos -de todo tipo y color- “redescubren” la miseria en la que (sobre)viven miles de personas. Sin embargo, no es obligado ir hasta un extremo de la nación para verlo. No es preciso perderse en laberínticos territorios. La miseria de habitar en una carpa está ahí, a escasos 12 kilómetros de Casa Rosada. A exiguos 7 kilómetros de la sede del poder de Larreta.

La situación que atraviesa a la niñez no debiera sorprender a nadie. Ni a las elites empresariales y sus representantes político-mediáticos, dado que son responsables y causantes. Ni a las masas pobres del país, porque lo viven, lo palpan y lo sienten.

La justa indignación moral de muchos olvida el rasgo estructural de esa situación. A inicios de 2019, un estudio que abarcaba la pobreza multidimensional en la niñez y la adolescencia, concluía que “no se trata de un fenómeno nuevo sino que se ha profundizado en el marco de una economía recesiva e inflacionaria (…) La indigencia se ha mantenido estable entre 2010-2017, y se incrementa levemente en el último período interanual” [1].

La dureza de la realidad confirma. La imagen de la precaria carpa es más elocuente que miles de cuadros estadísticos. Hiriendo como un disparo, desnuda la hipocresía de las múltiples preocupaciones oficiales por “los más vulnerables”.

¿Cuántas niñas de siete años habrá desalojado el macrismo en CABA, en las razzias represivas a las que recurre periódicamente? ¿Cuántas Kicillof y Berni en la feroz represión en Guernica?

Esa pobreza es más que ausencia o escasez de vivienda y comida. Es negación de derechos como la educación, la salud, la diversión. La infancia, salpicada de padecimientos aquí y allá, se presenta como una etapa dramática para cientos de miles de niños y niñas. Esa miseria, presente y pasada, explica mucho acerca de los acontecimientos ocurridos entre lunes y jueves.

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Ciudadanía y fantasmas

Un joven Karl Marx escribía en 1843 que “allí donde el Estado político ha alcanzado su verdadero desarrollo, lleva el hombre, no sólo en el pensamiento, en la conciencia, sino en la realidad, en la vida, una doble vida, una celestial y otra terrenal, la vida en la comunidad política, en la que se considera como ser colectivo, y la vida en la sociedad civil, en la que actúa cómo particular; considera a los otros hombres como medios, se degrada a sí mismo como medio y se convierte en juguete de poderes extraños (…) en el Estado, donde el hombre es considerado como un ser genérico, es el miembro imaginario de una imaginaria soberanía, se halla despojado de su vida individual real y dotado de una generalidad irreal” [2].

El Estado capitalista, en su versión de régimen democrático, declama esa pretendida soberanía. Nos convida, Constitución en mano, a celebrar la voluntad de un soberano abstracto que solo existe plenamente en el terreno de la ideología.

Las preguntas son respuestas. ¿Qué derecho político se ejerce sobreviviendo en una carpa a la orilla de la Autopista Dellepiane? ¿Qué soberanía durmiendo en veredas o edificios abandonados? Ni social ni política, la ciudadanía se presenta ya como una figura espectral. Ni comer ni curarse ni educarse.

Prescindiendo de toda realidad material, económica, la democracia capitalista propone una soberanía limitada, casi ficcional. Un convite a votar cada dos o cuatro años en un restringido mundo de opciones mayoritarias validadas política y económicamente por el poder económico.

Democracia restringida, atada de pies y manos. Dulce envoltura, al decir de Lenin. Coronada además por una casta política y judicial que no se priva, muchas veces, de mostrar su rostro antidemocrático. Este viernes, en una inconfesable muestra de prepotencia e impunidad, el vicegobernador de Jujuy confirmó el funcionamiento fraudulento de la legislatura provincial, ejercido contra el Frente de Izquierda. Lo absurdo del asunto es que él la preside.

Modernidad y atraso

No tuvimos aún el desagrado de leer Primer Tiempo. Sin embargo, nos resultó interesante esta reseña de Ernesto Semán. Macri, haciendo caso omiso de eso que se llama memoria colectiva, presenta un manifiesto antipopulista que recae en un relato aniquilado por la historia.

