La interna del oficialismo no para de escalar. Cruces entre Larroque y Aníbal Fernández. Un documento que pide unidad en nombre de la moderación. Si no fuera por las trágicas consecuencias sociales del ajuste en curso, la novela hasta podría parecer simpática.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Lunes 14 de marzo de 2022 13:04
Autoproscripción. La palabra, además de difícil de pronunciar, suena a compleja al momento de ser explicada. ¿Cómo se proscribe uno a sí mismo? ¿Una suerte de autocensura? La victimización puede alcanzar grados extravagantes.
Sin embargo, eso es lo que acaba de denunciar Andrés “Cuervo” Larroque, funcionario del Gobierno de Kicillof y dirigente de La Cámpora. Este lunes, en declaraciones radiales, dijo que “estamos viviendo un momento de peligrosa autoproscripción de un sector de la fuerza. Cuando opina un kirchnerista es un drama y se dice que se rompe la unidad, pero alguien cercano al Presidente dice cualquier pavada y no corre nada”.
El oficialismo atraviesa las consecuencias de su fractura interna. Una fractura que se desarrolla desde hace tiempo y que encontró expresión manifiesta en el voto dividido frente al acuerdo con el FMI, el pasado jueves en Diputados.
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Esa división, como se señaló, solo implica un rechazo discursivo por parte del kirchnerismo. Sus críticas al acuerdo que se estaba votando llegaron tan “temprano” como a las 4 de la mañana, minutos antes que diputados y diputadas pulsaran el botón correspondiente. Su silencio en las 14 horas previas no hizo más que continuar el que habían mantenido en los días anteriores, mientras se reunían las comisiones de Presupuesto y Hacienda.
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Ese silencio prolongado acompañó una ausencia total en las calles. Una marcada decisión de no protestar ni enfrentar el acuerdo con la fuerza que podían tener las organizaciones sindicales, estudiantiles y sociales en las que el kirchnerismo tiene influencia.
Sin embargo, la división a la hora de votar detonó una crisis interna porque puso al desnudo la falta de aval a un acuerdo que -ya es público- implicará un empeoramiento en la vida de las grandes mayorías populares.
De piedrazos y espías
Ese clima de crisis interna se agudizó a partir del ataque a piedrazos contra el despacho que tiene en el Senado Cristina Kirchner. El hecho, como ya se señaló, fue utilizado por la vicepresidenta para diferenciarse del acuerdo con el FMI. Atendiendo al mismo juego político que La Cámpora, la denuncia llegó cuando la votación ya había culminado favorablemente.
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Los hechos detonaron una crítica por parte de Larroque contra el silencio -que aún persiste- por parte de Alberto Fernández. El funcionario de Kicillof recordó que el Presidente no tardó nada en condenar el ataque contra Clarín ocurrido hace algunos meses y ahora, pasadas 48 horas, ni siquiera se había pronunciado.
La respuesta de Aníbal Fernández se hizo esperar algunas horas, pero sirvió para hacer escalar la interna. En un hilo de tuits, además de justificar el accionar del Gobierno, el ministro de Seguridad dio a entender que su cartera hace algo parecido al espionaje sobre la vicepresidenta, afirmando que “cuidó a la presidenta” pero “sin que se diera cuenta, con personal de civil”.
Unidad y moderación
Este domingo se conoció un documento que lleva el pomposo nombre de "La unidad del campo popular en tiempos difíciles". Con firmas como las de Alejandro Grimson, Jorge Alemán, Ricardo Forster, Eduardo Aliverti y Daniel Catalano, entre otres, el documento censura la pretendida “radicalización” del kirchnerismo.
Sin una mención explícita, el texto defiende la “moderación política” y advierte sobre la importancia de la “unidad del campo popular”. En ese marco señala que “hay decisiones que un dirigente debe tomar porque son necesarias para el país y el bienestar de la población, aunque a veces pueden no ser convenientes para su capital político o su futuro electoral (…) La moderación no es buena o mala en sí misma”.
Como nos tiene acostumbrades cierto progresismo, las alusiones se hacen de manera elíptica. Sin embargo, los eufemismos son demasiado obvios en este caso: una crítica directa al kirchnerismo por votar en contra del acuerdo con el FMI para preservar su propio capital político. Una evidente alusión a las críticas desatadas contra el ministro Guzmán y su “estrategia negociadora” con el organismo internacional.
Lo irónico del texto radica en que, para defender un acuerdo de ajuste votado en común con la enorme mayoría de la oposición derechista, se apela a un discurso desde el “campo nacional y popular”. Increíblemente, luego de pactar -vía Sergio Massa- con Gerardo Morales, Mario Negri y Cristian Ritondo entre otros, se dice que hay que discutir “¿Cuál es la mejor estrategia para enfrentar en la etapa actual a las fuerzas de la derecha, la ultraderecha y el neoliberalismo que se muestran activas y con una fuerte capacidad de interpelación social?”. Parece un chiste. Pero no lo es.
Las palabras y los hechos
La fraseología tradicional del peronismo suele apelas a aquello que de “mejor que decir es hacer”. El razonamiento parte del sentido común y es útil frente a la verborragia paralizante.
Este mismo lunes, como si nada, Andrés Larroque afirmó “no compartimos el formato del acuerdo con el FMI, dicen que no queda otra. Pero ¿qué hicimos los dos años previos? Tuvimos una pandemia, es un préstamo espurio. ¿Se convocó a la sociedad a movilizarse? El Gobierno regaló iniciativa en ese sentido”.
El lector o la lectora se preguntarán ¿cuándo tuvo lugar la movilización convocada por La Cámpora contra el acuerdo? ¿Cómo me la perdí? No se asuste. Eso nunca ocurrió. Ni La Cámpora ni el kirchnerismo en su conjunto llamaron a ninguna lucha seria contra el acuerdo. Incluso dentro de su estrategia de “negociar mejor” tampoco convocaron a las calles. Lo de Larroque es una frase hecha para la tribuna.
El acuerdo de ajuste -que llegará al Senado esta semana- se enfrenta en las calles. Como lo vino planteando y llevando a cabo el Frente de Izquierda junto a más de 200 organizaciones. Esa articulación permitió convocar masivas movilizaciones el 11 de diciembre, el 8 de febrero y el jueves pasado. Ese es el camino para enfrentar las consecuencias de un ajuste que se reforzará tras la votación. Si no se quiere hacer solo una oposición testimonial, sin efecto alguno esa es la perspectiva que hay que desarrollar por parte de las organizaciones sindicales, estudiantiles y sociales que dicen rechazar este nuevo ataque.

Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.