En la pasada mañanera el presidente negó que la violencia está cómo nunca en el país y que sí hubiera seguido con la estrategia de seguridad de los sexenios anteriores "el país estaría en completa descomposición”, pero ¿Qué tanto se diferencia su estrategia de seguridad con la de sexenios anteriores?
Martes 28 de junio de 2022

En la mañanera del 27 de junio del 2022 el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) defendió su estrategia de seguridad y mencionó que: "nuestros adversarios con sus voceros y achichincles tratan de confundir, desinformar, manipular, diciendo: ‘qué barbaridad, nunca había habido tanta violencia en México como ahora’. ¡Pues no es cierto!, si hubiésemos continuado con la misma política que se impuso desde que se declaró la guerra a la delincuencia organizada el país estaría en completa descomposición, ingobernable”, pero ¿Qué tan diferente es la estrategia de seguridad de este gobierno?, ¿Es falso que existe un aumentó en la violencia? y ¿Cómo podemos darle una salida real a la violencia que seguimos sufriendo en el país? Son cuestiones de las que intentaremos esbozar una respuesta en esta nota.
Es innegable que la guerra contra el narco impulsada desde el sexenio de Calderón representó una herida enorme, que sigue abierta, sobre la población del país. Siendo los principales afectados la juventud, las mujeres, las disidencias sexogenéricas y los trabajadores pues fuimos nosotros los que pusimos los muertos en esta falsa guerra.
Tan solo en el sexenio del expresidente Peña Nieto existió un promedio de 74 asesinatos por día, entre ellos, 161 defensores de derechos humanos y 40 periodistas, según informó la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos "Todos los Derechos para Todas y Todos". Destacando casos como lo fue la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que se realizó en total complicidad con las Fuerzas Armadas. Es decir, no se puede explicar la situación de violencia que vivimos ahora sin mirar atrás y observar todo lo que representó el inicio de la guerra contra el narco, que fue una salida reaccionaria a las movilizaciones populares del 2006. De ahí que resulta cínico por parte de la derecha que señalen la situación de violencia, cuando fue precisamente en sus sexenios que la misma comenzó a crecer.
Ahora bien, la realidad es que lejos nos encontramos del final de esta espiral de violencia, por el contrario, hemos visto cómo la misma no ha parado de crecer. Como lo podemos observar con las ¡10 mujeres asesinadas por día!, los más de 10 asesinatos a periodistas en lo que va del año, el registro de 8 crímenes de odio tan sólo en el primer mes del año y los por lo menos 5 defensores del medio ambiente que han sido asesinados en lo que va del 2022. Una situación de violencia que, por ejemplo, en lo que va del sexenio de AMLO, con 121 mil víctimas de homicidio ya supera al sexenio de Calderón en este aspecto.
Pero lo más triste es que estas cifras aterradoras no nos tendrían porque sorprender pues en realidad más allá de la retórica del gobierno de AMLO las políticas de militarización continúan. Aunque es cierto que las Fuerzas Armadas (FF.AA.) no tiene actualmente una estrategia de ataque más frontal al narcotráfico, como sí lo fue en los dos sexenios anteriores, la militarización se ve claramente en el aumento del presupuesto de las FF. AA. (que contrasta con los insuficientes presupuestos en educación, cultura o salud) o el enorme despliegue de la Guardia Nacional (GN) con 170,000 efectivos; cosa que representan también una profunda intervención de las mismas en esferas que antes eran reservadas para la administración civil como: la administración de los puertos y las aduanas o la construcción de hospitales y megaproyectos. Lo anterior es justificado por la 4T a través de un discurso que le hace una lavada de cara enorme al históricamente repudiado cuerpo militar, como pudimos ver hace unos días, en la apertura de archivos de la guerra sucia, con el presidente diciendo que se trata de una fuerza emanada de un proceso revolucionario y que es "pueblo uniformado".
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Así La GN, aunque con otro color en el uniforme, sigue teniendo la misma función que el ejército en sexenios anteriores, siendo el brazo armado del Estado que sirve para reprimirnos y no para cuidarnos. Cosa que pudimos ver anteriormente en casos como la ya mencionada desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, o ejecuciones extrajudiciales como la de Tlatlaya y que vemos ahora con la represión a los migrantes que se da desde 2020, la represión a los normalistas de Ayotzinapa y Michoacán a principios de año o el desalojo de la toma de la planta de Bonafont. Y además podemos reafirmar esto con el reporte realizado en 2021 por la CNDH en el que se observó con 388 denuncias a la GN, siendo la corporación de seguridad federal con más quejas, según el Sistema Nacional de Alerta de Violación a Derechos Humanos. Las FF. AA. muy lejos de ayudar a la paz y tranquilidad, siendo para empezar que éstas están vinculadas a los grandes grupos del crimen organizado como ha sido ampliamente comprobado, abonan al incremento de la violencia.
Con todo esto en mente se hace evidente que la única forma de combatir la violencia es, como el propio AMLO reconoce, atacar las causas estructurales de la misma. El gobierno de la 4T ha “intentando” hacer esto por medio de los diferentes programas sociales que, aunque han generado simpatía en el marco de la terrible carestía de la vida y el trabajo, lo cierto es que los mismo son completamente insuficientes para acabar con esta situación. Además, muchas veces el gobierno ha tomado claras decisiones que perjudican la situación de la clase trabajadora y los sectores populares como por ejemplo la regularización del outsoursing, que nos ha golpeado duramente a la juventud.
Para poder combatir efectivamente las situaciones estructurales que generan la violencia es necesario medidas para garantizar el trabajo digno, así como el acceso a la salud, la educación y la cultura para todos. Medidas como implementar una escala móvil de horas de trabajo para que todas las manos disponibles tengan empleo, con salarios al nivel de la canasta básica que se ajusten según la inflación o también el implementar un impuesto progresivo a las grandes fortunas, el desfinanciamiento a las FF. AA. y el dejar de pagar la fraudulenta e ilegal deuda externa para tener recursos suficientes que sean destinados a salud, educación y cultura.
De la mano con estas medidas también es necesario combatir el crimen organizado pero esto no se hace con el empoderamiento cada vez mayor de las FF. AA, sino por medidas como el expropiar las cuentas de banco y bienes financieros de los carteles y cortar las redes de mercancía con las cuales se enriquecen (que incluyen otras actividades como la extorsión y el mantenimiento de las redes de trata). Es entonces que sería necesario la legalización de todas las drogas bajo el control de los productores y consumidores; que vaya además acompañada de campañas de reducción de riesgos a la hora de su consumo y que no sea para estigmatizar y criminalizar a los consumidores como la campaña actual del gobierno que tiene como lema: "en el mundo de las drogas no hay final feliz".
Sin embargo, todas estas medidas que sí podrían acabar con la violencia en México no serán aplicadas por Morena o cualquiera de los otros partidos políticos del congreso porque afecta directamente a los empresarios capitalistas, ponen en evidencia que es necesario luchar en contra de este sistema capitalista si en realidad queremos un país (y un mundo) libre de violencia.
Para concluir, es importante destacar que todas las cifras dadas al principio de esta nota de la terrible violencia que sufre este país no son solo cifras. Detrás hay personas a las que despojaron de la vida y que la única forma real para que obtengan justicia es que actos como estos no vuelvan a ocurrir. Solo se podrá lograr lo anterior con la perspectiva de luchar por una transformación revolucionaria de la sociedad, que vaya en contra de la terrible descomposición social que causa este sistema.