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Red Internacional
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Política Nacional. Una crisis política que pone en escena la decadencia del país capitalista

Pedidos de renuncia y cambios de gabinete. Ajuste y represión contra los trabajadores. Contradicciones de la economía, que solo pueden enfrentarse con un programa radical, que ataque la propiedad capitalista.

Eduardo Castilla

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo

Viernes 31 de agosto de 2018 21:20

Por estas horas, la crisis política nacida de la corrida del dólar resulta gigantesca. El relativamente leve movimiento del dólar durante este viernes no puede hacer perder de vista que las tensiones más profundas siguen abiertas. Lo ilustra, mejor que nada, la maratónica reunión del Gabinete nacional en la Quinta de Olivos.

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El cierre de la jornada, que no contuvo anuncios, dejó sin embargo el rumor de la implementación de un impuesto al turismo y de modificaciones en el sistema de retenciones. Suena a poco para la magnitud del temblor en curso.

De conjunto, la crisis evidencia la decadencia de la nación bajo el mandato del gran capital nacional y extranjero. Los altos niveles de extranjerización de la economía; el peso del endeudamiento externo; la dominación de las principales ramas por empresas de origen imperialista son solo algunos de los elementos estructurales que actúan de fondo en la crisis actual, en el marco de un mundo convulsionado.

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Esos “determinantes” trascienden claramente la gestión macrista. Si esta avanzó en la profundización de las ataduras al capital financiero, no hizo más que continuar un camino que se transitó durante el ciclo kirchnerista. No está demás (nunca) recordar que la ex presidenta y actual senadora nacional reivindicó su carácter de “pagadora serial”.

Por estas horas, como una suerte de parche a la crisis, se sustancian los pedidos de “renovación” en el Ejecutivo nacional. En particular los dardos caen cual misiles guiados sobre la figura de Marcos Peña. No es el único. Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, sus escuderos en la Jefatura de Gabinete, también caen en la volteada.

Estos pedidos de carácter “destituyente” no solo se pueden ver en las páginas y sitios de la Corpo mediática, sino que también cobran peso en los lujosos salones donde debate la cúpula del gran empresariado.

El capital aprovecha cada micrófono a su alcance para exigir “un plan” o una “hoja de ruta”. Si se habla sin eufemismos, se está pidiendo que se actúe como este viernes en el Ministerio de Agroindustria: despidos masivos y represión.

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No está de más recordar que, hace pocos meses, el conjunto de la clase capitalista apoyaba la reforma laboral impulsada por Cambiemos. En ese entonces, el “reformismo permanente” tenía adeptos entre todas las cámaras patronales.

Ante el gobierno nacional se presenta un escenario semejante a un abismo. Obligado por su propia política, camina hacia adelante. La gestión Cambiemos tiene la marca de agua de la subordinación al gran capital imperialista.

El martes próximo, en New York, se bailará nuevamente el minué de la sumisión entre Dujovne y el staff del FMI. Lo que se discutirán serán los nuevos términos de un acuerdo que derramará ajuste sobre el conjunto de la población trabajadora.

La CEOcracia que llegó al poder prometiendo “pobreza cero” y “cambio” acelera un camino que la lleve al choque con la inmensa mayoría de la nación trabajadora. Debe asumir esa tarea con debilidades varias. Por un lado, la de su propio carácter de minoría parlamentaria. Por el otro, la de su progresivo desgaste ante la opinión pública.

Ahí habrá que anotar que, hasta el momento, no ha logrado sumar plenamente al peronismo a su plan de ajuste. No es porque haya faltado voluntad en las huestes justicialistas. Por el contrario, han reiterado ante quien quiera escuchar, que están dispuestos a votar el Presupuesto 2019.

La eventual inclusión de Rogelio Frigerio en el cargo de Jefe de Gabinete apuntaría, de hacerse efectiva, a tender puentes hacia allí. Otro será el cantar si efectivamente son cruzados.

El peronismo, más allá de los discursos, se ha convertido en el verdadero blindaje político de la gestión Cambiemos. Lo ha hecho a escala todo terreno, votándole leyes en el Congreso y militando activamente por la desmovilización obrera y popular en las calles.

En este entramado, el kirchnerismo merece su propio párrafo. Las direcciones sindicales cercanas han sostenido una política de pasividad que poco y nada tiene que envidiar a sus congéneres de la CGT. Las CTA, de hecho, eligieron la lejana fecha del 24/9 para convocar a un paro nacional. Para los casi 600 despedidos en Agroindustria debe implicar otra época histórica.

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El problema que atañe a peronismo y kirchnerismo no está solo relacionado con la moderación política y la elección del camino electoral “hacia el 2019”. Por el contrario, como expresión política de distintas fracciones capitalistas comparte los límites de esa clase. Su programa, más allá de matices, no puede oponerse al del gran capital imperialista que propone e impulsa activamente Cambiemos.

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No resulta sorpresivo que, de conjunto, el peronismo no rechace el pago de la deuda externa. El kirchnerismo, a lo sumo, propone repudiar la deuda contraída por el macrismo. Una medida pobre, en comparación con el saqueo nacional en curso.

La mega-devaluación del peso frente al dólar implica e implicará un fuerte golpe sobre el nivel de vida de amplias capas de la población. La catástrofe económica se empieza a desplomar sobre la cabeza del pueblo trabajador.

Si los especuladores y los grandes bancos ganan con la timba financiera, otros sectores capitalistas preservan sus ganancias cortando la cadena de comercialización y, directamente, despidiendo trabajadores. El gran empresariado sale de la crisis hundiendo al resto de la nación.

Solo medidas anticapitalistas, que ataquen sus ganancias y su propiedad, pueden enfrentar seriamente esta catástrofe e impedir que se siga descargando sobre el conjunto del pueblo trabajador.

La masiva movilización estudiantil de este jueves; la marea verde y las luchas duras que enfrentan despidos y ataques, marcan condiciones para desarrollar un potente movimiento en las calles que enfrente el ajuste de Macri, el FMI y el gran empresariado, avalado por el peronismo.

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A ese frente se puede y debe oponer el poder social de la clase trabajadora. La perspectiva de la huelga general, paralizando el conjunto de la producción y golpeando sobre las ganancias capitalistas, plantea la posibilidad para derrotar un plan de ajuste que, con matices, comparten macristas y peronistas.


Eduardo Castilla

Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.

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