Los últimos sondeos antes de las elecciones de hoy mostraron la confirmación de dos tendencias: el mantenimiento del PP a costa de Ciudadanos, y el “sorpasso” de Unidos Podemos al PSOE.

Diego Lotito @diegolotito
Domingo 26 de junio de 2016 11:18
Foto: EFE
Este es el escenario en el que se dirimirá hoy el nuevo reparto de escaños en el Congreso de los Diputados, del cual depende que tipo de alianzas podrán tejerse entre los principales partidos para formar gobierno.
La irrupción de Podemos, un nuevo partido reformista creado hace poco más de dos años, desestabilizó el pasado 20D –la primera vez que se presentaba a elecciones generales- la alicaída balanza del bipartidismo español.
El gran resultado obtenido por Podemos el 20D –el 20% de los votos- fue la expresión, en clave reformista, del descontento social con el PP-PSOE, los partidos que vienen aplicando el ajuste desde el comienzo de la crisis y las aspiraciones de millones a un cambio político y social. Esta ilusión es la otra tendencia que también se mantiene este 26J, sólo que ahora, con una versión reloaded de Podemos en alianza con sus otrora adversarios de Izquierda Unida.
Los últimos datos conocidos antes de las elecciones refrendaron el “sorpasso” de Unidos Podemos al PSOE de Pedro Sánchez. En intención de voto, hace una semana se dibujaba -según las diferentes encuestas- un arco que varía entre el 23% y 25,5% de los electores.
Pero si el adelantamiento al PSOE estaría asegurado en materia de votos, aún queda por verse si también se produce en escaños. La reaccionaria ley electoral en el Estado español tendrá mucho que ver con ello.
Aunque a cinco días de las elecciones, los sondeos indicaban una intención de voto de hasta los 4 puntos en favor de la formación reformista sobre el PSOE, Unidos Podemos se movería en un arco de 83-88 diputados, mientras que el Partido Socialista, con una intención de voto del 21,5%, aspira a obtener entre 84 y 86 asientos en el Congreso.
El entuerto de la formación de gobierno
Mientras los socialistas se negaron a admitir durante toda la campaña que, sondeo tras sondeo, la hipótesis del “sorpasso” se ha vuelto cada vez más verosímil, en las filas de Unidos Podemos no ven otro escenario que ganar en votos y escaños.
Sin embargo, aunque la mejor hipótesis de Iglesias y los suyos se diera, la formación de gobierno seguirá siendo un entuerto difícil de conjurar.
Pablo Iglesias ha declarado desde el 20D su disposición a sellar un pacto de gobierno entre su formación y los social-liberales del PSOE, como única posibilidad de lo que considera sería un “gobierno de progreso”. Para ello, Podemos ha moderado al infinito su programa, concediendo cada una de las medidas más disruptivas que aparecían en los inicios de la formación.
Hace pocos días, incluso, el candidato a la presidencia del Gobierno por la alianza entre Podemos e Izquierda Unida, reafirmó que para él “no hay líneas rojas” y sugirió que no insistirá en la realización de un referéndum sobre la independencia de Catalunya como condición para formar un Gobierno con el PSOE.
La nueva disposición a u diálogo flexible “sin líneas rojas” fue una respuesta directa a las declaraciones de Pedro Sánchez días previos al 26J, en las que afirmó que “No vamos a apoyar ningún Gobierno que fragmente la soberanía nacional de España, ni que cuestione la viabilidad económica y social del Estado de Bienestar”, requisitos básicos que Unidos Podemos “no cumple”, por lo que “Pablo Iglesias no va a ser presidente del Gobierno”.
La votación está en curso, pero el PSOE muy posiblemente se verá en la disyuntiva de elegir entre facilitar un nuevo gobierno del PP, hacer presidente a Iglesias o bloquear y forzar un crítico tercer round electoral. O, no puede descartarse, incluso buscar una cuarta variante, dependiendo de los resultados.
Si Unidos Podemos supera al PSOE en escaños, la posibilidad de que se imponga el pragmatismo de los barones socialistas y el PP siga en la Moncloa mediante algún tipo de “gran coalición” gana en las apuestas. Aunque esta salida tendría un altísimo costo para el PSOE, que muy probablemente se vería abocado a un acelerado proceso “pasokización”, que hasta ahora ha venido esquivando.
La posibilidad de que Sánchez diera un giro radical y permitiese un gobierno de Podemos sin entrar en una coalición, tampoco puede descartarse hipotéticamente. En tal caso, los socialistas se abrazarían a la esperanza que de que Podemos rápidamente se queme entre las imposiciones de la Troika y se su propia estrategia política para dar lugar a un renacimiento del PSOE. Esta variante, de todos modos, parece la más improbable.
Antes de llegar al extravagante escenario de que se repitan un tercer combate electoral, existe sin embargo la posibilidad, siempre dependiendo de que el reparto de escaños lo permita, de que el PSOE intente reflotar su acuerdo con la derecha cool de Ciudadanos con el objetivo de imponer al PP algún tipo de “coalición de centro”. O, dicho de otro modo, cualquier tipo de acuerdo siempre y cuando Pablo Iglesias no llegue a la presidencia.
La sola posibilidad de que una formación que no surgió de los riñones del Régimen llegue a la Moncloa, a pesar de su programa y estrategia reformista, pone los pelos de punta no sólo al establishment, sino también al PSOE, fiel garante durante décadas de los intereses de los grandes capitalistas españoles. Como decíamos en otro artículo, “al PSOE no le preocupa sólo que una coalición con Podemos pudiese acelerar el camino de su decadencia y que Iglesias se transforme en el nuevo representante de una “socialdemocracia renovada”, controlando los principales resortes del Estado capitalista. También le desvelan las expectativas sociales que pudiese generar un gobierno reformista y, aún más, que esto pudiese cuestionar, aunque sea mínimamente, sus privilegios y los de su clase. Como todo aparato conservador, el PSOE prefiere que todo siga más o menos como estaba.”
La contradicción de todo esto, no obstante, es que desde las filas de Podemos siguen insistiendo en que un acuerdo de gobierno con el PSOE, el partido de los GAL, Gas Natural, la defensa a ultranza de la corona y la sacrosanta unidad de España, es una política “progresista”.
Como decimos en la declaración política de Clase contra Clase ante el 26J, frente a las distintas variantes de “restauración conservadora” del Régimen político que barajan sus distintos representantes políticos, Podemos también encarna la posibilidad de una restauración, sólo que de tipo “democrática” y “progresista”.
Según el Ministerio del Interior, las votaciones este 26J mantienen el mismo nivel de participación que el 20D. Veremos los resultados, pero lo que está claro es que las elecciones confirmarán la tendencia a la izquierdización electoral de amplios sectores de la población que ya marcó el 20D. Un fenómeno que se presenta en forma opuesta a los elementos reaccionarios que priman en el continente europeo y, sin lugar a dudas, contribuirá a ahondar la polarización política tanto en el Estado español como en el resto de Europa.

Diego Lotito
Nació en la provincia del Neuquén, Argentina, en 1978. Es periodista y editor de la sección política en Izquierda Diario. Coautor de Cien años de historia obrera en Argentina (1870-1969). Actualmente reside en Madrid y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.