Estudiante de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación, Consejera de la Facultad de Educación de la Universidad de Antofagasta, Andrea Vidal, comparte con los lectores de La Izquierda Diario, un escrito dedicado a todas las mujeres que viven la violencia de género.
Lunes 31 de octubre de 2016
Una mujer
Sol sabe que hay noches para estrellarse, sobre todo cuando tiene la cajetilla de cigarrillos sobre la mesa, y el tabaco entre los dedos con el reloj en pausa. Aspirar, aspirar el humo hallándose en sus pulmones mientras el recuerdo hace lo suyo y poco a poco el abismo comienza a florecer en sus costillas. Un cotidiano vivir que le gustaría desprenderse pero que se arrincona impidiéndose expulsar de sí misma. Imposibilitada de amarse a sí misma, y de ser amada como le gustaría; una ráfaga de historias con amores incompletos, y de te-amo-pero-no-eres-tú-soy-yo (y vaya que tienen razón).
Ella observa todo desde un rinconcito, la noche pasar: a los hombres que salen del trabajo para divertirse un ratito queriendo enajenarse, romper el gran engranaje aunque sea por una noche. Porque sí, cuando llegan los cuchicheos de pasillo diciéndole: pequeña solcito, está la realidad buscándote. Bufa, y se esconde entre las sábanas como un infante escapando de la oscuridad. Aunque el miedo de estar jodido hasta los huesos no es una sensación nueva para la castaña, es parte de la costumbre de existir, de ser frágil, de ser mujer. Naturalizado. Al igual que sus contradicciones, porque la libertad de escoger vivir sin miserias es meterse en un pozo profundo, y mirar desde el pequeño orificio que se asoma hacia la superficie, como la historia sigue repitiendo una y otra vez los mismos errores. Intentando encandilarse con la luna, sin mucho éxito.
Es consciente también que en algún lugar del mundo se encuentra una ola de trabajadores que viven en peores condiciones produciendo para que ella, ese mismo día pueda comprar una bolsa de arroz sin almidón para preparar el almuerzo de la semana, y ver si de ese modo el dinero alcanzará para fin de mes. Aunque cuando va por las noches, arrastrando sus pies por calles desoladas después del laborar el último miedo que tiene es perder ese dinero.
Sol sabe que está en desventaja.
Sol sabe que la noche no es para las mujeres.
Cuando la ciudad se llena de papeles y de caras conocidas como desconocidas, proclamando derechos, y derechos sabe que no son más que un circo de payasos; buscan llenarse los bolsillos de dinero y de poder, con piruetas por aquí y por allá. A ellos no les interesa la vecina que es golpeada, o la abuelita que con su pensión solo puede comer una vez al día. Ni menos los asesinatos llamados “por amor” como si todas quisiéramos ser una Julieta. No les interesan los problemas de las mujeres. Y no los entienden.
Lo cierto es que Sol sabe muchas cosas porque nació mujer, pero no las dice porque está fumándose un cigarrito.
Y porque cuando no, está ocupada intentando vivir y de llegar a fin de mes.