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Red Internacional
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Corrupción. ¿Ahora Andrés Chadwick? Una nueva herida al corazón de la UDI

Otro más a la seguidilla de casos que relacionan a la UDI con financiamiento irregular por parte de diversas empresas. Al procesado Pablo Longueira y a la ahora investigada Jacqueline Van Rysselberghe, al parecer el exministro de Sebastián Piñera, Andrés Chadwick se suma al banquillo de acusados.

E.E. Vergara Valparaíso, Chile

Lunes 13 de febrero de 2017

Una tormenta política y judicial amenaza con retornar a la Unión Democrática Independiente (UDI). Y es que si ya causaba indignación las declaraciones de la ahora presidenta de la colectividad Jacqueline Van Rysselberghe, en relación al caso de cohecho que se investiga por su vínculo a la pesquera ASIPES, un nuevo caso de corrupción salta al interior del partido.

Históricos al banquillo de los acusados

Esta vez los acusados son ni más ni menos que parte de sus figuras históricas, Pablo Longueira y Andrés Chadwick, estando el primero ya formalizado por los casos de cohecho con SQM, y que también involucran a diversos integrantes de la casta política.

Según las investigaciones realizadas por el fiscal adjunto del caso SQM, Claudio Rebeco, se ha logrado establecer la existencia de dos préstamos por parte de la empresa Copra S.A. El primero, un monto de 100 millones de pesos, dirigido al financiamiento del partido gremialista y el segundo de 25 millones de pesos. Ambas transacciones fueron realizadas entre los años 2009 y 2013, período en que fue senador y luego ministro del ex presidente Sebastián Piñera.

Según un extracto sacado del medio “El Mostrador”, las pistas que sigue el fiscal a cargo del caso, Pablo Gómez, apunta a abrirse un nuevo frente que señala al ex ministro del interior de Sebastián Piñera, Andrés Chadwick, parte del núcleo fundador, junto a Pablo Longueira, Luis Cordero y Andrés Serrano, de la empresa Copra S.A. Esto sin duda significaría un gran golpe a los gremialitas, donde referentes históricos dentro del partido como son Jovino Novoa, Iván Moreira –ambos investigados y procesados por el caso Penta- o Pablo Longueira se han visto envuelto en casos de cohecho y financiamiento irregular.

El pinochetismo decadente como sello de la UDI popular

Sin duda es un momento desastroso el que rodea a la UDI actualmente, donde ya a dos años de que se destapara la gran olla de corrupción imperante en nuestro país, ha terminado siendo uno de los partidos más golpeados del régimen político. Y no es casual, dado el profundo cuestionamiento de amplios sectores de la población que se han manifestado en contra de los grandes pilares que ha mantenido la herencia de Pinochet. Es cuestión de ver las masivas marchas en contra del sistema de pensiones creado por José Piñera, las AFP, o la férrea lucha que han venido dando los estudiantes por una educación gratuita y de calidad desde las gigantescas
movilizaciones del 2011.

La UDI quien sistemáticamente junto al conjuno de la derecha, haciendo uso de su oportunismo se muestra como el recambio al también no menos desastroso gobierno de la Nueva Mayoría, ve como las bases políticas e ideológicas de su partido, que se enriquecieron a costa de la destrucción económica y grandes privilegios a los empresarios por medio de una dictadura sangrienta, hoy se encuentran en el ojo del huracán, y del que parece difícil que salga.

Hay que barrer con toda la herencia de la dictadura

Pero no será la Nueva Mayoría quien se encargue de acabar con la herencia de Pinochet, donde -por otra parte- será una gran prueba para el Frente Amplio definir que clase de salida estructural podrán dar al conjunto de la población, si es que no se tiene como eje acabar con el sistema capitalista, base fundamental de las miserias e injusticias a las que es sometido el pueblo trabajador de nuestro país. Por tanto se hace urgente levantar una alternativa anticapitalista, socialista y revolucionaria de los trabajadores, las mujeres y la juventud que se coloque como tarea pelear por una asamblea constituyente basada en la movilización, que sea un punto de apoyo para amplios sectores populares, que hoy indignados ven como tras más de 25 años de supuesta democracia, las leyes siguen estando al servicio de los empresarios, los grandes grupos económicos y sus partidos.