Reconstrucción tardía de un discurso modernizador y neoliberal, el ex presidente convoca a una sociedad de “productores”. Versión remixada del emprendedurismo, aquí la libertad individual vuelve a florecer como piedra basal de un nuevo orden. La cervecería artesanal de Bullrich, el quieto. Reverdecer de una teoría del derrame, desvencijada de tanto uso.

La oferta ideológica no se condice con una Argentina en crisis, atada a los vaivenes de una pandemia que lejos está de retirarse. Amarrada, también, a políticas de ajuste que lejos están a atender a los más golpeados. Sus prioridades son, por el contrario, las de Kristalina Georgieva.

La grieta, eterna productora de espacio político, le habilita micrófono y cámaras. Macri le habla a su base social, a su casi 41 %. Su demonización en la prensa oficialista hace el resto. El ex presidente es tan necesario para Juntos por el Cambio como para el Frente de Todos.

Miserabilidades

“Tanta soberbia el hombre, y no sirve más que pa juntar moscas”. Hombre de la esquina rosada.

Sergio Berni transita, a su manera, el mundo del stand up. Variante derechista y provocadora del Frente de Todos, frecuenta el histrionismo para garantizarse espacio en los medios. La fuerte pelea que protagonizó con un enviado de Sabina Frederic se engarza con otras muchas actuaciones.

¿Cuenta con el aval de CFK para el berrinche mediático? Imposible saberlo. Nadie lo afirma. Nadie lo niega. En todo caso, el reaccionario ministro parece la ofrenda del “marxista” Kicillof a su propia gobernabilidad en PBA.

Berni es solo una cara visible. La mal llamada “alta política” camina el sendero de las acusaciones miserables, las críticas impúdicas y los relatos vacíos.

Una cínica Patricia Bullrich repudia represiones ajenas, alardeando de las propias. Cruzando el país en dirección al foco de las cámaras, construye su propia campaña y relato electoral. Panelista permanente de TN, reitera al infinito una defensa de lo que llama “Justicia”.

Martín Soria, debutante ministro, se deshace en su propio relato contra una casta judicial a la que apenas pide dar de baja causas. Pero los privilegios están a salvo. Contra ese poder misógino y patriarcal que milita activamente el lawfare, no hay más que palabras y maniobras de rosca.

Rondando el absurdo, la corporación mediática presenta al nuevo ministro como una suerte de Robespierre kirchnerista.

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El trasfondo de chicanas y críticas es la creciente amenaza de un salto en la crisis por la pandemia. Sin vacunas, sin medidas estructurales, Alberto Fernández reabre el paraguas de echar culpas sobre la población.

El aire fresco viene desde abajo

La decadencia del arriba se responde. El abajo dice presente. Se mueve, corta calles, protesta, exige. El lunes pasado, el país se enteró del secuestro de una niña como resultado del corte de una autopista. Vecinos y familiares, con el apoyo de organizaciones solidarias, lanzaron un grito que impuso el accionar estatal.

Esa dinámica va marcando, de a poco, el compás a escala nacional. Fue el martes cuando un pueblo tomó sus propias calles. Pérez Millán marchó repudiando la represión a los trabajadores de la carne, a los obreros de Arrebeef que luchan contra la explotación patronal y la traición burocrática.

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El listado de ejemplos se puede extender por páginas y páginas. Ese abajo en movimiento es síntoma de nuevos tiempos, de nuevas realidades. En un país en constante crisis, el aire fresco no viene del poder empresarial ni de la casta política que le sirve. Lo nuevo que surge, que camina y empieza a moldear la realidad es lo que vamos a expresar con todo en La Izquierda Diario, a partir del 24 de marzo, cuando nos relancemos renovados.

Ese aire fresco puede ser viento y tormenta. Puede, también, ser huracanes. Una fuerza necesaria para derribar un orden social que convierte en infierno la infancia.


[1Tuñón, I. y Poy, S. (2019). Pobreza, derechos e infancias en la Argentina (2010-2018). Documento de investigación. 1ª ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Educa, 2019.

[2Sobre la cuestión judía. Karl Marx

Eduardo Castilla

Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.

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