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Red Internacional
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Violencia contra las mujeres. Urgen medidas para acabar con la violencia hacia las mujeres en América Latina

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que las llamadas a líneas de ayuda para mujeres víctimas de violencia aumentaron en pandemia; así mismo, ofrece recomendaciones a los gobiernos latinoamericanos para enfrentar esa violencia pero, en verdad, no terminan con ella.

Maestra Teresa Aguilar Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Jueves 5 de noviembre de 2020

El confinamiento a causa de la pandemia por Covid-19 significó para muchas mujeres latinoamericanas estar más expuestas a la violencia doméstica, ya que vivimos en una sociedad machista sumado a que los índices de precariedad de vida se dispararon ante la crisis actual.

Los países de los que se recopilaron datos mensuales entre el 2019 y 2020 son: Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Guatemala, México, Paraguay y Perú. En todos ellos, excepto en República Dominicana, el volumen de llamadas es mucho mayor en comparación con el año pasado, al menos durante los primeros meses de confinamiento.

México: el presidente niega el incremento de violencia contra las mujeres

Aunque en conferencia de prensa en mayo de este año López Obrador negó el aumento de la violencia en el hogar y afirmó la falsedad de las llamadas de auxilio, un estudio publicado durante el mismo mes por académicos del Tecnológico de Monterrey y la Universidad Anáhuac, señala que las llamadas para solicitar ayuda psicológica debido a la violencia de pareja aumentaron un 100% durante el confinamiento.

Cabe decir que la línea que se tomó en cuenta fue la Línea Mujeres en la Ciudad de México, mientras que existen otras que no son tomadas en cuenta como la del 911, para emergencias.

A pesar de que las llamadas en septiembre registraron un declive en comparación con las exhorbitantes cifras durante los meses de marzo y junio, el número de reportes alcanzó cifras históricas. Esto va aunado a que se trata de cifras oficiales, que no toman en cuenta los casos que no pueden ser reportados porque no tienen registro, por distintos motivos particulares, sociales y culturales, como la falta de recursos debido a la escasez económica, el miedo a ser descubiertas por quien ejerce la violencia contra ellas, por falta de conocimiento de la existencia de estas líneas, etc. Algunas de estas restricciones también fueron enumeradas en el informe del PNUD.

La falta de atención y seguimiento a los casos de violencia de género pueden culminar en feminicidios, los cuales aumentaron 25% a mediados de año en relación con el año anterior. A pesar de los estudios que arrojan estas cifras, durante su segundo informe de gobierno, el presidente de México afirmó que los feminicidios habían disminuido.

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Seamos miles en las calles contra la violencia hacia las mujeres

Entre las medidas establecidas por el PNUD en 29 países, debido a la violencia que se ejerce contra las mujeres están las campañas de sensibilización, como en Brasil, Ecuador y Perú, y el fortalecimiento del patrullaje en Costa Rica. Son las medidas que en general se llevan a cabo en los distintos países y que lejos de terminar con la violencia, cuando no se soluciona el problema de raíz, favorecen su continuidad; pues no ofrecen lo que en realidad necesitamos, que son mejores sueldos y condiciones laborales, sistemas de salud dignos, educación y descarga del trabajo de reproducción que llevamos a cabo principalmente nosotras.

Además, porque la policía en las calles ha significado un brazo más de la violencia en nuestra contra, pero con el permiso del uso de la fuerza y la impunidad que el sistema de justicia ha mostrado frente a los casos de abuso por parte de los aparatos represivos del Estado.

Las mujeres somos quienes ocupamos el 70% de los empleos precarios en todo el mundo, además de que estamos al frente de los cuidados de la salud durante esta pandemia como doctoras y, principalmente, como enfermeras en pésimas condiciones de salubridad y sin insumos para llevar a cabo esta labor, al igual que las obreras al frente de las maquilas y obligadas a exponerse al contagio con tal de no ser despedidas, las docentes con exceso de trabajo en línea, las trabajadoras de restaurantes, las repartidoras, entre otras.

Es necesario recuperar la gran fuerza que mostramos en las movilizaciones del pasado 8 de marzo en las calles, con independencia del gobierno y sus instituciones, a los que no les debemos ninguna confianza. En México sigue siendo el mismo Estado represor que asesinó a los activistas por el agua en Chihuahua, Yéssica Silva y Jaime Torres, quien reprimió el pasado 28 de septiembre las movilizaciones por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y que no ha llevado a cabo ninguna resolución a favor de las familias de víctimas a través de sus mesas de diálogo.

Es por eso que rumbo al 25 de noviembre, Día internacional contra la violencia hacia las mujeres, necesitamos unirnos en un gran movimiento que imponga “un plan integral contra la violencia con medidas mínimas para la preservación de la vida de las mujeres”: refugios transitorios, planes de vivienda y créditos accesibles, condiciones laborales dignas, acompañamiento psicológico, etc.

Todo esto va unido a la lucha por mejores condiciones de vida, que frente a la crisis actual se vuelve urgente. La salud, la educación y el trabajo digno son demandas que nos toca levantar a las y los trabajadores en general, sin importar si somos sindicalizados, migrantes o de distinto género o edad. En unidad con todos los sectores oprimidos de la sociedad somos quienes realmente podemos llevar hasta el final la lucha contra la violencia de género que hoy enfrentamos.

Desde la Agrupación de mujeres y comunidad LGBT+ Pan y Rosas, te invitamos a organizarte con nosotras.

*Teresa Aguilar es parte de la Agrupación Pan y Rosas México y de la Agrupación Magisterial Nuestra Clase