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Red Internacional
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A 40 AÑOS / 1969-1976. Una clase obrera a la ofensiva

Jueves 17 de marzo de 2016 18:00

La interpretación histórica de lo ocurrido en la etapa revolucionaria abierta con el Cordobazo en mayo de 1969 y cerrada con el golpe genocida de marzo de 1976 se realiza generalmente dentro de tres tipos de explicaciones (que metafóricamente se llaman “relatos”). El “cuarto relato” es sostenido esencialmente por la izquierda trotskista.

Este plantea que si la etapa que vivió la Argentina entre 1969 y 1976 tuvo un verdadero carácter revolucionario, no puede fundamentarse en la actividad de las organizaciones guerrilleras, sino que hay que poner en primer plano las acciones realizadas por la clase obrera, que protagonizó en esos años gestas memorables y tendía, en los momentos previos al golpe, a superar su experiencia con el peronismo y la burocracia sindical. No olvidemos que en junio/julio de 1975 se habían desarrollado las grandes acciones que terminaron con el Plan Rodrigo (incluyendo la primera huelga general realizada contra un gobierno peronista) y provocaron la salida del gobierno de Isabel Perón del mismo ministro de Economía y de José López Rega. Y que al calor de este proceso cobraron fuerza las “coordinadoras interfabriles”, embriones de organismos de poder obrero.

El ascenso obrero se expresaba y pegaba un salto en el corazón proletario del país: el Gran Buenos Aires. Lo profundo de la amenaza de intervención obrera para los intereses capitalistas explica los niveles alcanzados por una represión que tuvo como objetivo central no sólo terminar con la guerrilla (ya debilitada antes del golpe) sino doblegar a una clase trabajadora que se mostraba indomable: la gran mayoría de los desaparecidos eran trabajadores asalariados y más de un 30 %, obreros fabriles. Un golpe promovido por la gran patronal y el imperialismo, con el apoyo de la Iglesia y del conjunto de los partidos patronales (e incluso del Partido Comunista), que brindaron centenares de funcionarios al gobierno militar.

Hoy, cuando la clase obrera comienza a recuperar protagonismo, el desarrollo de este “cuarto relato” encuentra nuevo sustento y, a la vez, se vuelve más necesario: se trata nada menos que de poner en su lugar lo que los ideólogos de la clase dominante siempre buscan ocultar, el papel fundamental jugado por la acción de los trabajadores (o, dicho de otra forma, por la lucha de clases) en el desarrollo de la historia.